¿Estudiar o trabajar? Para quienes tienen la alternativa de elegir, la primera opción es su proyecto de futuro.Sin embargo, la mitad de los chicos consultados en el interior dijeron verse obligados a trabajar por la situación económica.
Los últimos años del nivel secundario, quizás, encuentran a los jóvenes con la primera gran decisión: ¿Estudiar o trabajar? Claro que no para todos es una elección. Muchos jóvenes no tienen la posibilidad de acceder a la educación superior por dificultades económicas, sobre todo en muchos puntos del interior, donde no existen universidades ni instituciones de nivel terciario, ni públicas ni privadas.
Recibir formación académica y convertirse en un profesional es la inversión de tiempo y dinero quizás más valiosa, cuando se piensa en el futuro a largo plazo. Trabajar, por otra parte, es sumar un salario al grupo familiar, comenzar a valerse por sí mismos más tempranamente.
El Tribuno encuestó a jóvenes del nivel secundario de la capital salteña y distintas localidades del interior. El cuestionario a los estudiantes consultados se construyó a partir de las siguientes preguntas: “¿Qué vas a hacer cuando termines el colegio?”, “¿Con quién hablás de estos temas?”, “¿En qué trabajan tus padres?”, “¿Ellos prefieren que estudies o trabajes? ¿Por qué?” y “¿Qué te preocupa del futuro?”. Las respuestas ayudan a hablar sobre lo que hoy les preocupa.
Ciudad de Salta
La mayoría contestó con firmeza: “Voy a estudiar”. Cerca del 80 por ciento de los jóvenes consultados en la capital salteña dice que planea hacer eso una vez que egrese del colegio secundario. Algunos, incluso, ya saben qué carrera van a estudiar y en qué universidad. Otros “no la tienen tan clara”, como dicen ellos, en jerga juvenil. No saben si van a estudiar o si, en cambio, optarán por buscar un empleo para aportar económicamente en sus familias.
Están preocupados. Por eso, en este proceso de decisiones, hablan con sus padres y amigos. En esas conversaciones hablan de cuáles son las disciplinas que más les interesan, de las posibilidad de estudiar en universidades de otras provincias o de las alternativas académicas que hay en Salta, si es que no se pueden costear los estudios en otro lugar. “Hablo con mis padres. Ellos sacan el tema de vez en cuando y me preguntan, pero ellos no me presionan, quieren que yo elija”, dijo una joven. “Mi mamá siempre me dice que estudie o que si no, que me olvide de mi existencia (se ríe)”, contestó otro chico. Un estudiante, por otra parte, comentó: “Mis viejos prefieren que estudie porque piensan que así puedo garantizarme una mejor vida, superarme y lograr más de lo que ellos lograron. Ese es su objetivo”. “A mis padres les gustaría que yo sea una profesional y que estudie una carrera que económica y profesionalmente me signifique un futuro”, dijo otra jovencita.
Los padres prefieren que sus hijos estudien una carrera de nivel superior aunque eso postergue la inserción laboral.
El último interrogante sobre las preocupaciones de cara al futuro, también disparó respuestas más que elocuentes. Las dificultades para conseguir trabajo, una vez finalizados los estudios, es lo que más temen los jóvenes consultados. Dicen que ven que el mercado laboral está muy difícil y, entre las respuestas, algunos comentan sobre la posibilidad de buscar trabajo en el exterior. También les preocupa no poder culminar sus estudios debido a necesidades económicas.
Valle de Lerma
Todos prefieren trabajar y después estudiar. Las condiciones económicas restringen el futuro de la gran mayoría de los estudiantes del Valle de Lerma. La respuesta se repite en establecimientos públicos y en los pocos privados que funcionan en la zona.
Todos quieren estudiar, pero la expectativa disminuye porque, aseguran, sus padres, no tienen cómo solventar sus estudios.
En Chicoana, El Carril y La Merced, tres de cada cinco estudiantes de 17 años dicen que deberán trabajar para seguir estudiando o, en todo caso, para mantenerse, aunque vivan en el mismo techo que sus padres.
Los de 15 años responden que quieren estudiar, pero no saben qué carrera seguir por la falta de dinero.
En Cerrillos y Rosario de Lerma cuatro de cada cinco chicos consultados no saben qué hacer después de terminar el secundario. La mayoría aduce que es por falta de dinero y por lo tanto se inclina por buscar un trabajo que, con el tiempo, le permita retomar el sueño de iniciar una carrera universitaria.
Es indistinto el sector barrial al que pertenecen. La mayoría opina de manera similar. En las zonas rurales, prácticamente no tienen oportunidad de estudiar, mucho menos de pensar en una carrera profesional.
A la mayoría les preocupa su futuro, el cual es abordado en el seno familiar. Algunos logran planificar estudiar, pero solo en los hogares donde los padres tienen más de dos trabajos. Estos chicos estudian en colegios privados de la zona o de Salta capital.
Cabe señalar que la baja expectativa de estudio termina por desterrar el deseo de estudiar.
Un tercio de los adolescentes encuestados por El Tribuno trabaja junto a sus padres o de manera independiente mientras estudia.
Orán
Diferencias en las escuelas privadas y públicas. El 100% de los jóvenes encuestados que concurren a colegios privados de Orán señaló que continuará estudiando.
La mayoría vive en el centro, macrocentro o en localidades vecinas. Para ellos ser profesional les permitirá mejorar su calidad de vida.
La mitad de los chicos contestó que sus padres son profesionales o independientes, el 40% restante trabaja en relación de dependencia y el 10% en negro.
La mayoría habla del tema con padres o amigos. Muy pocos con docentes. La totalidad de los chicos señalaron que sus padres quieren que estudien.
Incluso en este ámbito socioeconómico, el 40% de los chicos teme que sus padres no puedan solventar sus estudios, mientras que el 30% teme no insertarse laboralmente aun con un título. Solo un 20% tiene miedo a elegir mal la carrera.
El panorama cambia radicalmente cuando se trata de escuelas públicas: el 70% dijo que no seguirá estudiando. La mayoría vive en barrios marginales y muchos ni siquiera saben si terminarán la secundaria.
Para ellos la única opción viable es trabajar para ayudar en el hogar y, al igual que sus padres, como empleadas domésticas, niñeras o en el campo.
El 30% que dijo que seguirá estudiando corresponde a un nivel socioeconómico medio. Aspiran a títulos terciarios o universitarios. La mayoría respondió que sus padres no son profesionales y que cuentan con una situación económica apretada, pero anhelan un futuro diferente.
Güemes
El 60% de los alumnos encuestados en Güemes, todos de escuelas públicas -no hay colegios privados-, quiere estudiar y tiene definida una carrera a seguir.
El resto está indeciso, porque, señalaron, no sabe si sus padres podrán pagarles los estudios. Contestaron que trabajarán o, si no, estudiarán cursos que les den salida laboral inmediata.
Más de la mitad de los que quieren estudiar tuvo que elegir entre la oferta educativa disponible en el departamento: Maestra de Grado, Profesorado de Educación Física, Lengua, Inglés o técnico en Seguridad Industrial, elección condicionada por el factor económico familiar, ya que solo una minoría estudiará en Salta Capital o Tucumán.
La mayoría contestó que sus padres trabajan en relación de dependencia, sobre todo en el Estado. Muy pocos son profesionales.
Casi la totalidad expresó que sus padres prefieren que estudien, por tratarse de la única manera de asegurase un mejor futuro.
Muy pocos hablan del tema con sus padres. “Es una conversación de todos los días con nuestros compañeros”, expresó Lourdes, de 17 años.
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