Esta noche se proyectará en Neuquén el film documental “Para los pobres piedras”, resultado de tres años de trabajo en la región. Será a partir de las 21 horas en La Conrado Cultural de esta capital y mañana a las 22 horas en La Caja Mágica de Cipolletti.
El hombre contó que asiste sistemáticamente a las funciones en las que se proyecta su film, lo cuida y lo acompaña como a un hijo o como a un sentimiento, lo respalda y lo fundamenta una y otra vez ante quienes lo comparten: “no nos esperábamos que la película funcione tan bien como espejo. Que a ellos les sirva para reflejar tan bien lo que les pasa y reflexionarlo, pensarlo”, dice y recuerda la experiencia en Zapala: “estaban los crianceros de la película y familiares, además de varias autoridades mapuce. Hubo reacciones muy fuertes, tuvimos una charla muy larga después”.
“Me siento espectador cuando escucho a la gente alrededor. La gente reacciona sonoramente. Cuando se ríe, se ríe con todo. Cuando tiene miedo o está un poco tensa se escucha reteniendo su impresión. Al final mucha gente llora, con pañuelos y demás”, adelanta Mathieu Orcel sobre todo lo que puede llegar a suceder a quienes estén hoy en La Conrado y mañana en La Caja Mágica: “en esta historia la emoción es tremenda”.
“Hay dos escenas de aburrimiento. El aburrimiento es casi anti cinematográfico. Estás mostrando en la pantalla a gente que se aburre y aburrís al espectador con esa gente que aburre e insistís con tiempo real de un momento de silencio absoluto en una cabañita con humo. Y la gente, encantadísima”, señaló el documentalista francés.
“Es difícil estar conforme con el trabajo propio. Ahora estoy un poco más tranquilo con la película, la acepto más. Estoy conforme con lo que provoca, lo que genera”, asume el director del film cuyo objetivo fue “mostrar desde adentro ese viaje silenciado, no visible, y también todos los ritos alrededor de ese viaje” y señala que “el logro principal de la peli es haber pegado a sus personajes y a sus temáticas. La película es un criancero más, pero, a la vez, un personaje”.
“Para los pobres piedras” significó tres años de trabajo y seis meses de convivencia de todo el equipo con la comunidad: “la película es un ciclo que empieza y termina con la primavera”. Y ese ciclo necesariamente se volvió personal, según lo que expresó el director: “me costó muchísimo bajar, fue un proceso muy largo: creo que nunca bajé del todo, una parte de mí se quedó arriba”.
Comentá la nota