El Tiburón jugó gran parte del partido con uno menos. De todas maneras mereció el empate pero el arquero Monetti fue invencible. Lucas Litch de penal anotó el único gol del partido.
Aldosivi penó por la expulsión de Aguirre y ahora tendrá que visitar en la fecha 35 de la Primera B Nacional a Rosario Central en el gigante de Arroyito.
Describir los primeros 15 minutos de los últimos 10 partidos de Gimnasia, para poner un número arbitrario, es aburrido. Y eso es mérito del cuerpo técnico, que encontró un modo de empezar los partidos que se cumplió en la mayoría de éstos desde que dio en la tecla con la base del conjunto titular: protagonismo absoluto del equipo de Troglio, con presión en el mediocampo y salida rápida para llegar al área rival. En este caso fue con Pereyra enfocado y otro acierto del DT: la inclusión de Peralta para no cambiar la esencia del conjunto. El colombiano empezó movedizo como Niell, peleando todas las pelotas y siendo opción para el pase vertical de los volantes.
Así nació la primera polémica: recuperó Mussis en el medio, tocó rápido para Pereyra y el zurdo, con mucho tino, asistió a un Peralta disfrazado del Enano. Cuando el colombiano se aprestaba a rematar, se notó un pequeño empujón de Aguirre y aunque el remate salió con potencia y rebotó en el palo, el Cafetero cayó desplomado insinuando una falta abajo, de difícil percepción hasta con las imágenes de TV. Herrera cobró foul a los 10 minutos y expulsó a Aguirre, el infractor. Justamente o no, sólo lo saben el árbitro, Peralta (que necesitó asistencia de los médicos) y el defensor, que se fue sin mucha queja. Licht lo cambió por gol 2 minutos después y empezó otro partido.
Aunque los presagios podían indicar que se profundizaría la supremacía del Lobo, notoria hasta ese momento, nada de eso ocurrió, sino todo lo contrario. Creció el Tiburón, Gimnasia apostó al contraataque que nunca manejó de buena manera y se inclinó la balanza a favor del local.
Entre los malos manejos de un impreciso Mussis en ofensiva, la intermitencia de Pereyra y las dudas en la zaga, Aldosivi recuperaba rápido la pelota, se tornó pujante con Malcorra y Seccafien como estandartes, comenzó a llegar y a toparse con la figura de la noche: Monetti. El Mono, gigante en muchos triunfos del Lobo, primero le tapó una pelota imposible a Guerra, con el pecho, y luego dos cabezazos a quemarropa, aunque con poca potencia. Las falencias en la dupla Oreja-Barsottini se complotaron con el buen andar de Ramis, muy movedizo, y confluyeron en varias jugadas de riesgo para el fondo albiazul, que perdió mucho por arriba y bastante por abajo.
La tenencia de la pelota era demasiado corta y la verticalidad que suele mostrar el equipo de Troglio fue esporádica y con errático manejo, lo que generó pocas jugadas claras del Lobo en el primer tiempo. No supo aprovechar a un Peralta en buena versión, que mostró velocidad y potencia en el primer tiempo. Nacho Fernández, encargado de trasladar ante la ausencia sin aviso de Mussis en ese rol, lo hizo pero sin demasiada profundidad.
El complemento. El segundo tiempo empezó con la misma tesitura que terminó el primero: al minuto Barsottini perdió a Guerra, éste rozó la pelota en el primer palo y de milagro Ramis no convirtió el empate entrando por atrás. Aún así a los pocos minutos Gimnasia empezó a encontrar más tranquilidad. Nacho trabajó más las jugadas ofensivas, aprovechó el espacio que dejaba Aldosivi en el campo tripero e hizo participar a más compañeros en las rotaciones con la pelota, algo que quitó ritmo al match. En ese son también el Tiburón sintió el desgaste de estar con un jugador menos desde los 12 minutos y no tuvo más que en Ramis a un hombre que podía llevar peligro. En soledad y por abajo, el uruguayo complicó a todo el fondo tripero excepto a Licht, de buen partido defensivo y ofensivo.
Mientras el Albiazul carecía de ideas para definir el partido y haciendo esa lectura Troglio mandó a la cancha a Maximiliano Meza por Mussis (además de poner un hombre fresco para que tape las subidas de Malcorra por la izquierda), Aldosivi llegaba con esporádicos embates.
Luego de 15 minutos de dominio, el Lobo decayó y el local volvió a exigir a Monetti. A los 30 minutos Barsottini se redimió de una tarde floja al sacar un tiro libre de Seccafien sobre la línea y en la jugada siguiente, ante una feroz volea de Villalva, el Mono rechazó con los puños una pelota con destino de gol. Espectacular.
La impotencia de ambos para cerrar o empatar el partido terminó de desdibujarse cuando Quiroga aguantó una pelota, cayó simulando una falta y Herrera, que de estar más cerca podría haber evitado un encontronazo de los jugadores, terminó expulsando justamente a Roselli por agredir al delantero tripero.
Poco le ha importando al DT y los jugadores el regular andar del equipo, y menos a esa multitud que acompañó al equipo tripero hasta Mar del Plata, con un número cercano a las 10 mil almas que se deben sentir, luego de tanta ansiedad y sufrimiento, nuevamente de primera.
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