Este sábado, un auto se subió a la explanada que rodea el monumento al general San Martín. En el corazón del microcentro, el tránsito está descontrolado. Las autoridades, tibias y sin rumbo.
Si hasta chocan el monumento a San Martín, rodeado por una explanada de cemento y con escalinatas alrededor, en un lugar que oficia de rotonda, con semáforos, ubicada en un sector del microcentro que no admite más de 20-30 kilómetros por hora de velocidad, y esto ocurre al mediodía...pues puede afirmarse que el control del tránsito en la capital neuquina es, verdaderamente, un desastre.
Esto ocurrió este sábado. En el auto, un Gol, que quizo subirse al caballo de San Martín, iba conduciendo una mujer. Dijo que otro automóvil la pasó a gran velocidad, la rozó y le hizo perder el control.
El tema de fondo, claro, es el por qué del descontrolado tránsito salvaje que impera en Neuquén. La explicación más rápida es que precisamente el descontrol proviene de la falta de control. No de un control con operativos especiales, sino el control cotidiano y sostenido de todos los días. ¿Alguien ha visto a un policía, o inspector de tránsito, intervenir ante algo que no sea un auto mal estacionado?
La velocidad no se controla ni se reprime. En este juego aparentemente inocente, de pendejada absurda, está en realidad en juego, permanentemente, la vida de los transeúntes.
Señores que están en plena campaña electoral: es hora de hacer algo más que lo que se hace (casi nada) actualmente. Es hora de mayor severidad. Es hora de dar a conocer a los automovilistas neuquinos que no pueden hacer lo que quieren, sino apenas lo que la ley permite.
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