Estamos a nueve meses exactos de la fecha de elecciones en que deberemos votar por un nuevo Gobernador para Mendoza. ¿Quiénes son los equipos de los que aspiran a ocupar el Sillón de San Martín?
Gobernador no se nace. Por lo tanto, quienes se postulan para el cargo deberían poder mostrar con bastante anticipación quiénes son, qué ideas e intereses representan y con qué equipos cuenta para hacer qué cosas por Mendoza y sus habitantes.
Este año hay que elegir Gobernador. Con él, elegiremos indirectamente a sus equipos y, al hacerlo, determinaremos qué Mendoza tendremos en los próximos cuatro años y cómo se proyectará hacia el futuro en materia de seguridad, desarrollo social y económico, salud, ambiente, educación.
Formar un Gobernador no es tarea fácil. O al menos, no debería serlo. Además de su pertenencia política, debe contar con formación suficiente; del favor de los afiliados a su partido para que llegue a esa instancia, el carisma y los recursos con los que cuente para emprender el desafío de postularse, una persona a cargo de los destinos de una provincia debe acreditar, ineludiblemente, liderazgo, capacidad y generar lazos de confianza.
Faltan casi exactamente nueve meses para que concurramos a las urnas y definamos quién se sentará en el Sillón de San Martín por cuatro años. Es el tiempo equivalente a un embarazo. El alumbramiento del nuevo gobierno, por lo tanto y analógicamente, debe ser precedido de cuidados extremos para que todo salga bien.
¿Cuentan todos los que han manifestado hasta ahora su voluntad de ser Gobernador con las cualidades referidas? Posiblemente, la respuesta disponible a flor de piel resulte ser que “la campaña proselitista será la encargada de mostrarnos integralmente a la persona que finalmente resulte elegida para la competencia”. Sin embargo, es precisamente ese período de saturación publicitaria la que, muchas veces, en lugar de aclarar y abundar en detalles importantes, se utiliza para fortalecer minucias o generalidades que permitan agigantar la imagen de los hombres o mujeres que se proponen como conductores de la provincia, tratándolos como un producto de mercado.
Por esta razón, el que transitamos es el tiempo ideal para conocer qué nos depara cada grupo, persona o sector, tanto como saber en qué están trabajando sus equipos y cuáles son los asuntos actuales que creen que hay que cambiar radicalmente, profundizar como políticas pública o bien sostener sin alteraciones en un nuevo gobierno.
¿Qué piensa de la minería el futuro Gobernador? ¿Y de la seguridad? ¿Cómo revertirá la situación? ¿De qué manera pondrá en lugar el sistema de salud? ¿Es bueno o no endeudar a la provincia para encarar obras cruciales? ¿Qué relación vca a tener con el gobierno nacional? ¿Dará por perdida definitivamente la batalla por la copariticipación federal? ¿Tendrá el liderazgo para envalentonar al resto de los gobernadores para cambiar el actual régimen? ¿Y con los grupos de poder? ¿Cederá a sus presiones o se mantedrá firme en sus convicciones? ¿Cómo levantará la autoestima de Mendoza frente a sus vecinas? ¿Hay algún dirigente político capaz de seducir a la inversión privada para mostrar en conjunto, Estado y empresas al mundo las potencialidades de la provincia?
Un factor que rodea al Gobernador en algún momento es la soledad del poder. Necesitamos a una persona con templanza para superar las agachadas de propios y ajenos y para no amilanarse frente a las adversidades.
Cuando un candidato se muestre con sus equipos probablemente se le faciliten las cosas en la campaña. Pensemos que, de esta manera, tendrá quiénes respondan a fondo las demandas cruciales del electorado y de los medios que los ponen en contacto con la sociedad. Podrá delegar proyectos, ampliarlos y mejorarlos; recibir nuevos apoyos de gente que decida –en función de los lineamientos propuestos- que el propuesto es el camino verdadero que debe seguirse para que Mendoza cambie y se proyecte.
Contará, de esa manera, con los recursos humanos suficientes a la hora de formar un gabinete y ocupar las plazas disponibles en los innumerables despachos públicos. Podrá pensar con tiempo a quién, por qué motivo y con qué misión destinar a cada uno de los lugares. Y además, nos evitará a todos ese juego eterno de la sorpresa postelectoral: mejor, saber a quiénes votamos indirectamente cuando emitimos el sufragio por tal por cual, que encontrarnos con un gabinete que sentimos ajeno, incapaz o –como ha sucedido- ver que pasan los días y las semanas y no encuentran a alguien que acepte el desafío de ayudar a gobernar.
Claro que para que todo ocurra con la normalidad y el orden descripto, los candidatos deberían sortear un gran obstáculo: tener equipos y, para tenerlos, contar con las cualidades de liderazgo, formación, reconocimiento del que hablamos en un comienzo.
Si dejamos que la elección de Gobernador de Mendoza sea una lotería o bien un concurso de campañas publicitarias, estaremos condenando a nuestra provincia que somos nosotros, nuestras familias y vecinos a vivir en una eterna queja absurda.
Es así que estamos transitando el momento ideal para saber a ciencia cierta quiénes son, por qué quieren gobernar Mendoza y qué harán en qué tiempo. Probablemente, con el tiempo, comprendamos que la cultura cívica pasa por cosas mucho más aburridas que un spot publicitario como votar por una propuesta integral. O rechazarla de plano, antes de que sea demasiado tarde.
Mendoza necesita un Gobernador de puta madre. Pero la tenacidad, tampoco se compra: se construye. Y para que ello ocurra hace falta mucho más de los que algunos ofrecen livianamente por estos días.
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