Los desacertados pronósticos de lluvias para los últimos meses del años activan nuevamente el alerta por sequía y ponen en peligro lo que parecía iba a ser una exitosa campaña de girasol que ya comenzó a perder potencial de rendimiento.
Las lluvias que se habían sucedido en el momento de siembra, permitiendo la ocupación de más de cuatrocientas mil hectáreas con el grano aceitero, hacían creer en una positiva campaña de girasol. Los anticipos meteorológicos hablaban en aquel entonces de un fin de año húmedo, pero la realidad dista mucho de los pronosticados buenos augurios. Las pocas precipitaciones pluviales son irregulares y focalizadas, no ayudan a cargar el perfil del suelo y, sumado a eso, la evapotranspiración se lleva la humedad que puede quedar como resabio de algún esporádico chaparrón.
Son amplias las zonas de la provincia dónde no se regulariza la situación hídrica y el déficit sigue complicando la producción agrícola y pecuaria, “existiendo áreas en el territorio que no tienen la cantidad agua para mantener los cultivos y la ganadería”. “Las proyecciones climáticas no se están cumpliendo”, mencionó Orban, añadiendo la recordación de que “los meteorólogos más importantes del país anunciaban, algunos en forma moderada, que íbamos a tener un segundo semestre húmedo en el norte, con posibilidad de excedentes hídricos y hasta ahora nada de eso se está haciendo realidad”.
“Son excepcionales los lugares dónde en los últimos días se registraron precipitaciones con registro de importantes milimetrajes, ya que en la mayor parte del territorio provincial los pronósticos volvieron a ser fallidos”, acotó el ministro de Producción chaqueño.
Antecedentes nefastos
Las esquivas precipitaciones preocupa a los productores que en el girasol tenían puestas las esperanzas de recuperación de lo que fue un año agrícola pasado nefasto. “No hay que olvidar que muchos chacareros vienen con un arrastre negativo de más de una campaña; en algunos departamentos son varios los productores con serios inconvenientes en sus economías, porque en los últimos dos o tres años no tuvieron el acompañamiento de las condiciones climáticas”, refirió el ministro Enrique Orban.
“El problema actual se agrava porque no se deben soportar los daños únicamente de lo que está sembrado ahora, sino que se es una acumulación de períodos pasados con magras cosechas”, advirtió.
En este contexto, en el que el ánimo por el resultado de la campaña de girasol comienza a decaer, desde el Ministerio de Producción, su titular reconoce que “los cultivos están sufriendo un estrés hídrico importante y, si bien en algunos lugares no se secan, la producción de kilos por hectárea sufrirá seguramente una merma que le quitará rentabilidad al productor”.
Una muestra de los daños
En una exposición de lo que son las áreas de la provincia que ya manifiestan daños en los cultivos, vale mencionar al departamento Maipú donde de las veinticinco mil hectáreas de girasol, “cinco mil están en buenas condiciones, unas quince mil regulares y el resto ya debería comenzar a preparárselas para soja”, comenta, desde la agencia del INTA en Tres Isletas, el ingeniero Héctor Rojo Guiñazú.
“La situación de algunos productores es más que desesperante porque vienen de fracasar con la soja de la campaña pasada y ahora el girasol no tiene la cosecha asegurada”, señaló el jefe de la agencia que tiene sede en la Capital provincial del girasol.
En referencia a los rendimientos que puedan alcanzar los sembrados que lleguen a la cosecha, Rojo Guiñazú advierte que “habrá lotes de setecientos kilos y probablemente otros lleguen a los dos mil kilos”. “Las condiciones climáticas ni siquiera están siendo favorables para el llenado de granos, porque se necesitaría mayor amplitud térmica entre el día y la noche para que el grano cargue adecuadamente la materia grasa”, señaló.

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