¿Cómo se gobernará este año?

La incertidumbre domina de la mano de la indefinición. Tanta expectativa, y tanta elusión de fechas, indica que se pone en juego el 20 algo más que un resultado. Mientras, siguen todos colgados del pincel. Extraordinaria coyuntura, de la que conviene estar concientes.

El derrame de recursos económicos para la campaña interna del MPN que está haciendo el oficialismo en Neuquén es impresionante. En pleno verano, nunca se había visto esto en la provincia. La publicidad oficial en los medios tradicionales es avasallante, y no se explica por ninguna razón más que por la interna. La conciencia social plural tolera esta singular muestra de la impudicia política argentina. Tal vez, se justifica en el dudoso argumento de que peores cosas se han hecho en nombre de la democracia.

¿Condiciona este poderoso factor económico la visión mediática sobre la interna? Sí, puede decirse que sí, en lo que hace, otra vez, a los medios tradicionales. No es novedad, pero es singular la situación –una vez más- por la coyuntura. ¿Cómo se justifican tres páginas completas de avisos institucionales del gobierno neuquino en una sola edición de los diarios, en pleno verano, si no es por imperio de la interna del MPN? ¿Cómo no considerar el impacto que tiene esta presencia mediática en la sociedad, para bien o para mal, según la calidad política del consumidor?

Debe considerarse esta cuestión porque engorda una presunción especulativa: la interna del MPN, más que la interna de un partido político, es la interna del gobierno de la provincia. Se juega en ese campo, afecta esos intereses, condiciona su desarrollo y permanencia. Para decirlo bien claro: Jorge Sapag, gobernador, y Ana Pechen, vicegobernadora, enfrentan a Jorge Sobisch y Jorge Lara en una batalla que se libra por el poder actual, no por el futuro, no por el que comenzará a ejercerse en diciembre de este año.

Efectivamente. El 20 de febrero no solo el MPN elegirá candidatos, sino que también definirá cómo se gobernará este año. Conviene tenerlo en cuenta. No es un detalle. Ni siquiera es una especulación, sino una deducción inexorable.

La fecha se va llenando de un significado cada vez más potente. Es que la incertidumbre es mucha. Las encuestas no aclaran, todavía, nada. Es probable que se llegue a los comicios sin tener ese alivio relativo de saber quién tiene más posibilidades de ganar. ¿Se llegará, además, sin saber la fecha de las elecciones generales?

El gobernador Sapag sólo ha definido una época para esas elecciones: entre junio y agosto, dijo en varias ocasiones. Después la acotó un poco más, y se aceptó que podrían ser entre mayo y junio. En una ocasión (a mediados de diciembre), dijo que daría a conocer la fecha para tener un panorama más claro en un año complicado electoralmente, antes de fin de año (pasado), algo que después no ocurrió. El tema se siguió pateando, y apenas falta una veintena de días para la interna.

La indefinición deja colgados del pincel a todos los demás protagonistas del año político. El principal, Martín Farizano. El intendente también hace gambetas semánticas inquietantes cada vez que se le pregunta sobre el tema. ¿Serán simultáneas las elecciones municipales con las provinciales? ¿O serán simultáneas con las nacionales? ¿Qué conviene más al radicalismo o a la coalición? ¿Y cómo saberlo si no se sabe el resultado de la interna del MPN, y tampoco la fecha de las generales en la provincia?

Es la incertidumbre la que va ganando. Por las dudas, entonces, se acrecienta el gasto político. Enormes cantidades de dinero van a parar a las manos ávidas de quienes lucran con estos procesos. Se da un proceso inversamente proporcional: más gasto, menos eficiencia pública. La planta política no tiene vacaciones por la interna. Esto, naturalmente, no mejora el servicio público, sino que apenas lo ocupa, espacialmente. Se gasta luz, gas, mate cocido, café, y hasta horas extras para dejar contentos a los sindicatos, que también forman parte de los engranajes conspiratorios a favor o en contra.

En este contexto, que no hay que dramatizar pero tampoco desconocer, se desarrolla la pelea directa por el poder inmediato. Por ahora, está pareja en términos relativos. Ni Sapag ni Sobisch han mostrado todavía hasta dónde puede llegar la intensidad de la lucha. Pero existe una convicción: el proceso estará a la medida de lo que el premio final implica.

El premio implica gobernar este año, directa o indirectamente. Será así, guste o no. Derivaciones inexorables de esta nueva costumbre de anticipar elecciones, y separarlas en exceso de la finalización concreta de los mandatos.

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