Acuerdo con vecinos de Luján y críticas a la represión policial

Convinieron la creación de una cooperativa con las 70 familias que usurparon un predio en Carrodilla. Promesas del Gobierno
En el séptimo piso de la Casa de Gobierno ayer se arribó a un acuerdo entre la Provincia, la Municipalidad de Luján de Cuyo, autoridades del Ministerio de Desarrollo Social, del IPV y representantes de las 70 familias que el martes ocuparon viviendas sin terminar del barrio Río Mendoza I en Carrodilla, Luján de Cuyo. Como conclusión del encuentro se resolvió que el lunes a las 19.30 volverán a reunirse en Paso y San Martín, en la delegación municipal, para avanzar en la conformación de una cooperativa que, con la ayuda de los gobiernos provincial y municipal, vaya dando soluciones habitacionales teniendo en cuenta caso por caso.

“Se comprometieron a que sea una realidad en corto tiempo, vamos a organizarnos como cooperativa, el IPV colaborará para conseguir terrenos para todas las familias; pero esto tiene que tener continuidad y es lo que esperamos, que podamos llegar a tener nuestra casa en poco tiempo”, afirmaba Claudia Asencio, una de las voceras del grupo.

El ministro de Infraestructura, Francisco Pérez, aclaró que daban cumplimiento a la reunión por expresa de la fiscal especial Claudia Ríos. “Son todas situaciones diferentes por lo que la propuesta es conformar una mesa de trabajo, ayudarlos a que se organicen, a que funcionen dentro de la ley. Cuando armen la cooperativa trabajaremos en la solución de cada uno de los reclamos”. Pérez no fue tan optimista respecto de que las familias en conflicto puedan acceder a una vivienda: “Esto no es una cuestión mágica, sino de trabajo, hay gente con problemas en los 18 departamentos. Las respuestas serán, para algunos, buscarles un terreno; para otros, solucionar los problemas de vivienda que tienen hoy, problemas de salud, sociales pero, en el marco del diálogo”.

LA REPRESIÓN. Claudia contó lo que pasó al momento de desalojar el predio ocupado. “Hubo problemas porque nos reprimieron, fui la última en salir y, lamentablemente, me sacaron a los empujones y cuando pisé la vereda –y lo digo con tristeza porque la policía está para proteger al ciudadano– oí cómo cargaban las armas y empezaron a disparar. No los insultamos, sólo queríamos salir, ya habíamos desistido, ya estaba decidida la reunión pero todo se descontroló. Me refugié en la casa de mi madre, si no, no sé si estaría viva. Siguieron disparando toda la noche, hay videos caseros de eso, de cómo tiraban desde los techos de las casas en construcción”, expresó la mujer.

“Nos dicen que usurpar es un delito, es cierto, pero actuamos así porque varias veces golpeamos las puertas y nunca fuimos escuchados. Estábamos conscientes de que estaba mal pero logramos un objetivo. Así fue como pudimos conseguir esta reunión y establecer que 70 familias van a tener su casa”, agregó. Tanto Pérez como Omar Parisi, intendente de Luján, dijeron desconocer los incidentes producidos.

Una embarazada y una niña fueron heridas con balas de goma

Acostada sobre una cama del Hospital Paroissien yace Melisa Casal (19), una joven embarazada que fue alcanzada por balas de goma, que, afirma, fueron disparadas por policías que se conducían en moto. “Vi cómo disparaban hacia las casas, por eso corrí para llevar a mi hijo hacia el fondo pero después sentí un fogonazo, como una bomba de estruendo, el ojo me empezó a llorar y sentía un ardor impresionante”, relató. Melisa fue una de las mujeres que, junto con sus hijos, participaron en la toma del predio en Carrodilla. “A eso de las cuatro y media, cinco, decidí irme porque no me gustaba cómo se estaba poniendo todo, llegaron más policías y pensé: ‘Acá se va a armar una’”.

Sin embargo, Melisa, su marido y su pequeño hijo Leandro (1), decidieron en la noche volver para ver a su concuñada que todavía permanecía en el lugar. “Ahí se armó todo el lío, pero nosotros alcanzamos a irnos antes, a la casa de mi suegra, donde vivimos tres familias, que queda a tres cuadras de donde se armó todo”. La joven relata que pasadas las 22.30, su esposo le dio refugio a una mujer que corría con una niña, y las ubicó a todas en el comedor. “No alcanzó a cerrar la puerta que me pasó lo de la cara”, agregó. Cuenta Melisa que “las balas” entraron por una ventana que tiene un nailon en lugar de un vidrio y a través de la puerta de entrada. “Me disparó un policía, porque yo vi dos motos y en cada una iban dos policías; el que iba atrás tiraba para el lado de las veredas, para los costados”.

La joven que tiene la cara desfigurada refirió: “Los pendejos que molestaron a los policías se dispersaron por todas las cuadras, iban corriendo por las veredas; entonces, los policías tiraban para los costados”. “Sentí como una explosión de un petardo y que me ardía la cara y me ardía y el ojo, muchísimo”, añadió. De inmediato su marido le pidió a un vecino que los llevara al hospital. Al llegar al centro asistencial, Melisa fue internada y evaluada por posibles riesgos que pudiera correr su embarazo de 21 semanas. “Me hicieron todos los estudios y el bebé está bien, lo que tengo es sólo lo de la cara y no tendría secuelas en el ojo”. En su rostro quedaron las huellas de cinco impactos. “Todavía no sé cómo me pegó, porque mi marido estaba delante de mí y él solamente tiene un ‘piquete’ en un brazo”, señaló.

De lo sucedido la noche del martes, Melisa opinó: “Los policías tendrían que ser más conscientes cuando se arman líos porque a la nena que mi marido hizo entrar a la casa, él la cubrió pero igual le pegaron en la cabeza, aunque no le hizo tanto como a mí”. Agregó también: “Me fui del barrio usurpado para no poner en riesgo a mi panza ni dejar a mi hijo sin madre”. Melisa obtendría hoy el alta médica porque un traumatólogo debía observarla previamente. Para finalizar, Melisa desliza en el mismo tono tranquilo y monocorde: “Nos reprimieron porque somos pobres, solamente por eso”.

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