Adiós, gracias... ¿y hasta siempre?

Adiós, gracias... ¿y hasta siempre?

La mayor parte de la Generación Dorada pareció despedirse con la dura caída en octavos de final. Pasó un equipo inolvidable que marcó una era. Ahora empieza la reconstrucción.

El ritual no se rompe ni aunque la derrota ante Brasil haya sido consumada hace varios minutos. El grupo se reúne en el centro de la cancha, cada jugador estira una de sus manos y, unidos como siempre, se escucha el grito: “¡Argentina!”. Cuando se separan, luego de saludar a los hinchas, y encaran hacia el vestuario, la procesión va por dentro de la mente de cada uno de ellos. De los veteranos, porque sabe Dios quién querrá o podrá comprometerse en un ciclo de dos años que incluya el Preolímpico de Monterrey, México, pensando en los Juegos Olímpicos de Río de Janeiro 2016. Y de los jóvenes, porque entendieron que de ahora en adelante será todo cuesta arriba en la escena internacional.

Eso que nadie quería un día iba a pasar y, lamentablemente, pasó anoche en el Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid: Brasil quebró la racha negativa y con un equipo completo, sano y de calidad, superó a la Selección Nacional por 85-65 y le cortó su camino en el Mundial de España en los octavos de final. Hasta aquí, la evidencia innegable de los hechos.

El futuro ya llegó en este torneo, con un plantel en el que la mitad debutó en una Copa del Mundo. Lo que viene, fanáticos del básquetbol o hinchas ocasionales porque hay una Selección compitiendo y hay que alentar estos colores, es un tiempo de lucha. Que podrá ser cruel y mucha, pero tendrá el desafío de mantener en pie la identidad que la Generación Dorada le imprimió a este deporte en el país.

No habrá más Mundiales para Pablo Prigioni (37 años), Leonardo Gutiérrez (36), Walter Herrmann (35), Andrés Nocioni (34) y Luis Scola (34), desde ya, porque el próximo se disputará en 2019, ya que la Federación Internacional de Básquetbol modificó el calendario para que no se choque con el de fútbol y tenga una difusión y un marketing fortísimos.

Ahora bien, ¿estarán alguno o algunos de ellos en el Preolímpico de México 2015? ¿Podrá recuperarse completamente Carlos Delfino (32), quien entonces daría el presente? ¿Emanuel Ginóbili le dará chances a ese dos por ciento de posibilidades que él mismo le dio a seguir en la Selección y así retirarse en la cancha y no por un diagnóstico médico? Si todo se da en contra, se estará hablando de un fin de ciclo, con el adiós a los integrantes del mejor equipo de la historia del deporte argentino. ¿Y si se alinean los astros?

Más allá del golpazo sufrido nada menos que frente al Brasil de Rubén Magnano, los históricos, a excepción de Herrmann, hablaron sobre sus sensaciones. Algunos lo necesitaban, como Prigioni, cerebral para declarar, como si pasara la bola en la cancha. Otros, como Leo Gutiérrez o Scola, lucían abatidos. Era lógico ante semejante despedida del Mundial.

Los Juegos Olímpicos de 2016 son tentadores, pero la edad conspira, claro. Y la dureza del Preolímpico cambiará radicalmente si Estados Unidos debe ir a luchar una plaza (lo que dejará al resto jugando por el segundo puesto) o lo evita ganando este Mundial. ¿Qué harán los experimentados?

Desde 1999, cuando los subcampeones mundiales, campeones olímpicos, bronce en Beijing 2008 y demás logros irrumpieron decisivamente en el seleccionado, Argentina no terminaba tan abajo en un torneo internacional. Pasaron 15 años. ¿Hay alguien sensato que pueda criticar el rendimiento de un tipo que le dedicó una vida deportiva a la Selección?

A los Campazzo (23), Laprovíttola (23), Delía (22), Bortolín (21), Gallizzi (21), por contar a los más pibes, porque Mata tiene 28 y Safar 27, les tocará -junto a quienes se sumen- mantener viva la llama y los valores de un equipo que revolucionó la historia del básquetbol, le guste a quien le guste, desde que derrotó al invicto Dream Team aquel 4 de septiembre de 2002 en Indianápolis, su propia casa.

Estos jóvenes, apuntados ahora para recibbir semejante testimonio, sintieron fuerte la derrota de ayer y además de ver los ojos rojos de Selem Safar en la zona mixta, hubo lágrimas en algunos pibes en el vestuario. No era para menos.

El camino de la reconstrucción será durísimo, arduo hasta en los Sudamericanos en los que, un lujo de estos tiempos, se competía con equipos B. Y habrá que saber llevarlo, sin pensar en frustraciones y en constantes comparaciones con el pasado bestial de la Selección.

La historia permitió ver crecer a una generación de jugadores de calidad, que se acoplaban en puestos distintos y fueron dirigidos por los mejores entrenadores: Julio Lamas, Rubén Magnano y Sergio Hernández. No hay que llorar cuando la vida te obliga a dar un paso al costado. Hay que mantener inalterable el recuerdo de una Selección única, que promovió el desarrollo del básquetbol y se plantó ante los desmanejos dirigenciales. Una Selección que deberá seguir siendo un ejemplo, para que todo haya servido. Aún es temprano para saber qué pasará en 2015. Adiós, gracias y... ¿hasta siempre?

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