El afilador de los barrios que llega al centro el fin de semana

El afilador de los barrios que llega al centro el fin de semana
Trabajadores. Ramón anuncia su paso en bicicleta con la armónica fosforescente. Hace 21 años que realiza el oficio que aprendió de “uno de los más grandes”. Sacó adelante su familia con tres hijos. Tiene clientes fijos en la zona oeste de Paraná a los que visita en su bicicleta.

Ramón vive en barrio Balbi y tiene clientes en San Agustín, Mosconi, Humito, Bajada Grande y Paraná XVI. Se recorre el oeste completo de Paraná con su bicicleta y la armónica fosforescente con la que se anuncia puerta por puerta. Cada tanto visita sus puntos fijos del centro en donde sabe que lo están esperando. Ayer le afiló varias tijeras a una modista a la que no le dan las manos para cortar tanta tela para todos los vestidos que tiene que confeccionar con esto de las fiestas y recepciones de fin de año.

En la esquina, a la sombra, apoyó la bicicleta sobre el caballete y comenzó a pedalear para que giren sus materiales de trabajo. Son dos rueditas, “Una piedra de medir y una lija. Si tenés un cuchillo más fino lo pasás por la piedra de medir. Si lo tenés que gastar, lo pasás por la piedra que es la más gruesa”, detalló el afilador que además despejó algunas dudas que se generaron en la Redacción de UNO.

—¿Son competencia los afiladores que venden en la calle (y rondan los 60 pesos)?

— No, porque son solo para cuchillos (los afiladores) y yo afilo también tijeras.

—En el campo dicen que un buen cuchillo, si pasa por el afilador, pierde cuerpo y en dos afiladas te quedás sin el compañero para cortar. ¿Qué hay de cierto?

—Puede pasar, pero con los afiladores que tienen un motor eléctrico. Porque los queman a los cuchillos. Se pasan de revoluciones.

Después de esclarecer estas dos cuestiones siguió con su trabajo que depende de un mecanismo básico: Las piedras están conectadas por un hilo a una pequeña llanta, dentro de la rueda original, que gira cuando el afilador pedalea.

Por eso, con la fuerza que le imprime, las piedras afilan o cortan, más o menos.

Con esto días de mucho calor trata de regular, no por el desgaste físico que le requiere pedalear sino que se está cuidando de la presión alta. Se acostumbró a llevar una botellita de agua que guarda en el canastito junto con la armónica.

Es que su jornada laboral arranca a las 10 y está finalizando cerca de las 14. Asegura, que en los días buenos se vuelve a casa con unos 500 pesos. Es que tiene cada vez más clientes entre los cocineros (profesionales y amateurs) y las modistas tanto de barrios como las del centro que tienen aspiraciones en la alta costura.

También están los que se compraron los cuchillos en Federal, por ejemplo, y les gusta mantenerlos bien afilados. Es que pasan los años y algunas costumbres, se siguen manteniendo.

Necesidad y placer

Ramón Godoy aprendió a los 21 años el oficio de ser afilador. Su maestro fue el recordado Raúl Soriano. Hoy a los 45 años afila los fines de semana y los feriados. Ahora sale durante la semana porque está de vacaciones en su trabajo que realiza en el CIC de La Floresta. Es de Paraná, vivió un tiempo en San Nicolás y volvió a la capital provincial. Con Graciela, su esposa, tuvieron tres hijos: Nicolás, Leylen y Enzo.

Con su voz calma cuenta que siempre le fue bien. Que desde 1991 se gana la vida afilando todo aquello que sirva para cortar.

En la ciudad tiene seis colegas que afilan a pedal, otros andan con motor eléctrico y también están los que atienden en sus propios locales.

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