Un joven santafesino fue el impulsor de la legislación provincial y la nacional votada ayer por el Congreso, que garantiza a los no videntes estar con sus lazarillos en bares, comercios y oficinas.
Es que si bien siete de las 24 provincias argentinas (entre ellas Santa Fe) y algunos municipios habían legislado al respecto, no existía aún una ley nacional que consagre “el derecho al acceso y permanencia, en lugares públicos y privados de acceso público, de toda persona con discapacidad total o parcial acompañada por un perro guía o de asistencia”.
La nueva ley fue recibida con enormes muestras de alegría por asociaciones ligadas a los discapacitados visuales, como Faica (Federación Argentina de Instituciones de Ciegos y Amblíopes), y por los usuarios de perros guía que se congregaron en las afueras del Congreso nacional. Un perro guía es un animal especialmente entrenado para el acompañamiento y conducción de las personas ciegas o disminuidas visuales, en escuelas donde tanto el futuro usuario como el animal se convierten en “estudiantes” durante el entrenamiento, que dura cerca de un mes.
En el mundo existen unas 65 escuelas de este tipo, ninguna de las cuales posee una sede en la Argentina. En general, se trata de iniciativas privadas que funcionan como fundaciones, dado que los perros —cada uno de ellos valuado en más de 30 mil dólares— no se comercializan en el mercado.
Tal es el caso de “Leader dogs for the blind”, la escuela de Rochester (Estados Unidos) donde obtuvieron sus perros 22 de los 32 ciegos argentinos que poseen hoy un lazarillo.
Entre ellos está un santafesino, Maximiliano Marc, que motorizó la norma en la provincia de Santa Fe y participó de las reuniones en Buenos Aires por la ley nacional (ver aparte).
La norma aprobada a última hora del jueves también establece la “gratuidad” del ejercicio de este derecho y establece una serie de requisitos de habilitación e identificación para que el perro guía sea reconocido como tal, al tiempo que fija una serie de obligaciones para el usuario —como el uso de una correa o arnés para sujetar al animal— y estipula las condiciones higiénicas y sanitarias que el lazarillo debe cumplir.
“Con este proyecto buscamos salvar el vacío legal que impedía a los usuarios de estos canes a ingresar a un lugar de acceso público como lo hace cualquier otro ciudadano”, afirmó la diputada nacional Mariana Juri, quien fue autora de la iniciativa junto a sus pares Ivana Bianchi y Silvia Majdalani.
Además, la ley establece penalidades para “quien de algún modo impida, obstruya o restrinja el goce de estos derechos” y manda a la autoridad de aplicación a promover “la creación de centros de entrenamiento con los organismos nacionales provinciales y municipales que tengan áreas compatibles con adiestramiento canino”.
Dupla inseparable
Se dice que los perros lazarillos son todo para sus dueños. Porque ambos forman un binomio casi inseparable, sobre todo en la calle y en otros espacios públicos.
La importancia que tienen estos animales para las personas ciegas es comprendida en países como Estados Unidos, Canadá o España, donde hay escuelas que entrenan perros de varias razas para convertirlos en guías.
Es más, el Papa Francisco permitió ingresar a una sala del Vaticano a un periodista ciego junto a su perro y los bendijo a los dos. En Argentina no hay escuelas que entrenen esta clase de perros.
Como resultado, sólo 32 personas cuentan con un perro guía en el país, según la Faica. Para conseguir un perro guía hay que viajar a Estados Unidos o Canadá, entrenarse junto a él durante un mes en alguna de las instituciones que los donan y luego traerlo al país.
Los costos del viaje deben ser afrontados por el futuro dueño. Pero en general, en instituciones como Leader Dog, Guiding Eyes for the Blind, Eye Dog Foundation for the Blind, Guide Dog Foundation o Guide Dogs of America, el alojamiento y la capacitación no se cobran.
La causa por la ley pegó fuerte en las redes sociales: en Facebook, el grupo Logremos la Ley Nacional de Perros Guías en Argentina cuenta con más de 10.000 miembros.


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