Los custodios dicen que la Municipalidad redujo a la mitad los empleados asignados a los terrenos.
El cuidador, de 40 años, dijo que durante el ataque temió por su integridad. “Rompieron el vidrio de la pieza donde están las dos cuchetas y el mosquitero de la ventana donde sería la cocina. Teníamos un bidón con agua pero lo tuvimos que sacar para que no lo roben. Sólo me quedé con el handy, con el que me comunico con la Dirección de Tránsito”, comentó el empleado que en abril comenzó a custodiar los terrenos, donde actualmente se erigen unas diez casillas, algunas con antenas de “Direct TV”.
Los trabajadores municipales se reparten en cuatro turnos laborales. “Sacaron gente porque la necesitaban para Tránsito”, reveló. “Desde que pasó esto nunca vino el director de esa área (José Pereyra)”, sostuvo.
Tampoco fueron escuchados cuando pidieron que les cambien la casilla, ubicada detrás de la ex estación. “En este sector estamos descuidados. No tengo frazadas porque tengo miedo que me las roben. Pedí agua a la mañana y hace una hora y media que no tengo novedades”, dijo desesperanzado, a tal punto, que se le cruza por la cabeza renunciar luego que cobre el sueldo el próximo mes. Pero asegura que se le hace difícil tomar una decisión porque tiene tres hijos.
Quinteros comentó que paradójicamente son los pobladores que viven de manera ilegal los que muchas veces ayudan a defenderlos de los ataques de las patotas. Los municipales aseguran que sufren amenazas desde el primer día que empezaron a custodiar los terrenos.
Los efectivos de la Federal están a una cuadra de distancia y para llamarlos, cada vigilante tiene que utilizar su teléfono celular. “Tengo que darle de comer a mis hijos, no puedo gastar en un llamado”, explicó el hombre que percibe poco más de tres mil pesos por mes.
Hace dos semanas atrás, a Sergio Sosa, otro empleado, le rompieron el parabrisas de su auto y por eso, ya no lo lleva más a trabajar.
“Estoy muy enojado, la verdad que así no podemos sostenernos más”, dijo con indignación.
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