Es consecuencia de la amplia superficie impermeabilizada de la zona urbana, las acequias sucias y la limitada capacidad de los diques del pedemonte.
Ya existen antecedentes de hechos inusuales provocados por tormentas en la provincia. En enero de este año, las intensas y reiteradas lluvias en alta montaña causaron numerosos aludes. En febrero de 2011, un temporal generó grandes anegamientos en calles y que varias viviendas se inundaran. Y un poco más alejado en el tiempo, en la década del 70, la acumulación de agua en pocos minutos excedió la capacidad del dique Frías, que se rompió y el líquido fue arrastrando todo en su camino hacia la Ciudad.
El director de Hidráulica de la provincia, Marcelo Toledo, comentó que en Mendoza hay muchas pendientes, por lo que el líquido escurre rápidamente, y escasos sectores en los que el agua se acumula por más de un día. Estos lugares son: Perdriel, Agrelo y Ugarteche, como también Rodeo del Medio y Rodeo de la Cruz, que como se trata de zonas bajas, suelen sufrir anegamientos. El mayor riesgo en estos sitios es que si bien tradicionalmente predominan las fincas, se han empezado a construir barrios, tanto operatorias de vivienda como emprendimientos privados.
En un sentido similar, Alberto Vich, ingeniero en Recursos Hídricos del Ianigla (Instituto Argentino de Nivología, Glaciología y Ciencias Ambientales), señaló que cada año, con las tormentas estivales, cuando caen unos 30 o 40 mm, se observan inundaciones en algunas calles. Entre otras, enumeró San Martín de Ciudad (aunque no tanto desde su remodelación), Pellegrini de Godoy Cruz, el carril Godoy Cruz de Guaymallén (sobre todo de Mitre hacia el este) y diversos sectores de Chacras de Coria.
Sin embargo, Vich planteó que la situación más compleja se presenta en las zonas rurales periféricas al núcleo urbano, porque hacia allí se escurre el líquido que viene del pedemonte y pasa por la Ciudad. Y el mayor inconveniente, indicó, no es sólo la llegada de un gran caudal de agua, sino que está contaminada por la basura que ha ido encontrando en el camino.
Inclinación y velocidad
Diego Araneo, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos del Ianigla, detalló que en Mendoza, a diferencia de Buenos Aires, precipitaciones mucho menos intensas pueden provocar grandes daños. Esto se debe a que el relieve montañoso conduce la masa de agua a superficies muy reducidas, por lo que, aún cuando caigan -relativamente- pocos milímetros, es posible que generen crecidas muy grandes en pocos minutos.
El director de Hidráulica indicó que en la provincia hay distintos tipos de precipitaciones. La convectiva implica que en una hora cae mucha agua, que escurre a gran velocidad y por eso puede arrastrar piedras, troncos u otros objetos. Y la de tipo frente -que puede llegar del Atlántico como del Pacífico-, cuando llueve durante varios días, lo que conlleva que el suelo está más saturado (fue lo que provocó los aludes en alta montaña).
Capacidad insuficiente
Para Alberto Vich, la capacidad de los desagües en el Gran Mendoza está prácticamente colapsada, ya que la ciudad ha crecido muchísimo y se ha extendido hacia el oeste -un área aluvional-, con lo que se ha perdido la vegetación natural y el escurrimiento superficial se incrementa, porque la tierra no absorbe. Pero incluso en los núcleos urbanos casi ha desaparecido el corazón de manzana, que creaban los patios en la parte de atrás de las casas, y también recibía la lluvia.
La impermeabilización del suelo provoca que, ante una precipitación similar a la de hace décadas, la creciente pueda ser mayor. Vich añadió que, pese a todos estos cambios, desde la década del 70 se han construido muy pocos desagües aluvionales nuevos. A lo que hay que sumar que la gente tiene poca conciencia de esta situación y las acequias están llenas de basura, lo que provoca taponamientos que impiden la circulación del agua.
Máximo esperable
Marcelo Toledo explicó que para el proyecto del sistema de presas Chacras de Coria (ver infografía) se hizo un estudio con el objeto de determinar la precipitación máxima probable, de acuerdo a la temperatura y humedad del Gran Mendoza. Así se estableció que el valor es de 160 mm por hora, para un caso extremo. Como contraparte, los diques de contención en el pedemonte -el Frías, el Papagallos, y el Maure- fueron construidos entre los años ?30 y ?40 y diseñados para soportar menos de 110 mm por hora.
Para reforzar el sistema y aumentar el nivel de seguridad hidrológica se proyectaron las presas de Chacras de Coria, con el colector Blanco Encalada y los trasvases de la cuenca del Papagallos al Frías y del Maure a Chacras.
De todos modos, coincidió con Vich en que la vulnerabilidad está aumentando porque se ha llegado al millón de habitantes en el Gran Mendoza y el sistema de drenaje existente, que se sostiene en las acequias, ha dejado de cumplir eficientemente su función por la basura que la gente arroja. Por eso, cuando caen 40 o 50 mm ya se observan anegamientos en ciertas calles.
Se prevén más precipitaciones
Diego Araneo, doctor en Ciencias de la Atmósfera y los Océanos del Ianigla, explicó que muchos de los modelos que se utilizan para estudiar al cambio climático están previendo un aumento en la frecuencia de eventos meteorológicos extremos, como también la ocurrencia de fenómenos de los que no se tiene registro.
El especialista aclaró que no sólo se incrementarán la temperatura y las precipitaciones, sino que también irán acompañadas de otros fenómenos extremos, por lo que se pueden esperar olas de frío y de calor, tormentas severas y sequías. Asimismo, indicó que se debe esperar un tiempo y hacer más estudios para determinar si las ocurrencias actuales responden al cambio climático o a la variabilidad natural de la atmósfera.
Araneo resaltó, sin embargo, que los hidrólogos pueden diseñar mapas de riesgo, que tomen en consideración las particularidades del relieve mendocino, para prevenir efectos dañinos y hacer una planificación territorial adecuada.
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