*20/02/ 2011: Cómo llegan y qué se espera

El gobierno se enfrenta con la otra cara del MPN. Cada sector llega con motivaciones distintas para un acontecimiento único. Se considera con especial afán lo que puede suceder a partir del resultado inexorable.

Con el conocido afán de anticipar el futuro que guía a los sectores que dependen directa o indirectamente para sus negocios de las coyunturales conducciones del Estado, políticos, sindicalistas, empresarios y cuentapropistas desgranan ya la situación que comenzará a vivirse una vez quede despejada –con un ganador inexorable- la interna del MPN.

El lunes 21 de febrero de 2011 comienza otra historia. Qué características podrá tener ese proceso fundacional para la década, es el desvelo de consultores y analistas varios.

¿Y cómo se llega a esta definición tan trascendente? Veamos:

· El gobierno llega impelido por la repentina necesidad de continuar. Con tres años de presupuestos austeros y deficitarios desde la concepción, con superávit absolutamente coyunturales ganados más que por aumentos de recursos, por administración despiadada (freno en pagos, freno en obras públicas) arrastra el inconveniente de haber prometido siempre que mañana se estaría mejor que hoy, como aquel cartelito que se pegaba antes en las despensas y almacenes, hoy no se fía, mañana sí. Ese mañana es ahora, inevitablemente, una segunda gestión. De lo contrario, lo único que quedaría para mostrar sería una renegociación de contratos petroleros, y lo que con esos fondos pudo hacer (no demasiado); una serie de obras importantes pactadas con Nación, que no se han verificado todavía (dentro de ellas, la más grande, Chihuido I); y una colección de buenas intenciones políticas, parte de un diccionario de estilo diferente, que sólo servirían para adornar un manual de buenas costumbres republicanas, facilitadas en gran medida por una oposición generosa en función de sus propias limitaciones, que se guardó el rosario de reclamos para las elecciones de este año. Sapag llega a la pelea obligado: tal vez no la hubiera querido. Tiene enormes recursos por estar en funciones de gobierno, y la certeza de que representa, en teoría, a la mitad del partido. Con eso, los azules se consideran satisfechos.

· La oposición dentro del MPN al gobierno, encarnada por Jorge Sobisch y la Lista Blanca en estas internas, llega afilando los colmillos excitados de un retorno posible. Casi una venganza, sino fuera que se habla de política…o tal vez por eso mismo. No es para sorprenderse: ya ha pasado en la historia del partido. La fuerza de los blancos se ha alimentado de dos menús servidos en el mismo plato: Lo que Sobisch hizo porque quiso, y lo que hizo porque su contendiente, Sapag, no hizo. Sobisch fue anudando los hilos de su retorno en una rara combinación entre planificaciones concientes y acontecimientos imprevistos con consecuencias determinantes. Así, su candidatura fue más una consecuencia que una causa; pero puede transformarse en una causa el 20. Dependerá exclusivamente del verdadero humor de los afiliados del MPN, y en menor medida, de los independientes que se decidan a participar.

¿Qué puede esperarse a partir del lunes 21? Veamos:

· Un MPN fuerte en la medida que el primer discurso del ganador –y su práctica inmediata- sea contemporizador y convocante hacia adentro, prudente y generoso hacia afuera. El partido provincial sabe perfectamente que en cualquiera de sus versiones, le aguarda un desafío electoral peligroso. La primera negociación interna post-elección será la fecha de las elecciones generales. Habrá una negociación paralela: cómo utilizar los recursos económicos del Estado durante el período electoral.

· Una coalición que enfrentará al MPN con cara de perro inamistoso. Después de los últimos gestos, ya no queda otra posibilidad que sea encabezada por el radical Martín Farizano, con un compañero/a peronista. El tridente básico es UCR-PJ-UNE. Es una construcción absolutamente colectora: cada uno lleva sus candidatos a diputados, y en cada distrito, la historia puede ser y será distinta. El mérito de tanto afán deberá ser numérico, porque de lo contrario no tendría sentido y se derrumbaría a la media hora. El gran pacto tiene que ver con el distrito capital (vía libre para Mariano Mansilla), y con el sindicalismo estatal de ATE y ATEN (CTA) y la CGT institucional (Sergio Rodríguez), respaldando una fórmula UCR-PJ que hablará de hacer justicia con los trabajadores, en un raro retruécano histórico: ese fue el discurso inaugural del MPN, hace 50 años.

· Un gobierno provincial que verá hasta qué punto la coyuntura electoral le complicará las cosas. Por lo pronto, con un reclamo sindical que puede ser tan despiadado como la inflación ha sido en estos últimos meses, destruyendo el poder adquisitivo de los salarios. La presión sindical será tan fuerte si gana Sapag como si gana Sobisch. Lo único que cambiará será en todo caso el énfasis del discurso contra uno u otro. Conviene saber que lo está en juego no es una cuestión que pueda dirimir la Justicia, sino el gobierno concreto del mayor presupuesto (proporcional a la cantidad de habitantes) de todas las provincias argentinas.

· Esta posible realidad post-20, ocasionará inevitablemente una jugada sindical del gobierno del MPN. Conviene también acudir a la historia en este punto: no es precisamente este partido una organización política alejada de los sindicatos, sino todo lo contrario. Ahora, el MPN sabe que hay un pacto que pretende dejarlo afuera de esa relación histórica, y hará lo que sea necesario para que esto no ocurra.

En este contexto, fuertemente sintetizado, sólo queda esperar el resultado de la interna el domingo 20. Las próximas consideraciones, pues, serán hechas con ese resultado ya conocido.

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