Entrar al estadio Gennasio Salice para ver Villa San Carlos-Atlético fue una misión tan difícil como infiltrarse en una disco VIP sin entradas. Por decisión del Aprevide (Agencia de Prevención de Violencia en el Deporte) como castigo a los incidentes que se habían registrado en el último encuentro del “villero”, el partido debía jugarse sin hinchas.
Lo que desde hace tiempo es un clásico de local -junto a su familia y allegados siempre va al Monumental-, también comenzó a ser costumbre de visitante: El gobernador acompañó al “decano” en los partidos contra Independiente, en Avellaneda; Instituto, en Córdoba; Brown, en Adrogué y, el sábado, Villa San Carlos, en Berisso.
El detalle fino de su presencia en las cercanías de La Plata fue que el partido se jugó a puertas cerradas. Técnicamente, según le comentaron fuentes del Aprevide, sólo podían ingresar integrantes de la comisión directiva de cada club. Sin embargo, en la práctica hay diversas variables para que puedan ingresar invitados extras. De hecho, el sábado Alperovich entró como ya lo había hecho en Avellaneda, Córdoba y Adrogué: como “allegado” a la dirigencia de Atlético, ya que su hijo Gabriel sí tiene un cargo. Que esta vez no se permitiera el ingreso del público local no interfirió en su condición.
La presencia de un gobernador en un partido sin hinchas en la cancha (en realidad los había sobre los techos de las casas ubicadas detrás de los dos arcos) fue una de las tantas particularidades de un partido tan atípico que, además, uno de los equipos ya estaba descendido.
Otra rareza fue el horario de comienzo: a las 11 de la mañana. Entonces los jugadores, que en el día del partido suelen dormir hasta que el sueño desaparezca, se levantaron con el despertador a las 7 de la mañana y enseguida desayunaron sanguches de jamón y queso, cereales, frutas y café con leche.
Los utileros la tuvieron peor: se levantaron a las 6 de la mañana y a las 8.30 ya estaban en el pequeño estadio Gennasio Salice, ubicado entre calles de tierra, y en el que una empleada VIP determinaba quien entraba y quién no, como si fuera una disco, para ver un partido sin hinchas en las tribunas, pero con un gobernador.

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