Funciona en Las Heras y, de brindar comida, cama y calor, pasó ahora a ofrecer también atención médica y capacitación laboral. Necesita alimentos y ropa.
Así llegó al refugio para personas indigentes que funciona en el oratorio Ceferino Namuncurá. Hoy vive en una pensión, está tramitando su jubilación y planeando un microemprendimiento, pero cada tarde va al albergue a amasar el pan y preparar la comida para las 56 personas que cada noche se alojan allí.
Juan Carlos García -el "Charly García" del refugio, bromea- siempre había trabajado como oficial albañil, pero le gustaba la cocina y en el albergue aprendió a preparar panificados. "Las primeras tortitas me salieron así", cuenta y hace un gesto de golpear la mesada con los nudillos. Pero los panes dorados que quedaron de la noche anterior dan testimonio del buen aprendizaje.
Ahora ya no duerme en el refugio. Pero además, con ayuda de la provincia y de la Nación consiguió una amasadora de 20 kilos, un horno pizzero y una churrasquera con la que piensa iniciar un emprendimiento. Y espera poder dar trabajo a algunas de las personas sin hogar que cada noche empiezan a llegar a partir de las 9 para pasar la noche en un lugar seguro y caliente.
Mientras cuenta su historia, Juan Carlos ha ido amasando y dando forma a cada uno de los panes, que van creciendo con el calor que sale del horno. Entre tanto, una voluntaria (que prefirió permanecer anónima)llegó con bolsas de comida. Y un hombre entró con su donación, lo dejó en la cocina, saludó al cocinero y se fue.
El refugio para personas sin hogar abrió sus puertas hace un año, el 15 de junio de 2012, en las instalaciones del oratorio Ceferino Namuncurá, ubicado en Las Heras. Estaba previsto que sólo funcionara durante la temporada invernal para evitar que murieran de frío quienes duermen en la calle -como ocurría cada invierno por las bajas temperaturas. Sin embargo, el albergue estuvo abierto hasta el 4 de enero y reabrió en mayo.
La voluntaria explica que se comenzó a trabajar en ciertas situaciones -como brindar atención médica, ofrecer capacitaciones, resolver problemáticas familiares- y por eso la tarea se extendió en el tiempo. De hecho, las 56 personas que cada noche se alojan en el refugio no son las mismas que el año pasado, ya que varios lograron dejar atrás la situación de calle.
El refugio cuenta con cuatro habitaciones con 14 camas cada una y sanitarios. Las puertas se abren entre las 21 y las 0, y las personas se quedan hasta las 9 de la mañana del día siguiente. En 2012 sólo se ofrecía un yerbeado, un té o un café a los huéspedes, pero ahora, gracias a las donaciones de particulares, se suelen preparar sopas o guisos, de acuerdo a los insumos con que cuenten.
La voluntaria -hay cuatro o cinco que asisten regularmente- comenta, mientras mira por encima las bolsas, que con lo que tienen pueden preparar una sopa con albóndigas de pollo. Y añade que los viernes o los sábados, depende de lo que consigan, tratan de preparar pizzas y empanadas, como un menú especial de fin de semana. Esa noche también ven películas.
Es que el albergue es, primero, un sitio donde quienes no tienen un hogar pueden dormir sin pasar frío. Pero también, un espacio donde comparten sus historias cuando quieren, donde "Robertito" canta tangos o valcesitos cuando alguien cumple años, y donde trabajadores sociales y psicólogos del Ministerio de Desarrollo Social los acompañan en su proceso de recuperación.
La voluntaria dice que se trabaja en valores y en la recuperación de la identidad. Y Juan Carlos añade que las personas han ido cambiando sus hábitos y recuerda que cuando él dormía en la Terminal, como no podía asearse e iba con la ropa sucia, la gente se cruzaba de vereda. En cambio, cuando llegó al refugio y le dieron nuevas prendas -también donadas- y cambió su apariencia, empezó a sentirse mejor.
El albergue abrió nuevamente sus puertas el 6 de mayo y la actividad se extenderá hasta el 31 de octubre. Allí, las donaciones de ropa, productos de tocador y alimentos son fundamentales.

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