Es el valor de las propiedades de mayor confort por un mes de arrendamiento. Los precios mínimos rondan entre los $ 4.000 y $ 5.000 mensuales. En diciembre de 2011, la oferta para la temporada 2012 ya estaba casi toda cubierta de inquilinos.
Una de las claves radica en el precio que los propietarios de las casaquintas piden por el arrendamiento. En ese punto, todos los martilleros consultados por DEMOCRACIA coincidieron en que las tasaciones por un mes de estadía arrancan desde los $ 4.000 – ya casi no quedan unidades libres a ese valor- y trepan hasta $ 15.000.
Con el escenario en esas condiciones, la demanda se retrajo casi a la mitad en comparación con la realizada a esta misma altura del año pasado. En eso también concuerdan los profesionales del sector, salvo algunos más moderados que optaron por señalar que hay un setenta por ciento de los inmuebles de temporada ocupados.
“Estamos teniendo poca oferta y poca demanda. En lo referente a este último punto, por lo general la gente empieza a consultar a mediados de octubre. Sin embargo, este año hemos tenido algunos llamados pero no con esa cantidad e intensidad a la que veníamos acostumbrados. En cuanto a los ciudadanos que ofrecen sus propiedades a cambio de una renta durante el período estival, tampoco notamos que haya tanto”, expresó Claudio Manzione.
El profesional indicó que el precio es un factor crucial para entender esta caída de las operaciones inmobiliarias. “Han subido en forma sostenida durante todo el año y hoy escuchamos valores exorbitantes, por eso a veces es mucho más económico irse a Mar del Plata, a Mina Clavero o a otro lado que quedarse a pagar desde 5.000 pesos en adelante. Por las de mayor calidad se está pidiendo 15.000 pesos”, completó.
Mario Garzillo, por su lado, no tuvo rodeos en afirmar que la actividad “es bajísima” y señaló que las expectativas de un repunte antes de enero son también escasas.
El comerciante explicó que en las últimas dos décadas hubo una reconfiguración de las quintas en su faceta estética y eso incide en el monto que se pretende percibir a la hora de cederla en alquiler. “Hace 20 años, las casas eran de dos ambientes grandes, en cada uno entraban cinco o seis camas, y no había diferencias entre las residencias que se ofertaban. Con el paso del tiempo, la tendencia fue construir estructuras tipo chalet, con cuartos pequeños para pocas personas, pileta, buena parquización y un gran confort interior. Hoy la variedad es otra y al compás de esa diversidad se mueven los resultados. Para esta temporada, los propietarios están cobrando hasta 450 pesos por día de alquiler, o sea que estamos hablando de un máximo de 14.500 o 15.000 pesos”, puntualizó Garzillo.
Distinto fue el discurso de Cristian Márquez, quien señaló que la demanda no se desplomó al nivel que manifiestan sus colegas y que, por ahora, el índice de unidades ocupadas supera el setenta por ciento.
También destacó que “hay más oferta de quintas, porque mucha gente que otros años se iba a veranear a otro lado ahora primero prefiere ver si puede sacarle rédito a su vivienda y después organizarse alguna escapada turística”.
Según Márquez, los titulares de las fincas prefieren realizar contratos por toda la temporada, aunque hay casos en los que terminan aceptando inquilinos semanales o quincenales. “Las tasaciones dependen de la dimensión y de la calidad, pero el valor mínimo ronda los 4.000 pesos y el máximo los 13.000 pesos, siempre hablando de transacciones mensuales”, aseveró.
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