Las tropas estaban formadas y los nuevos corceles lucían lustrosos. Las trompetas sonaban para dar un tono más ceremonioso al momento. Fue entonces cuando, para la sorpresa de todos, incluida la corte que los seguía, Celso Alejandro dio un paso al costado que colocó en primer plano a Luis Alejandro y así abdicó la conducción en favor de su preferido.
Obviamente, Celso Alejandro no es un rey sino el gobernador Jaque y su favorito Luis Alejandro, Cazabán, el secretario general de la Gobernación. Hubo trompetas, pero de la banda policial. La corte eran los funcionarios que los acompañaban. Y el acto no fue una abdicación, porque por suerte acá reina la democracia, pero sí un fuerte respaldo del mandatario que terminó de exteriorizar algo que se sabe hace mucho: Cazabán es a quien quiere como candidato a gobernador del peronismo.
Con su gesto, Jaque confirmó que Cazabán, ése al que muchos llaman el “gobernador en las sombras” para molestar al malargüino, es el motor de su gestión, su mayor defensor, el más eficiente de sus colaboradores, el primero y casi único militante de su candidatura a diputado nacional y el que ejerce la conducción aun cuando él está. Por eso lo sostuvo siempre, pese a todas las presiones para voltearlo que sus enemigos internos encabezaron casi desde que asumió hace tres años.
La campaña formal de Cazabán empezó el miércoles durante el partido entre Boca y River, con los carteles en el estadio Malvinas que anunciaban su pretensión de ser elegido gobernador este año. Pero la campaña real de posicionamiento empezó el 2 de diciembre de 2009 cuando, apropiándose de una de las facetas discursivas del kirchnerismo, salió a cuestionar el poder económico concentrado, en este caso haciendo foco en el grupo empresario liderado por Daniel Vila y José Luis Manzano. Ese discurso lo repitió varias veces en este tiempo, aunque sin avanzar nunca hasta donde prometía.
El 2010 lo encontró a Cazabán fuera de su habitual rol de “operador en las sombras” o “monje negro” que siempre le atribuyeron y fue la cara del Gobierno en muchos de sus anuncios importantes. También se transformó en un protagonista de la Línea Mendoza, que agrupó a funcionarios del Ejecutivo y a algunos intendentes en un intento de contrarrestar el omnipresente poder de los azules, pero que empezó a descascararse rápidamente por las ambiciones similares de varios de sus integrantes.
Más sorprendió verlo, ya sobre el fin del año pasado, fuera de la Casa de Gobierno y recorriendo obras y, durante las recientes vacaciones de Jaque, asumir sin tapujos el rol de gobernador a cargo. Fue entonces cuando terminó de delatar su real aspiración.
Claro que, antes de llegar a ser una opción electoral para los mendocinos, deberá pasar el filtro de los otros actores internos del peronismo que, más allá del proceso de acercamiento y seducción que inició Cazabán en los últimos tiempos, nunca lo soportaron y pueden frustrar su carrera hacia octubre. Por ahora, los azules, los Félix y los intendentes miran con recelo cómo se mueve el hombre fuerte del Gobierno y algunos ya empezaron a reagruparse para hacerle frente y no dejarlo pasar.
La ventaja para el secretario general es que en las gateras no hay ningún otro hasta ahora que haya jugado tan fuerte y abiertamente para ser “el” candidato peronista para suceder a Jaque.

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