Muchos bajaron las persianas definitivamente. La inseguridad, el cansancio acumulado y los cambios en la forma de vivir en los barrios fueron algunas de las causas que motivaron que los viejos comerciantes abandonaran el rubro y decidieran alquilar el fondo de comercio del almacén.
Los recuerdos de los viejos almacenes perduran en la mente de los adultos. Quizás por la relación que se forjaba con los almaceneros y la cotidianidad de llegar hasta el negocio donde uno podía encontrar una extensa variedad de artículos.
Quienes en esos años eran niños o adolescentes recordarán cuando llegaban con el papel escrito en lápiz para no olvidar ningún artículo. En ese entonces, las compras se pagaban en efectivo o se anotaba en la vieja libreta almacenera que en la actualidad es parte de la historia, igual que otras costumbres barriales.
Diario Patagónico recorrió almacenes históricos de los barrios para poder analizar cómo se modificaron las relaciones entre clientes y almaceneros tras la inserción de los grandes supermercados, el aumento de la inseguridad y la desconfianza social generada a partir de la deuda.
Los mecanismos cambiaron, las puertas se sellaron y la digitalización corrió a la libreta almacenera, también por culpa de la viveza criolla de los morosos.
HISTORIAS ATRAS DEL MOSTRADOR
María Fanny Chávez Guerrero abrió las persianas de su almacén en el barrio Jorge Newbery en 1987. El país era gobernado por el radical Raúl Alfonsín y la sociedad entraba lentamente en la hiperinflación que se produjo en medio de la primera democracia luego del también inflacionario y sangriento proceso militar.
Son las 15, la clientela comienza a llegar mientras el grabador alumbra con la luz roja. Fanny hace una pausa en la tarea y habla con tono amable. “Trabajamos hasta principio de 2008, por cansancio lo alquilé un tiempo y empecé de nuevo hace un mes. Es distinto vivir con un alquiler sin tener otra entrada y teniendo familia que mantener”, explicó a Diario Patagónico.
Al instante llega un joven, primero mira por la ventana y golpea el borde de la puerta. Sin embargo, al ver movimiento adentro del local acciona el picaporte topándose con la traba que impone la inseguridad; es que desde su retorno al rubro Fanny decidió atender por la ventana para evitar la violencia que aumentó en los últimos años.
“La verdad que da mucho miedo tener un negocio en este momento, por eso decidí estar un poco encerrada y trabajar igual para poder encontrarme con la gente que tantos años atendí”, confió.
Durante 2010 los comerciantes Otilio Catrihual y Sonia Díaz perdieron su vida en asaltos violentos, mientras que Eladio Torrealba y Sergio Avallar resultaron gravemente heridos luego de haber sido víctimas de la inseguridad.
“Está difícil porque uno no sabe mañana lo que va a pasar, realmente está feo”, afirmó Héctor Giménez, quien tiene un almacén en la zona alta del Pietrobelli desde hace 40 años.
“Uno ve que todos los días la inseguridad está avanzando, toda la gente anda mal con ese tema. Nosotros antes trabajábamos hasta más tarde, ahora a las nueve de la noche cerramos”, agregó.
CAMBIOS SOCIALES
La persiana se levanta cada mañana a pesar de los riesgos y las injusticias impartidas por gente que se cree dueña de los derechos de todos. “El otro día vino gente y se metió un muchacho, me dijo ‘quiero facturas’, bueno pero pagalas le dije. ‘No a la tarde se la pago’, contestó, pero yo no puedo porque estoy empezando le comenté y él me dijo ‘mi mujer está embarazada y quiere comer facturas’ y se llevó una bandeja. ¿Quién lo para?” cuestionó Fanny.
El estilo de vida cambió y eso se refleja en el comportamiento de algunos habitantes de la ciudad. La inseguridad es el mayor temor que enfrenta el comerciante, que teme por su vida y por la de los suyos.
“Los vecinos saben que está medio bravo. A los de acá de la esquina --Alvear y Chaco-- los asaltaron dos veces”, explicó Héctor quien afirma que todavía puede atender tranquilo el local que tiene sobre la calle Alvear.
“Mayormente no tenemos problemas con la gente que viene a comprar. Viene mucha gente de afuera también que no es del barrio pero siempre fue tranquilo”, afirmó.
En total 36 personas fueron asesinadas en 2010, lo que deja en evidencia la violencia social que atraviesa a la sociedad. Además, durante el primer mes de 2011, cuatro personas perdieron la vida.

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