'Los adultos nos hemos inventado la idea romántica de que los niños son felices'

'Los adultos nos hemos inventado la idea romántica de que los niños son felices'
La noticia de la muerte de Brandon, el niño de 11 años que se habría quitado la vida colgándose con su propio cinto del extremo de una cucheta, nos golpeó como sociedad y generó que algunas personas e instituciones expresen su opinión y pongan el tema en debate.

A continuación, publicaremos el texto que el Dr. Juan Manuel Iglesias, reconocido pediatra de nuestra ciudad, colgara en su página de Facebook. La publicación 'Hay algo que me obligó a replegarme. No pude estar en el Face. Y eso fue producto de la noticia del suicidio de un niño. Me golpeó mucho. Por eso decidí escribir algo sobre este tema', explicó Iglesias en su escrito. El método más utilizado por los niños y adolescentes para realizar un intento de suicidio es la ingesta de medicamentos obtenidos en el hogar. Los niños y adolescentes con intento de suicidio muestran una prevalencia del 100% con trastornos psicopatológicos y 32% con antecedentes de intentos de suicidio previo, de ellos el 70% sin tratamiento y seguimiento sanitario adecuado. Las patologías asociadas con mayor frecuencia a los intentos de suicidio en niños y adolescentes son la depresión en 12%, el trastorno de conducta disocial en 50%; en 22% consumen sustancias, en 20% de los casos viven violencia intrafamiliar, 10% tienen trastornos del aprendizaje, y en menor proporción se encuentran: abuso sexual, psicosis y trastorno de la alimentación. Encuestas actuales dicen que un 52% de los niños de 8 a 15 años pensó en suicidarse. De ellos pensaron seriamente en suicidarse el 20%. Que de ellos un 15% elaboró un plan suicida, que el 17% lo intentó y un 10% lo consumó. En el 100% de los casos en el hogar. El ahorcamiento solo en el 10%. Siendo la ingesta de medicamentos y psicofármacos de casi un 80% y en un 10 % cáusticos, venenos, quedando armas, electrocución con muy baja proporción. Los trabajos relacionados con la temática concuerdan en que el factor de riesgo más importante para predecir nuevas conductas suicidas (y muchas veces efectivizarlas) es la presencia de intentos de suicidio previos. No deben quedar al alcance de los niños y adolescentes los medicamentos, psicofármacos, pesticidas y armas. Cambios en el comportamiento, aislamiento, tristeza, desgano y reiterados temas autodestructivos son síntomas que presentan potenciales suicidas. Existen indicadores como hablar reiteradamente de la muerte o de que ya no se tienen deseos de seguir viviendo. Los síntomas principales de una depresión son el estado de ánimo disfórico (tristeza, melancolía, irritabilidad), y no disfrutar de las actividades que antes realizaba; alteraciones en el sueño, el apetito, el comportamiento, los movimientos son más lentos; cambios en el lenguaje, tono de voz se torna más bajo, disminuyen las inflexiones en el tono de su voz y hasta se produce mutismo selectivo; no socializa, se aísla, disminuye la concentración y memoria; y en algunos casos las ideas y/o gestos suicidas. Casi siempre los padres no saben identificar estos indicadores y los pasan por alto, creyendo que se trata de cambios propios de la edad cuando en realidad se trata de un cuadro depresivo con posible ideación suicida, la misma que debería llevarnos a ver al psicólogo e iniciar una terapia. 'Les repito que lo que le sucedió a este niño a quien no conocí, me hizo mucho mal y me obligó a reflexionar', remarcó. El suicidio infantil no es, sin embargo, un fenómeno nuevo, que sólo se produce cuando existen trastornos psiquiátricos previos o graves factores desencadenantes en el entorno. A lo largo de la historia, en todo tipo de circunstancia y contexto, no necesariamente patológica o extrema, ha habido niños suicidas. Niños que han buscado en la muerte la manera de escapar a una desdicha o desesperanza insoportables. La lista de motivos es extensa: maltrato físico, humillación, muerte de un ser querido o conflictos familiares mantenidos, hasta el aburrimiento, suspender los exámenes o no recibir suficiente atención, los celos, los amores contrariados o un embarazo oculto. Antes de realizar un acto de suicidio, lo que sienten es desamparo, fracaso, odio, amargura, soledad, rabia, aburrimiento, desesperanza, pesimismo, culpa y desinterés. No existe un único cóctel que desencadene la conducta suicida. Seguramente, esta situación expone una problemática de la salud: aquella que muestra las dificultades de las personas para asumir la presencia de enfermedades mentales (más aún en la infancia), realizar consultas oportunas y tratamientos adecuados, para evitar consecuencias de mayor gravedad, como daño psicofísico o muerte. 'Nos hemos inventado la idea romántica de que los niños son felices. No podemos ni queremos aceptar que puedan sufrir de forma inimaginable, a pesar de que la realidad nos demuestra lo contrario. La felicidad infantil es un mito, y muy reciente además. Apenas tiene un siglo de vida. Y se basa en una gran falacia asumida por la sociedad contemporánea: que la felicidad se encuentra fuera de uno mismo, y se incrementa con el aumento del bienestar', explicó y agregó: 'Para un niño, mayor de 8 años, que ya reconoce la irreversibilidad de la muerte, el suicidio puede suponer una salida cercana e inmediata, incluso acogedora, para un presente desesperanzado e infeliz'. Por último, expresó: 'No es lo mismo querer morir que no querer vivir. No es fácil que alguien se quiera matar si sabe que alguien se interesa por él. Y la desprotección de los niños es producto de la debilidad adulta para ponerles límites'.

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