La fiscal había pedido perpetua para Eliana Manzur. Pero los jueces no hallaron pruebas para condenarla.
Apenas un indicio, que ya no podrá ser comprobado, se deslizó entre silencios voluntarios y llamativas pérdidas de memoria de algunos testigos. Julieta, una de las hijas de Eliana y Lucero, declaró ante la Cámara del Crimen que ella mató a su padre, harta de sus maltratos.
Muchos testigos callaron lo que sabían. Otros, un poco más osados, se animaron a decir que “Julio era muy duro en el trato con Eliana y los chicos”, pero encuadraron esas actitudes en un intento del hombre por llevar con rectitud la vida familiar. Mario Adolfo Lucero, primo lejano y vecino del hombre asesinado, refirió que Julio maltrataba en forma verbal y psicológica a su pareja y los hijos.
Al declarar bajo juramento ante los jueces, nadie llegó a decir que Ceferino golpeaba a su mujer o a los chicos. Pero cuando no estaban ante el tribunal, algunos testigos alimentaban por lo bajo el rumor de que “Julio los cagaba a palos y los tenía a todos atemorizados”. Esa violencia sería el origen de dos lesiones causadas por golpes que Eliana tenía en la cara, apenas unas horas antes de que el hombre fuera ultimado.
Julieta Lucero, que tenía 16 años cuando ocurrió el crimen, no lo dijo en forma expresa, pero dio a entender que su padre abusaba de ella. Hoy, en el alegato, el abogado defensor de su madre y sus hermanos, Julio y Daniel Lucero, dijo con todas las letras que el homicidio fue cometido por la chica porque Julio Ceferino Lucero la violaba “desde los 8 o 9 años”.
Esa podría haber sido la motivación del crimen. Pero a ciencia cierta nadie está seguro de si Julieta dijo la verdad cuando se adjudicó el homicidio o lo hizo para hacer dudar a los jueces sobre la responsabilidad de su madre y sus hermanos.
Como sea, pareciera que la estrategia funcionó. Hoy la Cámara del Crimen absolvió a Eliana por el beneficio de la duda.
El fallo unánime del tribunal, dado a las cuatro de la tarde, desairó la pretensión de la fiscal de Cámara Diana Bernal, quien por la mañana, en su alegato, había pedido que condenaran a Manzur a prisión perpetua.
“Para este Ministerio Público Fiscal, hay sobradas evidencias de que Eliana Claudia Manzur mató a Julio Ceferino Lucero”, había dicho la fiscal, tras enumerar las pruebas que a la Cámara del Crimen le parecieron insuficientes.
Según Bernal, de lo que no había pruebas era de la supuesta complicidad de Julio y Daniel en el asesinato de su padre. Pero no dudaba de que los jóvenes habían encubierto la acción homicida de su madre. Y como el encubrimiento de un familiar directo no es castigado por la Ley, no correspondía acusarlos.
Ante ese planteo de la Fiscalía, al defensor de los tres acusados, Rolando Contreras, sólo le quedó batallar en su alegato por sacar airosa a la mujer.
El abogado dijo que la única verdad es que Julieta había matado a su padre como una reacción por las reiteradas violaciones a las que la había sometido.
Después de la absolución, cuando un periodista le preguntó cómo se sentía tras ser liberada, Eliana Manzur contestó “se hizo justicia”. Y agregó: “Habría que preguntarle a mi suegra por qué defiende a esos violadores”.
Aunque no lo aclaró, seguramente se refería a su concubino y a un hermano de Julio Ceferino. Hay una denuncia según la cual ese otro hombre habría abusado de una hermana de Julieta cuando su madre y sus dos hermanos estaban presos por el homicidio.
No se sabe si ese otro supuesto hecho será dilucidado por la Justicia. O si, al decir de Manzur, es otro “trapo sucio” que la familia lavará puertas adentro.
Comentá la nota