Este tipo de denuncias encabezó el año pasado las estadísticas policiales y judiciales en el nivel provincial. Pero no solo las mujeres son víctimas de la violencia, sino también niñas y adolescentes en su rol de mujer.
Como sucede años tras año, la seguridad pública estuvo al tope de los reclamos ciudadanos en el 2014. Sin embargo, hubo una variante de las modalidades clásicas de las denuncias penales, que llevó a que las denuncias por violencia de género o contra la mujer, se transformaran en una moneda corriente. Dejando al descubierto en cada caso mediatizado el cuestionamiento a la eficacia de las políticas para frenar este tipo de delito, que llevó en junio de 2014 a dictar a la Cámara Penal Nº 1 de esta provincia, la primera condena por femicidio -que prevé la pena de 35 años de prisión para el varón autor del asesinato de una mujer mediando violencia de género- y hasta ahora la única en el nivel país.
Muchos de estos casos, que terminaron en las denuncias penales -entre 48 y 50 por día, según estadísticas judiciales y policiales de la provincia- se iniciaron hace años, con hechos donde la violencia era psicológica. Pero el año pasado cobraron dramática trascendencia otros que también ocurren puertas adentro, en relaciones interpersonales con historias disfuncionales de desenlace casi trágicos.
Varones que maltratan a las mujeres, que las insultan, las someten psicológica y físicamente, les pegan, las acuchillan, las balean, las queman, las asfixian, fueron lamentablemente escenas que se repitieron a lo largo del 2014 en todo el territorio de la provincia. Las mujeres, al ver que los hechos eran investigados y repudiados, se animaron a denunciar más, y el temor de que pudieran terminar como muchas mujeres que en 2013 fueron asesinadas a manos de varones, las impulsaba a denunciar a sus esposos, ex esposos, parejas y ex parejas dejando atrás el mito de que “por algo será”.
Según las estadísticas a las que tuvo acceso LA UNION -de fuentes policiales y judiciales- en promedio por día se recepcionan entre 58 y 60 denuncias de mujeres -de todas las edades y clases sociales-, quienes sufren marcas indelebles de violencia a mano de quien dice quererla, o las dejan postradas y, en el peor de los casos, destruyen con la muerte a familias enteras. El preocupante y alarmante número de denuncias que se realizó el año pasado, llevó a la creación de una Unidad de Violencia Familiar y Género, que funciona actualmente en la dirección de la Policía Judicial de avenida Belgrano, con el objetivo de centralizar las denuncias y poder así, la Justicia actuar más rápidamente.
La creación de esta unidad permitió agilizar, si cabe el término, los antecedentes -no son condenas- de los varones violentos denunciados, desencadenando ello en la detención y hasta el dictado de la prisión preventiva -es decir que fue enviado al penal de Miraflores, hasta tanto sea juzgado-, situación que creció enormemente el año pasado. Siempre según las estadísticas judiciales y policiales, por día se arrestó a cuatro varones, en promedio, por violencia contra la mujer.
En el interior de la provincia, la situación no es muy distinta. Departamentos como Andalgalá, Tinogasta, Belén y La Paz, registraron un número de denuncias que ascendió a diez, encabezando las estadísticas en el interior. Luego le siguen Santa María y Paclín, en menor porcentaje. Las cifras frías y duras hablan de que una mujer -entre 14 y 50 años- es maltratada física, verbal o psicológicamente cada una hora en la provincia, resultado de esta violencia sexista, entre 2013 y 2014, un total de 19 mujeres asesinadas en este contexto de violencia contra la mujer y violencia de género.
La violencia en el noviazgo
La violencia de género no tiene edad. Lamentablemente, a las reiteradas denuncias que mujeres casadas o separadas realizan a diario en las unidades judiciales y comisarías del interior de la provincia; el año pasado, las autoridades advirtieron un crecimiento en hechos de violencia, que afectan a adolescentes en la etapa de noviazgo o amigovios.
Según explicaron las fuentes consultadas, la preocupación salió a la luz, cuando durante los últimos meses del año 2014 se pasó de recibir una denuncia por semana a dos o tres por día, entre parejas jóvenes. Es cierto, aseguran los especialistas, que estos hechos de violencia en el noviazgo siempre existieron, pero ahora las adolescentes y jóvenes se animan a denunciarlos, por lo que la violencia en esta etapa se ha visibilizado. Mucho tiene que ver, que cada vez los jóvenes conviven de más temprana edad. Una de las formas más comunes de violencia en esta etapa de la vida, es la violencia psicológica, donde el varón ejerce un control excesivo en la joven, por ejemplo, le controla las redes sociales, las llamadas telefónicas y le prohíbe vestir de una determinada manera, etcétera. El año pasado, en su visita a nuestra provincia, el fiscal de Cámara de la provincia de Córdoba, doctor Marcelo Altamirano, en el marco de las II Jornadas de Derecho Penal Juvenil, organizadas por la Escuela de Capacitación de la Corte de Justicia de la provincia y auspiciadas por LA UNION, brindó una excelente disertación sobre la violencia de género que sufren las niñas y adolescentes en todo el país.
El especialista consideró que esta problemática se debe abordar con celeridad, profundidad y trabajar desde la perspectiva de la violencia de género, situación que se da, además, en el noviazgo, en relaciones entre adolescentes en escuelas, en la casa, entre hermanos o familiares, etcétera. “En el caso particular de la infancia, es preciso entender que la condición de las niñas está íntimamente ligada a la de las mujeres adultas: el contexto de la discriminación de género, la desvalorización del trabajo doméstico, la vulnerabilidad del cuerpo femenino, la maternidad como destino, y la falta de poder político. Difícilmente, si existió violencia de género en la adolescencia, vaya a cambiar espontáneamente, ya que la violencia es una construcción social y debe ser reconstruida con su contracara, la paz. La violencia en las etapas juveniles se efectiviza muy camuflada, comienza con tensión, pasa luego a la agresión y recomienza con el perdón reconciliatorio”, expresó Altamirano.
Primera condena por femicidio
Sin lugar a dudas, la abundante cantidad de investigaciones judiciales iniciadas a raíz de denuncias por violencia contra la mujer y/o femicidio -es decir la muerte por se la víctima una mujer y el hecho perpetrado por un hombre mediando violencia de género-, no solo coloca a Catamarca como una de las provincias con más hechos de esta naturaleza. Asimismo, nuestra provincia, a través de los jueces Fernando Esteban, Fabricio Gershani Quesada y Rodrigo Morabito, marcaron un importante antecedente en el ámbito nacional, siendo el primer tribunal en dictar correctamente una condena por esta novísima figura legal. Cabe recordar que la pena prevista en el delito de femicidio o feminicidio es de prisión perpetua y fue la que recayó el 10 de junio de 2014, tras varias audiencias de debate celebradas en la Cámara Penal Nº 1, contra Francisco Andrés (à) “Negro la Carpa” Quiroga (51) por haber matado y desmembrado el cuerpo de su ex concubina, María Rita Valdez (21), madre de uno de sus hijos, quien fue su pareja cuando tenía solo 16 años y él con 48, la regenteaba -según se conoció en el juicio a través de los testigos- en la placita de La Estación. Hecho ocurrido entre el 3 y 5 de marzo del mismo año. Si bien es cierto, en el nivel país se debatieron varias causas por homicidio agravado -es decir femicidio entendido como la muerte de una mujer en manos de un varón mediando violencia de género-, los jueces no consideraron el hecho como tal -femicidio- y condenaron a los acusados, por homicidio simple, en la gran mayoría de los casos. En nuestra provincia, los jueces, al momento de dar a conocer el fallo, remarcaron los distintos tipos de violencia que padecía Valdez, lo que permitió junto con otras pruebas valoradas en el debate, enmarcar el hecho en el femicidio.
Cómo se castiga y porqué este delito
El 11 de diciembre pasado se promulgó la Ley 26.791 que modifica el Código Penal en lo que hace el artículo 80, que agrava el homicidio y da una pena de prisión o reclusión perpetua a su autor.
Agrava la situación donde la víctima es ex cónyuge o persona con quien mantiene o ha mantenido una relación de pareja, mediare o no convivencia.
La figura del femicidio o feminicidio, es decir el crimen de una mujer perpetrado por un varón mediando violencia de género, está regulado en el artículo 80, inciso 11. En el fallo, el único en el nivel nacional, dictado por el Tribunal de la Cámara Penal Nº 1 de la provincia, los jueces consideraron en el caso de Francisco Quiroga, lo siguiente:
Violencia física. Se advierte, dice el Tribunal, que entre el imputado Quiroga y la víctima Valdez, existía una clara relación desigual de poder, basada en la idea de superioridad de Quiroga respecto de la inferioridad de Valdez por el solo hecho de ser mujer (art. 4 decreto 1011), signada también por violencia física, como también, los castigos en diversas partes del cuerpo si no le entregaba dinero al acusado.
Violencia psicológica. Se ha constatado violencia psicológica, al manifestarle Quiroga a Valdez que “si te vas te mato a vos y a tu hijo, y donde te vea con el macho que tengas”, “más vale que no te vayas sino te voy a cagar matando a vos y al changuito”, lo cual luego fue ratificado por Miguel Angel Pérez: “Quiroga vivía amenazando a María Valdez pidiéndole plata todos los días (…)”, causando esto, daño emocional, perturbando el pleno desarrollo personal al degradar y controlar sus acciones, ergo lo hacía mediante amenaza, acoso, hostigamiento, restricción, vigilancia constante, exigencia de obediencia, sumisión, coerción verbal, persecución, insulto y explotación.
Violencia económica. Quiroga ejercía sobre María Rita Valdez, violencia económica, ya que le solicitaba constantemente dinero. La testigo Lavelli expresó que “ella trabajaba y tenía que darle la plata todas las noches, prácticamente le quitaba todo el dinero que recaudaba”, el acusado menoscababa los recursos económicos de la víctima, pues perturbaba la posesión de los bienes de Valdez y ejercía una limitación o control de sus ingresos.
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