Desde Inspección General aseguraron que disminuyó la cantidad de casos en Mar del Plata. Las verdulerías encabezan el ranking de denuncias. Los vecinos dicen que muchos comerciantes invaden las veredas.
"La usurpación bajó en forma categórica -dijo el funcionario-. Le hemos devuelto la accesibilidad y transitabilidad a las veredas. Así, logramos que los transeúntes, fundamentalmente los discapacitados y ancianos, puedan caminar sin obstáculos".
Inspección General recibe, en promedio, cinco reclamos diarios de ocupación indebida. Un dato: las verdulerías encabezan el ranking de denuncias. Según las normas vigentes para el ordenamiento de la vía pública, los locales que venden frutas y verduras sólo están autorizados a mostrar lo que ofrecen al público de la traza municipal hacia adentro.
Similares restricciones alcanzan a otros rubros. Por ejemplo, los autos de las concesionarias no deben estar en la vereda. Y a los puestos de flores no les corresponde extenderse más allá de la estructura metálica con la que cuentan. En cambio, los comercios dedicados a la gastronomía tienen que pagar un canon a la Municipalidad para utilizar la vía pública, y respetar una condición: no deben dificultar "la transitabilidad ni visibilidad de los peatones ni vehículos".
Respecto a mesas y sillas, la ley es muy clara: las mesas rectangulares no pueden tener más de 75 cm x 50 y el diámetro de las redondas no debe superar los 60 cm. Si la vereda tiene un ancho de entre 3 y 4 metros sólo se puede colocar una hilera de mesas con dos sillas y nunca pegadas a la línea de edificación. Es decir, entre la vidriera y la hilera de mesas tiene que haber 1,80 metros. Otro detalle: si el local tiene toldo, no puede colocar parasoles o lonas, tipo carpa.
"La ocupación indebida es uno de los temas que más le preocupan a la Municipalidad. Estamos trabajando intensamente para recuperar el espacio público en veredas, playas y paseos", señaló Bruzeta. En ese sentido, reveló que el año pasado fueron retirados de la costa más de 6.500 carteles que generaban contaminación visual.
Pese a que no está permitido, los vecinos dicen que muchos comerciantes invaden las veredas y reciben fuertes multas. Además, denuncian que hay venta callejera ilegal, obras en construcción y hasta indigentes que las ocupan. Pero indistintamente de su tamaño, aspecto y ubicación, hay algo que las identifica: "son la pista de una carrera de obstáculos", afirman. Y, en contraposición con la visión de la Municipalidad, aseguran que las veredas están regadas de maceteros, mesas y sillas, motos y bicicletas de delivery, todo tipo de artículos a la venta -desde verduras y frutas hasta autos-, cajas de tendido eléctrico y telefónico, puestos de flores, diarios y paradas de colectivos "con una medida desproporcionada" y artesanos. También sostienen que las veredas sirven de extensión para algunas actividades comerciales, por ejemplo, lavaderos de autos, concesionarias, talleres mecánicos y obras en construcción. Unos y otros se disputan el espacio público. Los comerciantes por un lado y los peatones por el otro. La ocupación indebida cobra nuevas formas y provoca quejas. A pesar de que existen normas que ponen límites al uso de las veredas para actividades privadas con fines de lucro, "en las áreas comerciales de la ciudad no son pocas las utilizadas como extensiones de locales de diferentes rubros, dejando estrechos corredores en sectores de intensa circulación peatonal", coinciden los vecinos.
El crecimiento de la pobreza ha llevado a cada vez más amplios sectores a sobrevivir en las calles. Desde cartoneros que recorren la ciudad buscando en la basura elementos reciclables hasta jóvenes que limpian los parabrisas de los autos o hacen malabares en las esquinas para conseguir algún ingreso.
Otro sector importante es el de los vendedores ambulantes. Estos se dividen en distintos grupos. Uno es el de los que ofrecen comestibles o artículos diversos a los automovilistas que se detienen en los semáforos, o que suben a los medios de transporte a vender sus mercancías.
Un segundo grupo lo componen los que se instalan en las veredas de arterias importantes y ofrecen artículos de la más variada procedencia, incluidos alimentos. Entre ellos, están quienes se instalan en la vía pública por razones de subsistencia y también quienes en rigor son empleados de organizaciones de venta clandestina. Este sector es el que más resistencia genera entre transeúntes, vecinos y comerciantes. A los primeros les molesta la ocupación de las veredas, lo que dificulta la fluidez de la circulación, sobre todo cuando se ubican en esquinas o frente a paradas de colectivos. A los segundos les afecta la suciedad que se genera. Y los comerciantes establecidos se quejan de la competencia desleal que este tipo de actividad supone y porque la instalación frente a sus vidrieras interrumpe la visibilidad y el acceso a sus productos y degrada la calidad del lugar
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