Un plazo de unos 30 días, es el que estimó el responsable local de la empresa ASSA, Marcos Medina, para solucionar todos los problemas que presenta la red de distribución domiciliaria de agua corriente.
Algo sobre lo que insistió Marcos Medina, fue que los vecinos al dar a conocer estas pérdidas que advierten en la red, en cualquier lugar que dejen constancia de su existencia, sean precisos en la ubicación de las mismas en cuanto al barrio, calle y numeración, ya que es la manera de evitar pérdida de tiempo en tratar de ubicarlas, de modo especial en este momento de tantas urgencias.
Este es el panorama que existe de parte de ASSA respecto al problema de las roturas de la red, que parecen multiplicarse en este tiempo de más altas temperaturas, provocando pérdidas justo en el momento que el agua más es requerida.
Resulta evidente, frente a la magnitud del problema, que se va actuando frente a la coyuntura y no de manera integral, pues la red de distribución en lugar de repararla lo que necesita es una renovación amplia y acorde a la cantidad de líquido que debe transportar. Pero claro, siempre caemos en el mismo embudo: no existen los recursos suficientes para grandes inversiones.
Siempre dentro de la problemática del agua y del verano en la ciudad, lo que se viene repitiendo sistemáticamente desde hace mucho tiempo, desde que el viejo acueducto que viene de Esperanza no alcanza para satisfacer la demanda, podemos recordar que mediante ese sistema se aporta a la planta local 1.250 m3/hora y que la planta de ósmosis inversa en funcionamiento contribuye con otros 200 m3/hora, totalizando entonces 1.450 m3/h, cuando en los momentos pico de demanda la misma llega a ser entre 1.800 y 1.900 m3/hora. Queda en consecuencia un déficit muy importante, que en el futuro -a fines de marzo se dijo que estaría en condiciones- podrá aliviar un segundo módulo de la planta de ósmosis inversa con otros 200 m3/h, pero que en el mientras tanto se cubre con la reserva de agua de la cisterna, que alcanza para una semana.
Es por esa razón que cuando se producen ciclos de alta temperatura en forma continuada, tal como está ocurriendo estos días, la cisterna queda sin reservas, debiéndose reducir la presión del agua que se inyecta a la red para achicar el consumo todo lo posible. De tal modo, por los desniveles propios de la red, de su precario estado y los deterioros, es que en muchos sectores el agua llega en cuentagotas y en algunos directamente no llega. Pero claro, si se dispone de 1.450 m3/h y se debe atender una demanda promedio de 1.850 m3/h la deducción resulta bastante simple.
Cuando se cuente con el otro módulo de ósmosis inversa -que viene con un retraso de más de un año por la falta de fondos- habrá algo de alivio, pero el problema continuará dentro de similar característica, pues la demanda seguirá siendo mayor al abastecimiento, debiéndose considerar incluso que la población de Rafaela continuará aumentando.¿Cuál es la solución integral y definitiva? No hay otra que el Acueducto Norte, ese que comenzó a construirse muy lentamente con la toma de agua en Desvío Arijón, y cuya primera etapa demandará 4 años para llegar a Santo Tomé y después otro período parecido para la segunda etapa que conectará a Rafaela.
Un lapso más que extenso cuando durante el mismo se tienen que vivir estas situaciones de angustia, y en muchos casos rozando con la desesperación. Existe la posibilidad de apresurar esa construcción, mediante un préstamo internacional que el gobernador Antonio Bonfatti pidió aprobación a la Legislatura, parte de cuyos 500 millones de dólares podrían destinarse a este Acueducto. O bien que la situación económica y financiera mejore lo suficiente para la Provincia que permita inyectar recursos propios en esta obra, indispensable para nuestra ciudad y para cerca de otras 90 localidades que se verán beneficiadas con el agua corriente en cantidad.

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