Bahía Blanca requiere la renovación de 100.000 metros de cañerías existentes en una red que tiene tramos con casi 110 años de antigüedad.
Los recientes anuncios de ABSA dando cuenta de la renovación de 3.400 metros de cañerías en la zona céntrica con carteles que dicen “ABSA cambia para vos” constituyen una novedad si se tiene en cuenta lo actuado durante los últimos meses, pero resulta un retroceso si se lo compara con el nivel de obras concretado en los últimos años y, sobre todo, si se tiene en cuenta que en Bahía Blanca se necesitan cambiar unos 100.000 metros de centenarias tuberías de hierro.
En medio de una red “pinchada” por todas partes la cifra permanece perdida en un inmenso océano de cañerías dañadas u obstruidas por el sarro que se vino acumulando, en muchos casos, desde 1908, cuando se inauguró el servicio, y en vísperas de un feroz aumento tarifario.
Afortunadamente se cambiarán 3.400 metros de cañerías, pero la cifra resulta exigua si se la compara con los casi 20 kilómetros concretados años antes. De hecho, más que un cambio, como rezan los carteles, esta obra constituye la quinta etapa de un programa anterior iniciado en 2011, en el marco de un conjunto de obras que no registraba antecedentes en la ciudad.
Incluso, según pudo averiguar este diario, entre las cuadras a mejorar ahora también hay algunas que pertenecen a la cuarta etapa y que en su momento no pudieron ser completadas.
En 2011 las tareas se dividieron en cuatro módulos y abarcaron tramos de cañerías de gran diámetro en las calles Brandsen, Parchappe, 12 de Ocubre. Santa Fe, Paraguay y Sarmiento (entre Alem y Zapiola), por ejemplo. Habrá que ver si ABSA decide de una vez por todas realizar la obra de cierre de mallas en el sector de Universitario, donde aún restan algunos empalmes.
Ahora se trabajará en Rodríguez, entre Zapiola y Zelarrayán; Sarmiento, entre Zapiola y Mitre; Alsina, entre Dorrego y Soler; Belgrano, entre Dorrego y San Martín; Lamadrid- Alvarado, entre Belgrano y 11 de Abril; y Soler-Mitre, entre Las Heras y 11 de Abril.
El material utilizado en los nuevos tendidos es polietileno de alta densidad (PEAD), material que garantiza mayor flexibilidad y reduce notablemente, según aseguraron desde la empresa, la posibilidad de roturas.
En muchos casos, tal como quedó en evidencia años antes cuando comenzó la renovación de tuberías, las cañerías de hierro están por completo corroídas o evidencian una sensible disminución en su diámetro por la incrustación de sales provenientes del agua durante más de un siglo.
Además, las nuevas cañerías poseen válvulas para administrar los caudales y, de esta forma, se logrará que buena parte de la ciudad tenga una presión uniforme, al tiempo que se evitarán las pérdidas producidas por la antigüedad de las cañerías.
Una pérdida que cuesta 27 mil pesos
Caño roto. A fines de marzo se hizo público el caso de una mujer del Sánchez Elía a la que le había llegado una factura de ABSA por casi 27.000 pesos. Si bien Lorena Domínguez aseguraba que la abultada suma no podía corresponder de ninguna manera a su consumo familiar, ahora reconoció que, finalmente, las facturas se debían a una pérdida por un caño roto debajo de su vivienda.
Plomeros. “Llamé a un nuevo plomero y sí, encontró una pérdida. Tuvo que anularme el único tramo donde la cañería pasa bajo tierra. Clausuró ese tramo de unos 3 metros y me hizo una cañería por fuera. Me quiero morir, al final el problema era mío. Pero me da bronca, porque culpa mía no es, yo había llamado a diferentes plomeros, el último matriculado, y me aseguraron que no tenía ninguna pérdida”, dijo.
Descuento. “Ahora aspiro a que al menos me hagan un importante descuento en las facturas que tengo que pagar, yo sigo sosteniendo que desde la empresa me tendrían que haber notificado, ya que ese consumo no lo puede tener jamás una familia", concluyó Domínguez, que vive con tres hijos.
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