Desde la Asociación Vecinal de esa famosa zona marplatense destacaron la instalación de emprendimientos comerciales ahora alejados de la actividad nocturna de los bares. Locales en alquiler y otros reservados completan un barrio histórico que modificó su vida
La transición no fue fácil. Un grupo de vecinos tomó el mando del reclamo y llegó hasta la Defensoría del Pueblo de la Nación, argumentando que la convivencia entre los bares y el barrio “era imposible”. También hubo reuniones en la Municipalidad, y hasta la sanción de una ordenanza por parte del Concejo Deliberante que fijo restricciones horarias, entre otras normativas. Por otro lado, se ubicaron los propietarios de los bares, que defendieron sus establecimientos afirmando el cumplimiento de las ordenanzas vigentes. Dada la cantidad de bares que había en la zona de Alem y Bernardo de Yrigoyen –se calcula que alrededor de 40 entre las calles Formosa y Rodríguez Peña– se conformó la Cámara de Restaurantes, Bares y Afines de Playa Grande (Carba).
Sin embargo, las nuevas medidas afectaron el funcionamiento de los comercios y paulatinamente comenzaron a cerrar. En septiembre del año pasado, a un año de la entrada en vigencia del llamado tope horario, la agrupación se desintegró. Hoy, quienes fueron sus socios prefieren evitar hablar de lo que pasó. Se firmó una carta acuerdo para que los bares se trasladen a la Escollera Norte, “pero nunca más recibimos un llamado”, señaló uno de los integrantes de Carba, que prefirió no difundir su nombre.
Mientras tanto, los vecinos de Alem destacan el crecimiento comercial de la zona, aguardan con ansias la instalación de nuevos establecimientos, y celebran la actualidad y el crecimiento que está teniendo el sector, fuera de la vida nocturna.
EL RECLAMO
“Todo empezó con un reclamo barrial frente a una situación de incompatibilidad clara entre lo que eran las actividades nocturnas dentro de un sector residencial”, recordó Carlos Carricart.
Esta situación, junto con el intenso tránsito, el desorden en la vía pública -entre otros- motivaron a un grupo de habitantes de la zona a iniciar sus reclamos hasta llegar a la Defensoría del Pueblo de la Nación quien emitió un exhorto a favor de ellos. Además, se sancionaron ordenanzas, que para los vecinos, favorecieron el sector: topes horarios para los bares y límites a las alturas de las construcciones. “Parecía que el único rubro posible para el barrio era el gastronómico-nocturno, que generalmente, salvo contadas excepciones, se distorsionaban convirtiéndose en bailables”, señaló el vecino.
“Después con los controles más efectivos por parte del Municipio, el respeto de las ordenanzas existentes antes del conflicto, la nueva legislación con participación de los vecinos y los frentistas que desarrollan otras actividades comerciales se fue armando una estructura que desembocó en este cambio que se va dando paulatinamente”, sostuvo Carricart y añadió: “No está consolidado, pero somos optimistas en relación a que hay muchos locales reservados, obras que están en construcción y otras concretas, que son importantes desarrollos para el barrio y no genera conflicto con los vecinos”, continúo. “Además, es importante destacar que son permanentes, no temporarios. Se trata de inversiones que se notan en su instalación con intenciones de permanecer en el barrio”, amplió.
Junto con la apertura de estos comercios, a los vecinos les interesa la instalación de entidades bancarias. “Eso redondearía el tipo de actividades necesarias teniendo en cuenta que estamos en una zona comercial y hay dos hoteles importantes que necesitarían también de servicios bancarios”. A su vez, consideraron que sería necesaria “la reforestación publica del sector que paulatinamente se fue degradando con desaparición de ejemplares”.
“La instalación fue bastante más rápido de lo que nosotros hubiéramos imaginado. Nuestro temor era que desapareciera una actividad y no quedara nada, pero vemos que tras la modificación de toda esta situación se fue generando otro tipo de actividad”, continúo Carricart y destacó “la mejora en la calidad de vida”.
Por otra parte, el presidente de la Asociación Vecinal señaló que “esto genera una expectativa tanto para el que quiera instalarse en el sector como para el que quiera una propiedad para destinarla al rubro comercial”.
“Todas estas modificaciones fueron consecuencia de un reclamo puntual entendido después de mucho tiempo con situaciones y elementos muy puntuales, como el exhorto que presentamos a la Defensoría del Pueblo de la Nación”, sostuvo el vecinalista y destacó: “Estamos en el proceso de cambio. Es notable la diferencia de lo que pasamos a la que en estos momentos está”.
Finalmente, el presidente de la Asociación Vecinal deseó que “las administraciones municipales futuras contemplen este cambio a partir de la situación de conflicto que se generó que fue beneficioso. Inclusive creo que para las personas que también desarrollaban la actividad nocturna ganaron en la instalación de lugares que han sido quizás mejores al que tenían acá. El verano anterior ya se notaron las mejoras”.
SE ALQUILA
El cierre de los bares y la instalación de comercios parecen no ir al mismo ritmo. Son muchos los locales vacíos que se observan tanto sobre Alem como en Bernardo de Yrigoyen. En una recorrida realizada por El Atlántico se contabilizaron alrededor de veinte locales sin funcionamiento con el letrero: “Se alquila”. Algunos fueron bares, otros negocios de venta de indumentaria de verano o de gastronomía. Entre ellos, se mantienen una tartería, ferretería, verdulería, ferretería, restaurantes y cafeterías, entre otros negocios.
El valor de los alquileres varía según las dimensiones del local. Las inmobiliarias consultadas indicaron que los valores comienzan en los 3 mil pesos. Por ejemplo, un espacio de dimensiones reducidas, propios de un negocio de venta de indumentaria, cuesta entre 3 mil y 4.500 pesos. En caso de optar por algunos de los locales que funcionaron como bares, los montos superan los 5 mil pesos, llegando a los 8 mil o más, según la cuadra y los espacios con los que cuente. “Hay consultas, pero la oferta y variedad es amplia”, señalaron desde una de las firmas de la zona.
UNA CÁMARA DISUELTA
Las restricciones horarias impuestas por la ordenanza 20.397 genero cambios en la actividad nocturna marplatense. Desde su entrada en vigencia los bares del centro, Alem e Hipólito Yrigoyen se vieron obligados a cerrar sus puertas a las 4.30, sino tendrán multas, sanciones y clausuras.
Ante las nuevas disposiciones la vida nocturna se modificó, y Alem empezó a ser cada vez menos frecuentada. Hoy, apenas se cuentan unos pocos bares, en un sector que supo tener cuarenta. “La Cámara de Restaurantes Bares y Afines de la zona de Playa Grande llegó a tener 23 socios. Después al ir cerrando los bares fuimos quedando cada vez menos, hasta que se disolvió por falta de socios”, señaló uno de los referentes del sector. Carba dejo de funcionar en septiembre de 2012.
Las leyes provinciales 14.050 y 14.051 “daban más aire al sector” a pesar de “sus restricciones”, ya que “no había horario de ingreso y egreso de los bares, pero si de venta de alcohol, que debía terminar a las 4 de la mañana”. Sin embargo, el trabajo “se terminó con la ordenanza municipal”.
En este marco, representantes del sector indicaron que “ante la ausencia de control del ingreso a las discotecas a las 2 de la mañana, y el control estricto sobre el cierre nuestro hizo que desaparezca la comercialización de Alem”. “Fue una ordenanza para combatir la zona. No es que cerró porque cambiaron los usos y costumbres”, se continúo.
En relación al fomento del movimiento diurna, desde el sector indicaron que “si algo que no hay es actividad de día en Alem. Abren y cierran locales porque no se pueden aguantar la situación. Está fea, desmejorada, hay mugre en la vereda y los bares que están cerrados no se volvieron a activar”.
El fin de los bares “fue paulatino” desde el último año. “Algunos trataron de sostener las fuentes de trabajo mientras se pudo, y cuando ya no hubo más posibilidades fueron cerrando sus puertas”.
¿Qué pasó con los empleados?, consultó El Atlántico. “Son parte de la famosa desocupación de Mar del Plata”, afirmaron y se calcula que alrededor de “4 mil personas dependían de la zona de Alem, en forma directa e indirecta”.
Sobre la relación con los habitantes del barrio, desde el sector indicaron que “siempre fueron los mismo vecinos que impulsaban el cierre de los bares. Tenemos encuestas de más de nueve mil personas de la zona de Playa Grande que apoyaban la actividad. De hecho hay bastantes más robos y delincuencia en la zona desde que la actividad nocturna no está que antes” y se recordó que en verano concurrían “entre 20 y 25 mil personas por noche en la zona”.
“Hoy esa gente no está. Tampoco se nota que hayan abierto más bares de los 40 que había. Hay una caída comercial en el rubro”, enfatizó el referente consultado.
“Como se controlaba solamente los bares fueron asfixiándote”, recordó y añadió: “El autoritarismo que nos ejercieron fue demasiado fuerte y no teníamos más fuerza ya para seguir peleando. Ya bajamos los brazos y cerramos las puertas hace más de cuatro meses”.
Escollera norte: a la espera de financiamiento
En el marco de la transformación de la zona de Alem, se anunció el traslado de los bares a la Escollera Norte. El proyecto fue debatido en el Concejo Deliberante y aprobado en enero de 2010. La iniciativa, además, contempla la creación de una terminal de cruceros y un paseo recreativo. A su vez, se conformó un Consorcio Público de la Escollera Norte, presidido por Eduardo Camaño. A los dos años se conoció el proyecto arquitectónico ganador del concurso urbanístico para remodelar el sector de 90 mil metros cuadrados.
“Todos tenían mucho la esperanza con la carta acuerdo que habíamos firmado por el traslado de los bares a la Escollera, pero nunca más supimos nada”, expresó el empresario consultado.
Sin embargo, la idea de los dos arquitectos cordobeses - Adolfo y Pablo Mondejar – todavía no comenzó a construirse. Según informaron fuentes del Municipio consultadas “la iniciativa sigue adelante, pero se está a la espera de financiamiento” y se recordó la importancia de comenzar la obra del dragado en el puerto.
El paseo de la Escollera Norte es un proyecto que, junto con la terminal de cruceros, permitirá la reconversión total del sector e incluirá instalaciones comerciales, gastronómicas y áreas públicas dedicadas a actividades culturales y de esparcimiento. “No únicamente actividad nocturna”, se resaltó.

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