En San Lorenzo no hay inversión de la prestadora del servicio en la tomas de agua que alimentan la red hídrica de la zona.
En barrios humildes como San Agustín y La Montaña, la gente encuentra dificultades para paliar el problema del agua. Los que pueden compran tanques de 2.000 litros, que los dejan en sus jardines; otros construyen sus propias cisternas, aunque cuestan al menos $13 mil. Muchos directamente llenan del pico los recipientes que pueden. Los cortes son menos frecuentes en estos tiempos de lluvias, pero son rutinarios durante la temporada seca. El poco caudal de agua que recogen las tres tomas que alimentan la red de San Lorenzo influye directamente en la cantidad de agua que hay para repartir entre los usuarios de la localidad. Sin embargo la falta de inversión y planeamiento es evidente. Es lo que se observa en la toma de la quebrada de San Lorenzo, que data de 1935. Más precaria es la forma de capturar el líquido vital en el río Castellanos, donde caños de plástico toman la corriente de frente y casi sin tratamiento va directamente a las casas de los usuarios. Tal vez por eso sale turbia en verano. En Las Costas, una de las dos tomas está totalmente cubierta de piedras.
En los barrios ya los conocen. En algunas partes, como frente al ex matadero municipal, los ven llegar en una camioneta. Luego un operario da vuelta una llave y el agua se corta. Lo mismo ocurre en zonas residenciales.
“Me hice una cisterna con mis hijos y sin contar la mano de obra gasté $13.000. Es la única solución”, dijo Darío Martearena, de 60 años.
La población y las casas de San Lorenzo se multiplicaron en las últimas dos décadas, aunque las estructuras para brindar un servicio tan básico como el del agua potable, siguen siendo prácticamente las mismas.
Agua sucia cada vez que llueve
“Ahora no están cortando. Eso fue un problema grande sobre todo en la época de las fiestas, que estaban más fuertes los calores y nos cortaban todo el día. Ahora el agua viene turbia y con bichitos. Hay que hacer hervir para tomar. Después de la lluvia viene muy barro. No sabemos por qué será. Siempre prometen que van a hacer obras para que llegue potable el agua pero son solo palabras”, dijo Irma Vázquez a El Tribuno.
Silvia y Mercedes viven en unas casas de madera pre fabricadas junto al antiguo matadero municipal. Ellas cuentan con un tanque de 2.000 litros cada una para proveer de agua a sus familias durante los tiempos de cortes. “Durante las fiestas teníamos que pedir agua a la municipalidad, que traían los camiones y nos llenaban los tanques”, recordó Silvia. Mientras llueva no hay cortes. Ahora cuando llueve el agua sale muy sucia”, opinó.
Comentá la nota