La obra de Ricardo Salim se presentó nuevamente, como se hace desde hace 19 años con el mismo éxito. La obra teatral, que este año cambió su nombre y una buena parte de su libreto incorporando “más pasajes del Evangelio”
Las casi 7 mil personas que colmaron el predio de El Zanjón, en La Banda, comenzaron desde muy temprano el peregrinaje que, obligadamente, debieron completar a pie desde el puente sobre el río El Churqui hasta el lugar en el que, ya desde el jueves estaban dispuestos todos los elementos de la escenografía y el sonido.
Lentamente, la muchedumbre que colmó la capacidad hotelera de la ciudad fue agolpándose en torno al escenario natural, ocupando las partes más altas del terreno. Para cuando llegó la hora del comienzo, incluso los alrededores de la utilería estaban ocupados por el público, cuyo número fue estimado en alrededror de 7 mil personas por Paola Toifel, presidenta de la Cooperadora del Hospital de Tafí del Valle.
Cuando todo estuvo listo, Salim les dio la bienvenida, agradeciendo el esfuerzo de quienes colaboraron para que la puesta en escena se reeditara.
“Cada Sábado de Gloria nos despedimos rogando poder volver el año entrante. En esta oportunidad fue especialmente difícil por los problemas que atravesamos, sobre todo el incendio que destruyó la escenografía, pero gracias a la colaboración del Gobierno pudimos recuperar lo perdido y aquí estamos”, afirmó el funcionario.
Luego tomó la palabra la responsable de la cooperadora, quien también agradeció a los organismos públicos y entidades privadas que contribuyeron con el espectáculo.
“Gracias a todos, al Gobierno, al Ente de Turismo, y a las firmas que nos esponsorearon, porque nos permiten que ayudemos a muchisima gente a través del hospital”, enfatizó Toifel.
Luego, Salim aprovechó la alocución para presentar a la coplera Isidora Guanco, quien agregó a la banda de sonido de la puesta en escena el segmento más emotivo, interpretando una copla en el momento mismo en que Cristo, ya crucificado, era bajado de la cruz. Esa escena, junto con la del comienzo, cuando el Mesías ingresaba al Templo para expulsar a los mercaderes, o su oración en el Monte de los Olivos, sin olvidar el impactante ahorcamiento de Judas, que arrancó los primeros aplausos del público, fueron los picos más altos de emoción de una obra cuidada hasta en sus más mínimos detalles. El terreno, que resultó ideal para la puesta en escena, fue recorrido casi en su totalidad por los actores, mezclándose por momentos con el público, que pasaba así a formar parte del espectáculo.
Rostros serios, miradas fijas, respetuoso silencio y hasta algunas lágrimas, atestiguaron el gran interés con que la gente siguió el desarrollo del evento. Cuando la puesta del sol ensombrecía las siluetas de las cruces y encendía en fuego las laderas de los cerros tafinistos, la figura de Jesús emergió en las alturas, cerrando la escenificación con un mensaje de esperanza que adelantó la celebración pascual. Y la ovación que le siguió fue claro testimonio de su llegada a cada uno de los asistentes.
Estremecidos por la representación y cautivados por el marco natural, miles de turistas no dudaron en expresar la mezcla de sensaciones que los invadió ante la nueva representación en el valle de Tafí.
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