"Cuando el crecimiento desmedido de las algas agota el oxígeno disuelto en el agua, ellas mueren, se corrompen y liberan toda suerte de moléculas orgánicas entre las que se cuentan hidrocarburos cíclicos" expresa el Dr. Alberto Achával Giraud en un informe publicado por La Voz del Interior de Córdoba.
“Cuando el crecimiento desmedido de las algas agota el oxígeno disuelto en el agua, ellas mueren, se corrompen y liberan toda suerte de moléculas orgánicas entre las que se cuentan hidrocarburos cíclicos. En contacto con el cloro presente en el agua, o que se añade para 'potabilizarla', se forman hidrocarburos cíclicos clorados que son primos hermanos del DDT (diclorodifeniltricloroetano) y del gamexane (isómero gama del hexaclorociclohexano). Si el agua tiene olor y sabor a gamexane, es porque está contaminada con moléculas muy similares", prosigue.
"No está de más recordar que los insecticidas clorados mencionados han sido prohibidos en todo el mundo porque favorecen la aparición de mutaciones genéticas, de enfermedades neoplásicas malignas, y de otras condiciones tan poco deseables como infertilidad. No puedo dejar de mencionar que estas moléculas no son biodegradables y se depositan en el tejido adiposo. Por ello, los que ingerimos hoy estarán con nosotros hasta el fin de nuestros días, causando daños impredecibles", culmina la publicación en el diario mediterráneo.
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