A pesar de su escasa promoción, en Comodoro Rivadavia también se puede realizar buceo. La actividad cuenta con un número de adeptos que se encuentra en crecimiento. Diario Patagónico accedió a una experiencia única y pudo apreciar las maravillas que la naturaleza oculta bajo el mar de la cuenca del golfo San Jorge.
Sin embargo, lo que parece tan lejano, sucede a pocos kilómetros de la costa de Comodoro Rivadavia, donde se puede bucear en lugares que poseen gran diversidad en flora y fauna marítima, con un paisaje imponente que despierta las mejores sensaciones.
Un periodista de Diario Patagónico realizó el buceo de bautismo junto al instructor Luis Escalada, uno de los profesionales que se dedica a esta actividad marítima.
La experiencia fue única. Sin embargo, hay que recalcar que se debe estar preparado para sumergirse en el océano y que un principiante sólo lo puede realizar con el acompañamiento de un profesional que conozca las costas de la Cuenca del Golfo San Jorge.
LOS PREPARATIVOS
El buceo de bautismo se realizó el 14 de agosto. La tarde de sábado regaló una temperatura más que agradable en Comodoro Rivadavia, teniendo en cuenta el clima natural de esta parte del hemisferio.
Alrededor de las 13:30 un equipo de 8 buzos dirigido por Luis Escalada partió hacia la playa Alsina, también conocida como La Lobería, ubicada a más de 30 kilómetros del epicentro de Comodoro Rivadavia. Varias unidades de tubos de oxígeno, trajes de buzo y equipamiento se necesitaron para realizar la experiencia acuática.
Una vez en el lugar, el instructor de buceo señaló las precauciones que se deben tener bajo el mar: destaparse los oídos bajo la presión, dejarse llevar por los especialistas, no tocar nada que pueda dañar el ecosistema, realizar las maniobras y respetar las señales dentro del mar, y sobre todo no entrar en pánico.
La temperatura del agua rondaba los 7 grados. Alrededor de las 15, y luego de colocarse el equipo de buceo, Escalada ingresó al mar junto a un periodista de este diario.
Ingresaron alrededor de 50 metros mar adentro. Escalada colocó una boya en la superficie utilizando cabos como guía. Antes de sumergirse en el océano, el periodista tuvo que acostumbrarse a la utilización del regulador de oxígeno a través del tubo, debido a que bajo el mar sólo se debe respirar por la boca y en ningún momento la persona se puede quitar la máscara ni el regulador.
Luego de varios intentos, Escalada pudo sumergirse junto al periodista. Una vez abajo del mar todo es diferente; uno solo debe preocuparse por respirar a través del regulador y mantener la calma.
Se alcanzó una profundidad de 7 metros, en una zona donde la fauna y la flora marina es imperdible. Los bosques marítimos presentan una gran variedad de plantas acuáticas: colores azules, rojos púrpura e incluso papas marinas de color naranja se pueden visualizar en las profundidades del mar.
Cuando uno bucea, el silencio parece rantelizar el tiempo. Sólo se escucha el sonido del regulador de oxígeno, mientras se ven subir las burbujas producto de la respiración. Las personas se ven pálidas y los colores puros en todo su esplendor.
Aquellos que deseen realizar esta experiencia pueden comunicarse al (0297) 154728694 o a escueladebuceo@speedy.com.ar o por intermedio de la red social Facebook con Luis Escalada.
Experiencia en primera persona
Mientras uno se va sumergiendo en el mar debe ir compensando los oídos, debido a que cada metro que baja produce que se tapen los mismos. Esto se logra apretando las fosas nasales y soplando con la boca cerrada.
Los animales están en su hábitat y algunos no hacen caso alguno del visitante, mientras que otros escapan rápidamente ante la presencia del intruso.
Resulta imponente ver a estos animales vivos en su ecosistema: pasillos acuáticos repletos de algas, peces de arrecifes, pulpos, escrófalos, paredes enormes que sólo permiten el paso de una persona por vez y túneles de roca que separan el mar de la arena blanca que alfombra el fondo del mar.
Luego de 23 minutos sumergidos en el mar, es momento de volver a la superficie, el peso del cuerpo y el equipo se sienten diferentes, producto de la presión que existe en la profundidad.
De a poco los buzos comienzan a salir a la orilla, solo respirando con el snorkel. Llegando a la tierra se debe gatear y una vez que el equipo sale del agua, se siente su peso real: 25 kilos repartidos en el tubo, el chaleco y el cinturón de lastre con plomo.
Una experiencia única: interactuar con otro tipo de vida y en su hábitat natural, rindiéndose a las formas de vida acuáticas.
Una vez que terminó el bautismo del periodista, llegó el turno de los aprendices que realizan el curso de buceo junto a Luis Escalada. Siete nuevo buzos ingresaron al mar y se sumergieron a 10 metros de profundidad, teniendo la posibilidad de nadar junto a los lobos marinos que deambulan por la zona.
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