Claudio Cortes, un docente con cuatro hijos agoniza en una clínica local producto de un accidente cerebro-vascular irreversible, agravado a partir de que la ambulancia que lo transportaba desde el extremo fue bloqueada por un grupo de aborígenes que llevaba adelante un corte sobre la ruta 39.
Los manifestantes no aceptaron explicación alguna del chofer y médico sobre la extrema gravedad del cuadro y la ambulancia quedó a la vera del camino sin siquiera posibilidad de buscar un camino alternativo, por lo que cuando fue liberado el vehículo habían transcurrido un tiempo vital para la sobre-vida del docente.
Sonia Vera, la mujer de Cortes, que también es maestra en la zona, brindó un desgarrador testimonio de lo ocurrido, y entre lágrimas imploraba a Dios, porque “los médicos me dijeron que Claudio está casi muerto”. Expuso conmocionada acerca de la demora que tuvo la ambulancia en el corte de ruta 39, afirmando que “fue crucial” para agravar el estado de su esposo, actualmente internado en gravísimo estado en una clínica local.
“Mi esposo es un docente itinerante, con su motito recorre distintas escuelas, es director del colegio secundario Núcleo Teuquito, se llama Claudio Cortés, tiene 35 años, y no puedo creer lo que estamos viviendo con mis hijos”, expuso.
“La ambulancia habrá estado a las 13,30 horas y recién pudo pasar a las 17”, reveló, para añadir que “en esto el tiempo es vital. Fíjense, veinte minutos con este ataque cerebral hemorrágico es un montón me dijo el médico, en este caso fueron horas, y cuando estuvo ahí detenido sufrió dos ACV mas”, exclamó con desazón.
“Por favor respeten el derecho de otras personas, está todo bien si ellos reclaman, lo que piden, pero por favor con las personas que están enfermas, cuantos chicos, ahí hay muchas personas enfermas, un poco de solidaridad, de humanidad. En los casos en que pueden esperar dos o tres horas que se levante un corte, pero una ambulancia, por favor, ponerse la mano en el corazón”, clamó, al tiempo de hacer un llamamiento a muchas de las organizaciones que se rasgan las investiduras en defensa de los derechos humanos defendiendo a gente como esta que no permitió que una ambulancia con un ser humano agonizante pasara. “En este caso se llevó la vida de mi esposo, porque me dicen que él ya está muerto, si lo desconecto en quince minutos, se muere. No tiene más remedio, es irreparable el daño cerebral que sufrió porque fueron muchísimas las horas que se demoró la ambulancia”, expuso para marcar el contrasentido de que quienes impidieron el paso de la ambulancia es gente que lo conocía, y que su esposo “daba la vida por los aborígenes, diariamente hacía muchísimos kilómetros en su moto para enseñar a los niños y jóvenes de las comunidades, tenía un gran amor por ellos y para que aprendieran”.
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