Así lo confirmó el intendente de la localidad, Gustavo González. Se trata de la primera en Latinoamérica en utilizar el proceso de ósmosis inversa. Según estimaciones, en tres semanas se podría contar con la inserción de tres millones de litros a la red de agua potable de la ciudad destinada al consumo doméstico.
“Hasta ahora la experiencia ha sido completamente exitosa y a este ritmo, con un control riguroso de lo que produce la planta, esperamos que en dos o tres semanas podamos inaugurar con el abastecimiento total, que implica para nuestra localidad duplicar la cantidad de agua potable que se distribuye”, aseguró el intendente Gustavo González.
La obra, detalló el intendente, será de suma importancia para la localidad y podría abrir paso a la producción de sales marinas con “el rechazo” que queda del proceso que actualmente se arroja al mar.
“Ahora el desafío es conseguir los fondos para un segundo módulo que tenemos proyectado y ya fue remitido al ENHOSA”, comentó González.
Los avances en alternativas de recuperación de agua en Santa Cruz no son una novedad, ya que existe una planta similar con capacidad para 12 millones de litros diarios que se espera que esté en funcionamiento en Caleta Olivia a partir de marzo de 2017.
Del mar a la mesa
La novedosa tecnología podría explicarse, a grandes rasgos, en cinco pasos.
El primero trata sobre la captación del insumo, y consiste en tuberías de aducción que conducen el agua de mar hasta un pozo de bombeo construido a resguardo del oleaje y de las pleamares existentes en la zona.
Una vez allí, tres bombas elevadoras llenan un tanque de acero de un millón de litros de capacidad, es decir, la “reserva de agua cruda”.
El segundo paso en el sendero de desalinización está relacionado con la inyección de agua de mar en las instalaciones de la ósmosis inversa (que se encuentran dentro de una nave industrial de 500 metros cuadrados), donde se activa la separación de los sólidos disueltos presentes en el agua cruda de mar, con el uso de membranas semipermeables.
Tras la división de estos componentes, el agua que no atraviesa la membrana sale del sistema junto con las sales presentes en el agua de alimentación, lo que se denomina “salmuera”, que a su vez es devuelta al mar para su dilución mediante una tubería de desagüe de 0,6 metro de diámetro que aleja la descarga de la zona de captación de agua unos 500 metros. De esta manera, se evita todo riesgo de recirculación del insumo.
Con el agua permeada, se la somete -ya en la próxima etapa del proceso- a la “remineralización” para mejorar el pH (coeficiente que indica el grado de acidez o basicidad de una solución), y luego es bombeada a una cisterna de 2,5 millones de litros, ubicada a 6,5 km de distancia de la planta desalinizadora y elevada unos 60 metros del nivel de ubicación de la planta de ósmosis inversa. Una parte importante de toda esta metodología involucra a la subestación eléctrica necesaria para el correcto funcionamiento de las instalaciones.
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