Teniendo en cuenta el difícil marco internacional que se presenta a partir de la caída de Wall Street, y considerando las implicancias del mismo en nuestra región, se plantea un escenario de tensiones sociales, productivas, económicas y de intereses sectoriales que detienen la normal evolución de nuestros pueblos.
Por su parte, el Gobierno, está tomando medidas concretas para sostener el empleo, garantizando el consumo y fomentando el crédito. Distintas fuerzas productivas, políticas, industriales, trabajadoras, movimientos sociales, empresarios, emprendedores, han comprendido la gravedad del momento y han comprometido su esfuerzo, trabajo y dedicación para tratar de que los efectos negativos del colapso financiero internacional afecten lo menos posible a los hogares argentinos.
Lamentablemente, persisten en nuestro país, sectores minoritarios que no están dispuestos a acompañar este esfuerzo y se dedican a boicotear permanentemente las propuestas y los logros del Gobierno sin siquiera analizar los beneficios que conseguirían para su sector.
En definitiva, se corre el riesgo de pasar casi ocho meses discutiendo, peleando estérilmente y con el país paralizado, sin resolver los problemas de fondo de la realidad actual.
Es por eso, que esta decisión de la presidenta Cristina, aparece como una decisión sensata , racional y realista y posibilita, una vez resuelta la contienda electoral, la puesta en marcha del país industrial y productivo que todos queremos y necesitamos.
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