Alfredo Casero habla sobre "Estese Confuso 2.0"

Alfredo Casero habla sobre "Estese Confuso 2.0"
Mientras pilotea las exigencias de grabación de “Farsantes”, el actor viene con “Estese Confuso 2.0”.

“Hola, cómo le va. Digamé en qué puedo servirle”. Es viernes por la tarde, y Alfredo Casero está agotado. Igual, atiende el teléfono con onda, y enseguida empieza a hilar respuestas extensas y encantadoramente divagantes, hasta hacerse entender. Está en un gran momento profesional como parte del elenco de Farsantes, el unitario “serio” que cada año suele entregar Pol-ka, salvo que como los dados de la tele hicieron que esta temporada Tinelli no esté al aire, el programa pasó a ser una tira diaria. “Y faltan meses, es como una condena”, dirá minutos después, medio en broma y medio en serio.

Igual, tiene claro que su biología le pide reconectarse con la alegría del teatro. Por eso, levanta la cabeza y mira el horizonte en la ruta, ese lugar al que también podría llamar hogar. El trayecto lo depositará este sábado a las 21.30 en el Pabellón Argentina, para poner en escena Estese confuso 2.0, un show con su sello e inclasificable.

“Es muy raro lo de la televisión, porque no me deja hacer otra cosa. No puedo pensar en otra cosa ni trabajarlo. No me es ni bueno ni malo, pero es como si te dijera tenés que jugar un partido todos los días y meter cuatro goles siempre. Si no metés goles, no sos merecedor. Y le tenés que ganar al cansancio. Realmente es una cosa que yo no sé cuánto pueda aguantar”, dice, y parece bastante preocupado.

–En ese contexto, arriesgo que salir por el país y entregar el alma en el “Estese Confuso” es un desgaste que alimenta.

–Por supuesto. Pero ojo: para lograr hacer un show primero uno tiene que querer ir al lugar y hacer contacto con la gente, que también viene a hacer tu show. Es un laburo psicológico, me pasa a mí después de tener tantos shows hechos, desde el año ‘95. Todo siempre va cambiando, las biologías y uno mismo. Pero todo tiene que tender a darme alegría. En este último tiempo, han cambiando tan fuerte las cosas, para bien y para mal, que hacer humor es meterte en una materia líquida. Puedo repetir siempre lo mismo, o tomar patrones que sé que funcionan y que le gustan a la gente. Pero con Córdoba es muy difícil caer en un patrón, porque el público es explosivo en la manera de entenderlo. Toma todo exactamente como viene, y está abandonado a que lo lleven a reír. En Mendoza, escuchan primero para elaborar y reírse. Pero en mis shows, no hay nada para pensar, absolutamente, en ninguno de mis shows, porque cuando uno piensa está ordenando cosas que tiene desordenada en la cabeza. Yo lo que invito es a desordenar lo que está ordenado. Córdoba es la panacea para reírme haciendo reír.

Casero para un segundo, toma aire, y sigue su monólogo sobre “los distintos tipos de humor cordobés”. “El más primitivo es el de ‘te gua’, el de la Hortensia, y después otros más intrincados, de gente que sabe a dónde está el límite entre lo ácido... es muy jodido de explicarlo, pero me es absolutamente envidiable. Siempre hablo del gordo Cacho Buenaventura. Es un showman: olvidate de lo que dice es absolutamente local, pero parece un tipo de Las Vegas. Córdoba es un lugar en el que hay que correr con Fórmula 1.

–Acá has dado, desde los ‘90, shows memorables y siempre distintos.

–Cuanto más empiezo 5 a cero abajo, más me pongo 18-5. Y por eso es lindo empezar abajo, porque es cuando más descajeto todo.

–¿Y cómo enjaulas esa bestia en estado de improvisación en el escenario dentro de los límites de un guion de tele? ¿El Alfredo Casero en estado puro con Marcos de “Farsantes”?

–Es difícil meterlo a Alfredo en la jaula del laburo. Y estoy con mucho quilombo con eso, porque es muchísimo trabajo y faltan meses todavía. Es como una condena (risas) y por otro lado estás enamorado de la condena, entonces te tenés que callar la boca y darle para delante dentro de lo que puedas. La tele no es un fin, es algo por lo que trasunto, voy pasando por ahí. He decidido no quedarme como elemento televisivo.

En vivo. Casero se presentará con Estese Confuso 2.0 este sábado a las 21.30 en la Sala de las Américas. Entradas: 116, 136 y 166 en Autoentrada.com.

Del mar al llano. Hace algunos años, Casero tuvo un autoexilio en el interior del país, viviendo primero en la Patagonia y en San Luis después. ¿Extraña algo de esa vida, más ahora que está en el trajín de la Capital Federal y al palo? “Anteayer me vine de San Luis. Tenía que cerrar cuentas, hacer unas cosas en Senasa, vi un potrillito que nació, ver un tema de los granos y un montón de cosas más. A Córdoba Capital no voy mucho porque me gusta mucho Villa Dolores. Para ir un ratito a ver a mí amigo el Chus, un médico amigo. La verdad, siempre estoy yendo a lugares, moviéndome, haciendo esos largos caminos de varios kilómetros sin ver a nadie en la provincia de San Luis. Soy entusiasta de eso: mi casa queda muy lejos para que le cueste mucho a la gente ir.

–¿Y hace mucho que no buceás? Algo que era un buen hobby para vos.

–A fin de año. Pero yo nunca fui un buzo deportivo. Es algo que siempre me gustó. Siempre fui un aficionado a la marinería. No es el buceo, sino todo lo que significaba vivir frente al mar. Pero vino una época en la que necesito hacer esto que estoy haciendo ahora. Yo nunca estuve en un solo lugar, cuando extraño al mar, voy al mar y se acabó. Y cuando extraño la montaña, voy a la montaña y nada más.

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