La escena se puede dar un día cualquiera, frente al casino o en una esquina, siempre iluminada y transitada, de Mar del Plata.
Hay especialistas, técnicos, abogados, políticos, master en seguridad urbana, etc. Nunca como ahora existe tanta gente que ha "estudiado" el tema de la inseguridad para aplicar medidas. Fuerzas locales, provinciales y nacionales. Uniformes e injerencias de todo tipo.
La municipalidad, en convenio con la Facultad de Derecho, elabora un mapa del delito, con la ubicación de los lugares donde se cometen los crímenes en la ciudad, durante un año. La gran mayoría se producen en los barrios que se identifican como la periferia, el conurbano marplatense.
Ahora, si todos los gurúes de la seguridad, los políticos, los jefes de policía, los periodistas, sabemos todo esto, ¿Donde tiene que estar la policía? ¿Tiene sentido la puesta en escena céntrica cotidiana?
Un domingo de diciembre por la mañana. 10 AM. Poca gente en las calles. En Juan B. Justo y Catamarca, toman mate dos empleados fuera de un comercio, saludan de lejos a los playeros de la estación de servicio de Juan B. Justo y Jacinto P. Ramos, y dos chicas, nóveles policías, se codean jocosas mientras le sacan chispas a sus smartphones. Se ríen, afirmadas contra un paredón con sus uniformes y sus chalecos. Colegialas divertidas en las nubes, en una esquina solitaria, en una zona que todavía duerme.
San Juan y Alvarado. Domingo, 10:15 AM. No anda nadie. Mañana mansa y tranquila. Ahora son tres. Él, anteojos negros, uniforme ajustado, marcando biceps. Parece Poncharello, el de Chips. Mayores, expliquen a los jóvenes de quien se trata. Ellas, lindas, muy lindas, una rubia y una morocha, afirmadas al patrullero como, si en vez de ser efectivos en servicio, estuvieran conversando en la entrada del boliche. En las nubes, otra vez. Sin registrar nada, de lo poco que pasa en esa esquina, ese domingo a la mañana.
Mientras tanto, todos ya sabemos lo que pasó, lo que está pasando y lo que va a pasar. Hípodromo, La Herradura, Las Heras, Monte Terrabusi, Centenario, Las Dalias, y podríamos seguir. Sabemos que todos los fines de semana habrá tiros, ajustes de cuentas, robos, violencia familiar. Parque Luro, Chauvin, Constitución. También sabemos que entrarán por el jardín o el patio de alguna casa. La diferencia es que en estos barrios la seguridad ya se privatizó. Por $ 400 mensuales por casa y por familia, usted recibe seguridad, garita o rondín. Cuadras con alarma comunitaria y cámaras en las veredas.
Pero no. La policía se ubica estratégicamente... lejos de cualquier foco de inseguridad y violencia previsible.
El domingo o el lunes, en la tapa de los diarios y los portales, en las radios y en la tele, prolijos y ordenados, daremos cuenta de todos los policiales del fin de semana. Hablarán los fiscales diciendo que "todo indica que se trata de un ajuste de cuentas". Para qué enviar la policía a los barrios, si parece que han decidido matarse entre ellos. ¿A alguien le queda alguna duda de que hay ciudadanos de primera y de segunda?
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