Advierten que habrá "tolerancia cero" a las picadas ilegales

La comuna anunció la compra de cuatro radares, entre fijos y móviles, para controlar las velocidades en la avenida Cabrera, la autovía Juan Pablo II y el Camino de La Carrindanga. Remarcan que es necesario un trabajo conjunto con la policía.
El municipio anticipó ayer que iniciará una política de "tolerancia cero" en cuanto a la realización de las picadas ilegales que cada lunes por la madrugada se realizan en avenida Cabrera, la autovía Juan Pablo II o el Camino de La Carrindanga.

Así lo anunció ayer el subsecretario de Gobierno y Protección Ciudadana, Andrés Castillo, quien afirmó que el intendente Gustavo Bevilacqua ordenó implementar medidas que tiendan a ponerle fin a la peligrosa concreción de esas carreras clandestinas.

Las medidas de la comuna se tomaron a raíz de la publicación de "La Nueva Provincia" , que en su edición de ayer reflejó el testimonio de varios testigos que afirmaron que esas carreras callejeras se realizan en las vías de acceso a la ciudad, sin que ninguna autoridad las impida.

"El problema de las picadas es una preocupación para el municipio, que si bien no tiene la competencia para sancionar a quienes las realizan --sería responsabilidad de la policía, se indicó-- pretende tomar medidas para que no continúen poniendo en peligro la vida de terceros", explicó Castillo.

La ley nacional Nº 26.362 establece que este tipo de prácticas son un delito penal con condenas de entre 6 meses y 3 años de prisión.

Castillo aseguró que analizan diferentes posibilidades para resolver el problema. La primera será la adquisición de cuatro radares fijos y móviles, de un valor de 240.000 pesos aproximadamente, que tendrán el fin de controlar los excesos de velocidad.

"Calculamos que la compra se realizaría en unos 20 días. Hoy mismo --por ayer-- armé un expediente administrativo para conseguirlos lo más rápido posible", contó el funcionario.

También sostuvo que podrían colocarse cámaras de vigilancia o llevar adelante operativos en conjunto con la Policía para realizar controles que efectivamente limiten la actividad.

"Nuestra intención es disuadir a quienes llevan adelante esas carreras, aunque si detectamos que los excesos de velocidad se repiten vamos a realizar infracciones o secuestro de vehículos porque esta gente pone en peligro a toda la sociedad", dijo.

Luego confirmó que en los últimos tiempos se recibieron múltiples denuncias vecinales al 0-800-666-2244 aunque la actividad continúa vigente desde hace años porque los organizadores cambian los lugares para correr o desaparecen por unos meses para evitar ser atrapados.

"Queremos compartir este trabajo con la policía. Hablé con el comisario mayor Gustavo Maldonado y nos dio todo el apoyo para enfrentar la situación. Muchas veces sucede que la policía tiene escasos recursos para controlar por su cuenta, por eso analizaremos la realización de operativos conjuntos", contó.

Castillo agregó que el problema también surge por no poder ofrecer un lugar adecuado para la realización de eventos deportivos de ese tipo, aunque dijo que la paralización de obras en el Autódromo Ezequiel Crisol no debería ser una excusa para organizar carreras en la vía pública.

"Los inspectores del Cuerpo Unico de Inspectores Municipales (CUIM) nos han explicado que esta gente no respeta nada. Huyen por las banquinas y hasta les tiran los autos encima", afirmó.

Lo saben todos. Durante las primeras horas del lunes, mientras varias familias ingresaban a la ciudad por avenida Cabrera provenientes de Monte Hermoso, Pehuen Co o Sierra de la Ventana, unos 30 autos realizaban picadas por esa calle y la autovía Juan Pablo II.

Los testigos de las picadas aseguraron que la escena se repetía cada lunes a la madrugada como una cita casi obligatoria, sin que las autoridades policiales o municipales pusieran un freno a la actividad.

"Sabemos que el lunes hubo picadas, que había varios espectadores en las banquinas y se realizaron apuestas. Se registraron varias denuncias vecinales por ruidos de escapes y por los peligros que conlleva la actividad, pero no pudimos intervenir", contó un inspector de la guardia del CUIM.

También dio detalles de un operativo cerrojo realizado hace un mes, en el cual dos grúas del organismo municipal cortaron el tránsito en diferentes sentidos de circulación de la autovía Juan Pablo II con el fin de atrapar a quienes corrían.

"Fue un desastre. La escena parecía salida de la película Rápido y Furioso , con autos huyendo por calles de tierra, inspectores en medio de la calzada intentando frenarlos, persecuciones por todos lados. Por suerte no ocurrió una tragedia", contó el inspector.

El titular del CUIM, Gustavo Altuna, confirmó la veracidad de ese operativo para luego explicar que a pesar de tener voluntad para ponerle fin al problema, no tiene competencia para emitir las sanciones que corresponden.

Antecedentes que enlutaron a la ciudad y el país

La Carrindanga, Alem, el Camino Parque Sesquicentenario, la antigua ruta a Punta Alta, Cabrera y la autovía Raúl Alfonsín-Juan Pablo II han sido con el paso de los años los sitios elegidos por los amantes de las picadas ilegales, ya que las organizadas con su correspondiente habilitación en el autódromo de Aldea Romana dejaron de realizarse debido al inicio de las hoy inconclusas obras de repavimentación del circuito.

Para resaltar la gravedad del problema quizás haya que remontarse a una caso emblemático, ocurrido en 1999, cuando Sebastián Cabello corría por una calle de Buenos Aires, a 160 kilómetros por hora, y estrelló su Honda Civic contra un Renault 6 en el que viajaba una madre con su hija de 3 años, quienes fallecieron carbonizadas dentro del rodado. El joven recibió 12 años de cárcel, aunque luego se redujo esa pena a 3 años y quedó en libertad.

Seguramente los bahienses más memoriosos recordarán la trágica desaparición de Mario Antozzi, en el año 2000, mientras corría una picada en La Carrindanga.

Antozzi tenía 21 años y era un fanático de los autos. Aquella fatídica jornada conducía un Daihatsu Charade cuando un espectador, a bordo de un Ford Falcon (que nunca fue identificado), intentó dejar el lugar y retomar la ruta, pero no vio que en ese instante venían acelerando a fondo Antozzi y un Renault Megane.

Según testigos de aquel accidente, el Falcon golpeó al Charade en la rueda trasera y este perdió el control, comenzó a dar tumbos y cayó sobre algunos autos que observaban las carreras.

"Jamás olvidé el instante en el que giré la cabeza y vi las luces del auto a varios metros del piso, volando hacia la gente que estaba en la banquina. Fue terrible", comentó un testigo a este diario.

Otro hecho relacionado con las competencias callejeras se produjo en 2004, cuando dos jóvenes, de 16 y 24 años, murieron mientras se dirigían a presenciar las picadas hacia la rotonda de la avenida Cabrera.

Varios testigos explicaron lo ocurrido: el Fiat Vivace perdió el control en plena recta, impactó contra un poste de alumbrado y se partió a la mitad, dejando a sus siete ocupantes tirados sobre el asfalto.

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