Dos adictos que dejan un mensaje esperanzador: “Se puede salir”

Ariel y Juan comenzaron a consumir drogas a los 11 y 12 años, respectivamente. Cuando sintieron que habían tocado fondo, la Unidad de Prevención y Asistencias les tendió una mano y los ayudó para la recuperación.

Recién ahora, muchos años después de haber padecido los muchos efectos que deja el consumo de drogas, Ariel y Juan, ambos bahienses, decidieron dar la cara, dejar su mensaje para ayudar a otros y afirmar que se puede salir adelante.

Ambos son usuarios de la Unidad de Prevención y Asistencia del municipio, ubicada en Bravard 31, que posee un sistema de prestaciones como tratamientos psicológicos, médicos y asistencia social y donde llegan entre 300 y 400 consultas al mes.

A los 11 años en el caso de Ariel, y un año más tarde en el de Juan, el flagelo los fue atrapando y la calle se convirtió, de a poco, en sus hogares.

Juan, hoy de 25, comenzó a prostituirse. Ariel, de 37, conoció la cárcel. Los dos, en distintos momentos, sintieron que habían tocado fondo.

“Tantas veces caí intoxicado en la guardia que ya ni lo recuerdo. Uno pierde el registro. Allí solía enterarme de lo que había hecho”, relató.

Era apenas un niño cuando Juan se fue de su casa. Contó que sufrió hambre, frío y, lo peor, carencia afectiva. Porque tiene en claro es que el amor y el acompañamiento de los padres, algo que él no tuvo, es fundamental si se quiere evitar “caer”.

“Sentí que estaba a la deriva y eso me marcó, pero hay una salida”, insistió.

Tantas veces en el servicio de emergencias, el equipo de Prevención y Asistencia comenzó a seguirlo de cerca y así es que logró absorberlo para prestarle ayuda.

“Realmente la necesitaba. La droga me alejó de mi familia, me discriminó y me desequilibró física y mentalmente. Eso sí --advirtió--: nunca salí a robar”.

Hoy, pese a que pudo conseguir trabajo y lucha por sus sueños, asegura que reinsertarse en la sociedad no es fácil.

“Valoro la contención que me da el grupo terapéutico y sé lo mucho que me está ayudando para ordenarme. Hace tres meses que no consumo drogas, trabajo en un supermercado y quiero se enfermero”, confesó.

Inhalar a los 11

Ariel se definió como ex drogadependiente, aunque enseguida se corrigió: “Un adicto nunca se recupera totalmente, pero puede estabilizarse”.

Fue uno de los primeros en acercarse al servicio, donde llegó por consejo de una amiga, también adicta.

“Un día sentimos que estábamos destruyéndonos y así fue como busqué contención en los grupos”, recordó.

Comenzó a inhalar a los once años.

“Fue mi culpa y no la de mis padres. Soy una persona de familia, tuve una infancia feliz y jamás me abandonaron”, resumió.

Escritor de poesía y prosa, tío de 41 sobrinos y “huidizo” para enamorarse, contó que su misión es hoy es dar una mano en los talleres.

“Claro que corrió mucha agua debajo del puente. No me olvido del dolor que pasé”, reflexionó.

Para Ariel el concepto de familia se derrumbó justo en un momento en el que los padres deben estar más atentos que nunca.

“Los padres jamás tienen que avergonzarse si un hijo cae en la droga, sino apoyarlo siempre, hablarle cara a cara, no condenarlo...”, sugirió.

Tras haber superado una desoladora etapa en la cárcel y la muerte de sus padres, confesó que hoy siente que tiene una gran oportunidad en sus manos.

“Nada menos que mi vida, mi futuro. Quiero cumplir mis proyectos, realizarme, pelearla”, enumeró.

Por lo pronto, anticipó, seguirá cerca del grupo terapéutico del que se siente parte y donde, insistió, todavía hay mucho por hacer.

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