En su mensaje de Navidad, el arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca recalcó la necesidad abordar estas celebraciones desde una concepción que no abarque solamente el aspecto de festividad, sino que se concentre en el fundamento eclesiástico que se conmemora. Objeciones para con las iniciativas que alientan despenalizar el aborto.
Por estas razones, el arzobispo de Tucumán, Alfredo Zecca, brindó en su mensaje para estas Fiestas algunas consideraciones sobre el principal motivo que debiera primar al momento de la conmemoración cristiana. Además, señaló a la prensa que durante el próximo año se avecinarán normas legislativas que se constituyen en lesivas para el dogma eclesiástico debido al contenido de las mismas, como por ejemplo el proyecto que estipula la legalización del aborto en Argentina.
"La llegada de la Navidad nos viste de fiesta. La celebración, con sus expresiones sensibles y significativas, manifiesta una dimensión fundamental de la existencia humana. Es humano celebrar, alegrarse, y expresar todo ello de manera visible. Pero hay que estar atento para no quedarnos en esta dimensión que, siendo importante y significativa, no expresa, sin embargo, de manera adecuada lo fundamental. Porque lo fundamental en una celebración no es el modo externo de su desarrollo, sino aquello que se celebra", apuntó el prelado.
De esta forma, recordó que con el nacimiento de Jesucristo "al asumir nuestra naturaleza humana y hacerse uno de nosotros semejante en todo, menos en el pecado, nos asocia definitivamente a su destino y da, con ello, al hombre una mayor dignidad que aquella de ser imagen y semejanza de Dios por su naturaleza creada: la dignidad de Hijo de Dios que recibimos en el bautismo".
Al respecto, consideró que la dignidad del hombre es tal que "quien la vulnera ofende, con ello mismo, a Dios. Este es el fundamento más profundo, la fuente última de todo derecho humano: desde el derecho a la vida hasta el respeto por la libertad, la religión, la participación en la vida pública, social, política y cultural siguiendo el dictamen de su conciencia".
A su vez, al ser consultado por el periodismo en una conferencia realizada ayer en las instalaciones del Arzobispado, Zecca nuevamente se mostró contrariado con las iniciativas legislativas impulsadas desde el ala política identificada con el progresismo que apuntan a homologar la interrupción voluntaria del embarazo.
Al respecto, Monseñor aseveró que "en 2012 vamos a enfrentar desafíos de proyectos de ley que atentan en el fondo contra la dignidad de la persona humana y que tienen como núcleo, el drama de muchas de estas leyes, el divorcio y la separación entre naturaleza y cultura, y presentan todo lo que tiene que ver con la realidad del hombre como un mero producto cultural, como si el hombre fuera factible fabricarlo de una determinada manera, olvidando que tiene una naturaleza que le viene dada".
Recalcó que en el espíritu de estas iniciativas se instauró un olvido de la ley y el derecho natural como una instancia crítica frente a cualquier otro tipo de ley positiva. Argumentó, de esta forma, que "se ha caído en una suerte de positivismo jurídico, que es una escuela muy desarrollada que dice que el valor de la ley está en el mero hecho de ser promulgada. Yo cuestiono absolutamente eso y no desde la fe, sino desde la filosofía. Eso no es así, porque hay una ley natural a la cual la ley positiva debe subordinarse, porque hay una naturaleza humana. Una cosa no se convierte en legal nada más porque una legislatura o un parlamento lo puedan sancionar. Hay una instancia constitucional que está por encima de una ley particular, pero por encima de todo ello, está la ley natural como instancia", precisó Zecca.
Una discusión donde prime el respeto
Así, consignó que, al perder este tipo de referencia y consolidar tratamientos vinculados con temáticas que contrarían la defensa de los derechos humanos, en especial el respeto por la vida misma, "se producen distorsiones y a veces, muchas personas apoyan, no por mala voluntad, sino porque hay cosas que las ignoran, porque no todo el mundo tiene formación filosófica, incluso no todos los legisladores la tienen".
Alertó, en esta línea, que "muchísima gente, con la mejor voluntad, a veces, termina apoyando cuestiones que van contra la dignidad humana sin saberlo y lo que pasa es que nos dejamos ganar por los sentimientos, y en esto tienen una gran tarea los medios de comunicación social que son tan importantes, esenciales en un mundo dinámico y globalizado como el actual".
Como una forma de sustanciar sus palabras, Zecca estimó que vivimos en un mundo concreto, en dónde, por más que se cimienten los pilares de una cultura tucumana que tiene valores cristianos a ser cultivados y que son parte de nuestro patrimonio, "no podemos ignorar que de pronto nos vienen amenazas de un mundo que ha olvidado los valores que nosotros defendemos y que nos entra por todos lados. Pero, frente a lo cual, uno tiene que tener un esclarecimiento y un manejo de los principios, abierto a un diálogo respetuoso de quien piensa distinto, pero muy firme en las convicciones y distinguiendo de lo que viene de nuestra fe y aquello que argumentamos desde la razón, hay que manejarse con respeto y con apertura", caracterizó.
"Yo, como arzobispo, tengo que defender abiertamente los principios de la fe y la doctrina católica, pero estoy abierto al diálogo con todo el mundo, y aun al diálogo enfocado desde la filosofía y las ciencias antropológicas, yo no me voy a refugiar solamente en la fe y apoyarme sólo en ella, yo también se discutir en otras instancias. Discutir en el sentido más profundo del término, que no es pelearse, porque uno discute problemas", expresó, aludiendo al clima reinante en el contexto político actual de tensiones discursivas.
En tanto, refirió al constante nivel de disputa y enfrentamiento dado en un clima de polarización entre posturas enfrentadas, justamente al momento de abordar las cuestiones planteadas. "Con ser adversarios de alguien en una discusión donde hay opiniones diversas no significa ser enemigos, a veces confundimos los términos, adversario no es enemigo, discutir no es pelea, las cosas importantes merecen ser discutidas, para eso están las legislaturas, los parlamentos, la instancia de los medios que pueden promover encuentros. Bendito sea Dios que podemos, en una sociedad democrática y pluralista, expresar nuestros pensamientos, nunca agradeceremos lo bastante el tener libertad de expresión y hacer un buen uso de ella", culminó el Arzobispo.

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