Hubo una reunión de Gabinete, a pocas horas del discurso de Sapag en la Legislatura. La reprimenda a los ministros se hizo, pero ambos seguirían en sus cargos. Las relaciones entre funcionarios siguen tensas.
"Hubo una reprimenda, pero no pasó nada", confió una fuente que participó del encuentro a este diario.
La situación, en realidad, había estado sobrevolando los corrillos durante toda la semana. Y las versiones sobre el porqué de lo ocurrido eran diversas. Pero es indudable que la relación entre el ministro de Gobierno y el de Desarrollo Social nunca fue buena, y cada vez tiende a ser peor. Esto, pese a la permanencia de ambos en sus carteras.
Sapag los mantendrá, aseguran, al menos por ahora. Lo necesita a Tobares porque no tiene otro negociador con los gremios que esté a su altura, con la excepción de Ernesto Seguel, pero este está limitado a las negociaciones con los docentes de ATEN, por lo que estará suficientemente ocupado.
¿Y Pérez? Dicen que el ministro es de tener esos "arranques" de sinceridad frente a los micrófonos. Pero que también puede ser que lo que diga haya recibido previamente avales superiores.
Sapag sigue todo el asunto con cierto fastidio. Los problemas del gobierno son importantes, y las cuestiones personales o de enfoques diversos que pueda tener su Gabinete siempre le parecen de tono menor frente al desafío exigente que hay sobre su gestión, y que fatalmente encarnan en su persona.
Este fastidio lo evidenció en la misma Legislatura, cuando tras su discurso lo abordaron algunos periodistas y movileros. "No quiero hablar de temas domésticos", dijo una y otra vez cuando se le hizo referencia al Gabinete.

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