Unos 300 voluntarios de una fundación evangélica prestan su colaboración en el Gran San Juan. Mañana concluyen.
Todo estaba planeado a la perfección. Primero, a los niños los entretuvieron con un show de payasos. Cuando ya estaban saltando, bailando y las carcajadas los envolvían, llegó el momento "desagradable": el control médico. Con una gran sonrisa, pediatras, dentistas y podólogos revisaron a los chicos y también a los adultos que lo solicitaran.
Por otro lado, un chupetín y un alfajor eran la recompensa para los 60 pibes que se animaron a cortarse el pelo con los profesionales de la institución religiosa.
"A mí no me dio alfajor", le decía, a una de las cuatro peluqueras, un pibe con un flamante corte flogger. Pero si le dieron. Metió la golosina en un bolsillo trasero cuyos remiendos descosidos dejaban escapar una esquina del paquetito.
Por su parte, los padres también reclamaban alimentos. Si bien la entidad repartió unos 4.000 kilos, 10 kilos en cada casa del humilde Barrio Marquesado 1 y alrededores. Muchos volvieron a pedir más, pero no quedó nada. Sólo algunos pañales que la gente arrebató de las manos de una voluntaria.
Además de los alimentos, dieron 1.000 prendas de vestir y entregaron medicamentos de venta libre a las personas que los necesitaban, según instrucciones de los doctores de la fundación.
Todo lo que se entrega a la gente proviene de las donaciones que realizan los más de 20.000 miembros que tiene esta agrupación. Y las donaciones junto con los controles se llevan adelante durante Semana Santa y en noviembre de cada año en distintas provincias de la Argentina.
Comentá la nota