Delegados gremiales de Agmer del departamento Isla recorrieron junto a EL ARGENTINO las escuelas rurales Nº 7 Juan Bautista Alberdi y la Nº 26 “Bernardo Alberto Houssay”, para relevar problemas de infraestructura, condiciones laborales de los docentes y disponibiliad de agua potable.
Para los docentes no es nada sencillo formar a las nuevas generaciones de isleños y como dice la directora Gladys Cepeda de la Escuela 7 ubicada en el Arroyo Negro, “hay que tener verdadera vocación docente para estar aquí”.
Hablar de un niño rural de la isla, es hablar de inocencia, de una infancia feliz, cerca de la naturaleza y de un enorme sacrificio para asistir a diario a la escuela, donde solo el paradisíaco paisaje, cubierto de álamos, ceibos y sauces a la veda de arroyos y canales, logran mitigar el largo viajes diario de tres hora (ida y vuelta) bajo un ruido ensordecedor de viejas embarcaciones de casco de chapa y cubierta de madera, cuyo motor en máxima aceleración, hace que el ruido llegue a los 92 decibles dentro de la embarcación según un estudio del gremio docente.
Por la lejanía y las dificultades que presenta el transporte acuático, los chicos de la Isla rara vez logran alcanzar los 180 días de clase que exige el Ministerio de Educación de la Nación. El promedio llega a 130 o 140 días, dado que las clases se suspenden no solo por lluvia, también por neblina, inundaciones, paros, lanchas que se rompen y están meses a la espera de ser arregladas o dificultades en el suministro de agua potable en las escuelas.
Esto fue lo que le sucedió a la familia Brasiche y Roa, una de las familias más alejadas de la planta urbana de Paranacito a casi una hora en lancha y a 20 minutos en lancha del Puerto de Nueva Palmira Uruguay.
La familia vive de la pesca y la madera, además como cuenta Luis Miguel de 28 años, “teníamos chanchos y pollos pero las inundaciones se los llevó”.
Luis tiene apenas el 2° grado terminado, y por las dificultades que se le presentaba poder ir a la escuela, su padre decidió que se dedicara a trabajar, lo mismo le pasó a su hermano Santiago de 16 años, que ni siquiera pudo terminar primer grado, pero Luis no quiere el mismo destino para sus dos hijos pequeños.
La lancha que llevaba a dos chicos de esa familia, se rompió y desde junio hasta septiembre no pudieron asistir a clase.
Las dificultades logísticas son enormes para un Estado que ve un creciente costo en el transporte de los chicos, al tener una estructura sobredimensionada y una flota de lanchas con una antigüedad promedio de 30 años con altos costos de mantenimiento.
Lanchas con capacidad para 34 personas, solo transportan tres chicos, dado que muchas familias dejaron las zonas rurales en busca de más oportunidades laborales y de vivienda digna en los centros urbanos más cercanos.
La economía de la Isla comenzó a decrecer cuando la empresa Celulosa Argentina, que se encontraba en Ibicuycito, se fue y con su retirada, dejó decenas de aserraderos cerrados, clubes sociales abandonados casas convertidas en taperas.
Una triste postal de aquel momento soñado es el edificio de la escuela 8 (hoy 21) que para los años 80 contaba con 150 alumnos, hoy solo alberga a ocho alumnos en un edificio inmenso con salón de acto y escenario, donde alguna vez fue colmado por los familiares de los chicos que iban a ver las representaciones durante los actos patrios.
La bandera Argentina sigue flamenado en el mástil de la escuela 8, como un llamado a la resistencia a un modelo político y económico que se muestra incapaz de evitar que los pueblos rurales salgan de su lenta agonía.
En los últimos 15 años se cerraron solo en Paranacito tres escuelas, las del arroyo Merlo, la del Ceibo y la del Bravo.
Otras que en su momento fueron albergues, devinieron en escuelas de jornada completa y luego pasaron a ser de personal único como sucede con la escuela 23 (hoy 26) “Bernardo Alberto Houssay”, que pasó de 19 alumnos en 2010 cuando era de jornada completa a cinco en la actualidad, dos de los cuales son chicos con capacidades diferentes, que asisten a clases tres días a la semana.
La Escuela 26 es la única escuela isleña de frontera que hoy queda abierta y su única maestra Mercedes Naef, duda sobre el futuro del establecimiento si la matricula escolar sigue decreciendo como hasta ahora.
Para José Luis Regalado secretario adjunto de AGMER seccional Islas, e integrante de mesa paritaria con el Gobierno provincial, la escuela del Bravo es un caso emblemático. “Durante la presidencia de Menem se construyeron los edificios de la Escuela 18, la 3 del Arroyo Sagastume, que puede verse al ingresar a Paranacito, ambas del mismo formato arquitectónico. Ese mismo modelo de edificio se aplicó en las escuelas que están dentro de la Isla, la 14 de Ñancay y la 13 de Arroyo Hondo. En aquel momento se hicieron muchas escuelas, como la del Bravo, pero esa escuela se terminó de construir y nunca fue inaugurada como tampoco funcionó por falta de alumnos, porque la construyeron en un lugar donde no había gente. Es allí donde nos damos cuenta cómo se hacen las cosas sin planificación”.
El Estado tiene un compromiso de garantizar la educación de las nuevas generaciones, pero también tiene una responsabilidad en equilibrar sus finanzas, para evitar déficit que luego condenen y quieten espacios de maniobra a futuras gestiones provinciales.
“Se debe garantizar la educación sea un chico o cincuenta, es por eso que se deben evaluar estrategias con el fin de que se puedan realizar el servicio de transporte para todos como lo dice la Constitución provincial y nacional, pero a su vez al Estado le tienen que cerrar las cuentas. El problema hoy es el déficit que tiene en las distintas áreas por falta de controles. Aquí se compraron dos lanchas nuevas por 500 mil pesos, cuando el valor real del mercado eran 100 mil pesos, dónde está el dinero restante”, se preguntó Regalado.
“Si en el departamento se tiene transporte escolar contratado por 3200 Km diarios pero al CGE le están pasando 3700 Km estamos hablando de 500 Km de más a 7 pesos por kilómetros, son 3500 pesos diarios que se pierden por recorridos que no se hacen”, dijo.
“Una lancha escolar con más de 30 años de servicio con seis horas de funcionamiento gasta 12 litros de gasoil por día, y para llevar a tres chicos como sucede en la Escuela 26, gastará 240 litros de combustible al mes. En cambio una lancha rápida va a gastar entre seis a ocho litros, dado que al ser motores más modernos permitirá un desplazamiento más rápido, evitando que el chico tenga que soportar tres horas diarias de intenso ruido, reduciendo el recorrido sustancialmente con un gasto sensiblemente menor, pero el Estado no quiere hacer esa inversión”, concretó.
Mientras tanto, otro debate comienza en la Isla, y es sobre qué utilidad se le puede dar a los edificios escolares abandonados, que durante todo este tiempo fueron víctimas del pillaje y el vandalismo.
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