¿Frente a otra simulación?

Por: Ricardo Kirschbaum.

¿A quién creerle? ¿A la vocación negociadora de Pampuro? ¿O a la cerril negativa de Randazzo? Quizá no hay que confiar en ninguno porque, ya se sabe, el diálogo y la negociación han sido, para el Gobierno, una simulación para ganar tiempo, recuperar fuerzas y asestar otro mazazo cuando las condiciones estén dadas.

¿Eso es lo que ahora está pasando? El Gobierno quiere salvar el DNU y, si puede, evitar la guillotina política para Marcó del Pont. En los dos casos, si se mantiene la unidad de la oposición, su suerte está echada. Por eso, intenta abrir un canal de negociación con Pampuro, mientras el coro kirchnerista rechaza cualquier entendimiento. Son maniobras distractivas, ambas.La oposición está por primera vez en la ofensiva y puede imponer condiciones. Por ejemplo, rediscutir el Presupuesto 2010 y buscar de qué manera se puede pagar la deuda sin meter mano a las reservas. Ese es uno de los puntos centrales de la cuestión y allí la oposición debería ser más aguda y creativa para demostrar que se recurre al Banco Central porque lo que estaba asignado para la deuda está siendo utilizado para la política interna.

Difícilmente el Gobierno acepte reabrir el debate sobre el Presupuesto y, menos aún, sobre la emergencia. Teme perder las herramientas que hacen que la reasignación de partidas se haya convertido en una poderosa arma política. Y tampoco Cristina quiere entregar la cabeza de Marcó del Pont, quien ya ha advertido que si el Senado le niega el acuerdo dejará el Banco Central.

Ante la posibilidad de otra derrota parlamentaria, y con el horizonte oscuro en la Justicia, el Gobierno busca alternativas y oscila entre la negociación y el desacato abierto.

Eso explica los gestos contradictorios del oficialismo frente a una oposición que necesita distinguir la necesidad del engaño.

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