La rotura de un caño de agua potable provocó serios daños en un extenso sector de Laprida. Dos viviendas se inundaron por completo y numerosas familias tuvieron que trabajar con palas frente a sus casas para evitar que penetrara el barro. Vecinos de ese barrio reclaman que autoridades municipales y de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada tomen cartas y trabajen en el lugar para evitar que sigan produciéndose este tipo de emergencias.
El agua bajó con mucha fuerza desde lo alto del cerro. No había manera de frenarla. Los recuerdos del alud del 17 de febrero de 2010 volvían a la memoria de los vecinos del barrio Laprida. Es que ayer sobre calle Honduras corrieron miles de litros de agua, “la que todos pagamos día a día y que muchos pregonan por cuidar y no malgastar”, cuestionaron algunos de los damnificados.
La rotura de un caño próximo al tanque de agua de un ramal de la zona norte, ubicado en lo alto del cerro Arenales habría sido el desencadenante. La ayuda se demoró mucho más de lo esperado y en otros casos nunca llegó. “Estamos abandonados”, reclamaba ante la presencia de Diario Patagónico uno de los vecinos, rodeado por el agua antes de la llegada de Defensa Civil.
Los esfuerzos eran en vano, porque una vez que el alud cubrió los ingresos de las viviendas en más de 25 cuadras afectadas, ya mucho estaba perdido. Los que se resistían a ser alcanzados por el agua y barro tomaban palas y empezaban a construir pequeños murallones de tierra. Grandes y chicos, todos en medio del caos, ponían manos a la obra. Los más pequeños cortaban las calles y desviaban el tránsito mientras los más adultos paleaban.
El agua recorrió por más de dos horas las calles Honduras, Paraguay, Bogotá, Río de Janeiro, Lizardo Ríos y hasta parte del barrio Manantial Rosales, incluso hizo rebalsar el desagüe cloacal a cielo abierto de esa barriada.
Todos los vecinos afectados salieron las calles, muchos de ellos descalzos, ya que no podían perder tiempo. Había que palear, mover tierra y generar barricadas contra el agua. Ayudar a los más necesitados.
Sobre la calle Honduras, el agua dejaba al descubierto peligrosamente los caños de gas y chocaba con fuerza contra las puertas de las viviendas.
LOS MAS PERJUDICADOS
Una de las familias más afectada fue la de Ramón Santos Siares, que cuando llegó Diario Patagónico a lo alto de la calle Honduras todavía esperaba la ayuda de Defensa Civil y de la Sociedad Cooperativa Popular Limitada.
Ramón Siares vive desde 1959 en ese sector, el más alto de la calle Honduras. Ayer al mediodía, muy cansado de sacar agua del interior de su casa y afectado por un pico de presión sanguínea, comentó: “ya hemos hecho varios reclamos de los cuales no hemos recibido ninguna respuesta. ¿Después esa agua quién la paga?”, se preguntó. A Siares le preocupaba más el agua derrochada, que lo que había perdido en el interior de su casa.
Mientras, su nuera Gladys Reynoso, que vive en un monoambiente contiguo junto a su marido e hijos, también sufrió la inundación de su pequeña vivienda. Con lágrimas de impotencia, la mujer sostenía: “no se acercó nadie. Me entró toda el agua a la casa. Mi mamá sufre de presión y está meta sacar el agua. Se mojaron los muebles, electrodomésticos y todo”, lamentó.
EXIGEN RESPUESTAS
Ante la falta de una respuesta inmediata de parte de las autoridades, el vecino Nicolás Ninckovic puso a disposición una máquina vial ya que en su galpón de trabajo el agua también ingresó sin pedir permiso.
Cuadras más abajo, la familia Berardi luchaba contra el agua que bajaba y chocaba con la esquina de Bogotá.
Lo mismo ocurría en Paraguay al 600, donde las familias Flores y Alamo construían una pequeña muralla de seis bloques de alto para frenar el agua.
“Cuando pasó lo del alud (del 17 de febrero) pedimos a la Municipalidad que nos construyan un murallón para contener el agua cuando llueve o se inunde y solo se lo hicieron a un vecino. Hay que prevenir, no gastar tanto en campaña”, reclamó indignado Marcelo Flores, quien también criticó: “la Vecinal no colabora en nada”.
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