Quienes encaran estas movidas están convencidos que perjudican a candidatos, partidos o dirigentes locales pero ¿es así?
TUCUMÁN (Redacción).- Nos preguntamos hoy qué importancia o poder de llegada tienen en el electorado las campañas de desprestigio en este periodo de fuertes definiciones políticas ¿Estos escraches inciden finalmente en el voto tucumano?
Quienes encaran estas movidas están convencidos que perjudican a candidatos, partidos o dirigentes locales influyendo en la voluntad electoral tras montar operativos que oscilan entre el puro chisme y una suerte de farandulización de la política.
Videos que circulan por whatsapp con alto contenido sexual como la cámara oculta de una trans tucumana a un ex legislador, grabaciones y fotos dudosas que involucran hombres de la política o hijos de funcionarios, en fin, un aquelarre que se nutre casi exclusivamente de las denuncias mediáticas. Ejemplos hay de sobra a nivel provincial y nacional.
Lo cierto es que la comunidad compra el escándalo personal pero no lo traslada a las urnas en forma de voto correctivo, voto castigo, voto condena, o como le queramos llamar. Por alguna razón la gente disocia, no conecta el episodio escandaloso a nivel privado con lo electoral.
Es decir que estas supuestas campañas de desprestigio no tiene el efecto buscado desde el punto de vista político-partidario-electoral, al contrario, se debe tener cuidado porque muchas veces la gente victimiza o tiende a victimizar y entonces en lugar de perjudicar al denunciado, se lo termina beneficiando, de acuerdo -por supuesto- al tipo de denuncia. Pero hemos de saber que hay ciertos hechos que por comunes o muy arraigados en la sociedad, producen una identficación entre el denunciado y electorado.
Tendría que ser un acto delictivo realmente muy grave, donde un funcionario sea “pescado” infraganti y con un actualidad y precisión que remonte a las ultimas horas, para cumplir su objetivo de influir en la decisión del electorado, de lo contrario no provocará más que curiosidad o morbo de índole puramente también personal en el votante.
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