En el acto celebrado en la cima del Parque, Miguen Lunghi dijo que "se clausuran para siempre las acechanzas más sombrías que se abatían sobre nuestra comunidad".
La ceremonia estuvo encabezada por el intendente Miguel Lunghi, a quien acompañaban funcionarios de su gabinete, concejales, representantes de las Fuerzas Armadas, la policía, etc.
En su discurso, el jefe comunal señaló: "Tengo para mí que, acaso sin saberlo, estamos asistiendo a un momento bisagra en la historia de Tandil.
Mientras la ciudad avanza hacia su propio Bicentenario, percibimos las señales inconfundibles de una transición que clausura para siempre las acechanzas más sombrías que se abatían sobre nuestra comunidad.
La reciente promulgación de la ley de Paisaje Protegido, que en dos años cesará con la explotación minera dentro de la Poligonal, es un rotundo signo del modelo de ciudad que estamos defendiendo, planificando y construyendo con la certeza de que el futuro ya está con nosotros.
¿Qué rostro tiene ese futuro? Podremos darle muchas caras: la del progreso, la del desarrollo, la de la modernidad con inclusión social. Son palabras cotidianas en la agenda política de un gobierno.
Pero esencialmente para mí el futuro tiene el rostro de la utopía.
Hacia allí caminamos no sólo por la vereda de los hombres de Estado, de los funcionarios públicos. Hacia la utopía caminamos por la vereda de los vecinos, y quizá uno de los mayores orgullos de este Intendente consiste en no haber cambiado de vereda a la hora de pensar y trabajar por Tandil.
¿De qué materia está hecha la utopía que se asoma en el horizonte?
Es la utopía que vio a lo lejos, en medio de la nada, el brigadier general Martín Rodríguez en 1823. Es la utopía que atisbó el danés Juan Fugl desde el lomo de su caballo cuando en 1848 descubrió las ruinas del Fuerte y el desolado caserío alrededor.
Es la utopía que viajó en carreta desde Buenos Aires con los diez libros que donó Sarmiento para la primera escuela de Tandil.
Es la utopía que viajó en los barcos con nuestros abuelos y padres inmigrantes. Es la misma, hecha del amor, del sudor y de las lágrimas, que derramamos por nuestros queridos muertos, familiares, amigos, hermanos, vecinos, que caminaron nuestras mismas calles y plazas. Cada calle de la ciudad guarda las huellas indelebles de los vecinos que compartieron nuestro lugar en el mundo.
Es la utopía del hombre común. La utopía del trabajo y el progreso que nos permita crecer como un árbol espléndido pero sin olvidar la raíz, hacernos decididamente grandes sin perder el asombro, la confianza en el otro, ese tesoro para la condición humana anidado en la buena vecindad. En el afecto. En el respeto. En la certidumbre de que la palabra del otro sigue siendo el mejor documento.
Esta es la gran utopía que tenemos camino al Bicentenario de Tandil. No falta tanto. Son apenas 13 años de una vida que se nos va volando mientras asumimos que tenemos una obligación moral como vecinos: la de dejarle a los tandilenses del porvenir una ciudad mejor de lo que encontramos.
No hay una idea hegemónica ni un pensamiento único acerca de la ciudad que queremos. Cada uno expresa su propia cosmovisión del mundo local. Por lo tanto quiero esta mañana convocar a todas las voces.
Hacia el Bicentenario vamos con pluralidad, con matices, con disensos, que enriquecen la mirada y construyen el verdadero ser de la democracia.
Los grandes temas de Tandil hoy se resuelven desde el potente trípode que conforman el Estado nacional y provincial, el Estado municipal y la actividad privada. Desde esa sociedad madura y diversa, donde también es lógico que haya tensiones, se construye el bienestar de un pueblo. Por citar sólo un par de hechos, las dos más grandes obras de infraestructura que el Tandil del siglo veintiuno estaba esperando, esto es el tendido de cloacas y la planta depuradora para todo el norte de la ruta 226,y el Hospital de Niños para todos los niños de Tandil y la región, fueron posibles por esa conjunción de dos poderosas energías como son el Estado y los emprendedores privados.
Ir hacia la utopía es pensar en grande.
Por eso en el 187 aniversario del nacimiento de nuestra hermosa ciudad, los convoco a que renunciemos al "Yo" para pensar en el "Nosotros".
Supo decir el poeta que sin la utopía, la vida sería un ensayo para la muerte.
Siento desde lo más profundo de mi corazón de tandilense que el desafío vale la pena".

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