Un sector del Peronismo Federal, que en 2011 fue por fuera de la estructura partidaria, competiría junto al kirchnerismo.
Una de las ideas que se explora resulta osada y casi al filo del veto presidencial: hacer competir en las Primarias Abiertas Simultáneas y Obligatorias (PASO) a un peronista no kirchnerista y, de esa forma, contener a los seguidores del General que no comulgan con el estilo K.
En la especulación hasta se ha pensado en un sciolista, a quien el propio Daniel Scioli señaló como el representante del gobernador bonaerense en Mendoza: el senador Gustavo Valls.
La idea es apenas un germen. Desde hace un par de meses se mira de reojo y no se termina de desechar porque resulta tentadora en varios aspectos. No es que sea la solución en la elección general de octubre, pero sí sería un ensayo para la preliminar del 11 de agosto.
La consigna es quebrar el voto anti K en las PASO y que agosto no depare una ventaja muy amplia a favor de Julio Cobos o, en el mejor de los casos, ganarle. Ya que las Primarias son una interna abierta, la cuestión es que todas las expresiones del peronismo, hasta las minoritarias, estén dentro del PJ.
En el laboratorio peronista ya están hechas las apuestas para quebrar el voto opositor, con la esperanza puesta en los díscolos radicales Roberto Iglesias y Víctor Fayad. Ahora hace falta encolumnar al voto propio, más allá de que es claro que el grueso de ese voto lo tiene el kirchnerismo (ver aparte).
"En teoría puede participar cualquier expresión. Todos son bienvenidos, pues las PASO son para evitar picardías y la fuga de dirigentes", dice el presidente del PJ Alejandro Abraham. El titular del peronismo y precandidato a diputado nacional dice que no sabe si alguien se va a presentar, además de él mismo y de lo que resulte de la interna del peronismo.
Justamente, aún no se encaran los ajustes de la idea, porque hoy las urgencias son otras, ligadas a la caliente interna en ciernes y a cómo llegar al 2 de junio con la oferta electoral del PJ ordenada. Pero hay quienes siguen elucubrando en las opciones más allá de la interna y una de las cartas es dejar jugar a una expresión no K en la PASO, siempre y cuando se den ciertas condiciones.
La primera condición es cómo queda el equilibrio interno del justicialismo con o sin elecciones internas y, sobre todo, cómo afectará a ese equilibrio la imposición de algún nombre en la lista por parte de la presidenta Cristina Fernández. Si el equilibrio se altera demasiado, es posible que haya descontentos que quieran adelantar el proceso del postkirchnerismo.
Sin embargo lo que está claro es que nadie en el oficialismo partidario pondrá los pies fuera del plato kirchnerista. Nadie que tenga responsabilidad de gestión levantará la mano de un peronista anti K para que enfrente a los candidatos que imponga la Presidenta. Así pues, dándose todas las condiciones y suponiendo que Scioli quiera empezar a construir un espacio de avanzada en el Congreso Nacional, está claro que no será alguien de la estructura del PJ tradicional.
Es entonces dónde las miradas se posan en el único dirigente nacional con posibilidades de conformar un espacio dentro del PJ, una vez que esté totalmente claro que Cristina Fernández no intentará la re-reelección: el gobernador Daniel Scioli.
Aquí surge otra pregunta: ¿Scioli va a armar algo a nivel nacional? ¿Habrá candidatos en otras provincias encolumnados detrás del gobernador bonaerense? Si la respuesta es afirmativa, entonces hay una brecha para hacer jugar a algún sciolista en la PASO. "Desde La Plata se baja la consigna de armar opciones en las provincias en las que se pueda hacer", dice Valls y queda claro que la idea del PJ tendría buena recepción.
Mendoza no tiene muchos dirigentes sciolistas. En realidad tiene sólo dos, ambos encolumnados en la Juan Domingo: Valls y el concejal de Las Heras, Daniel López. Pero Valls tiene una ventaja adicional a su condición de legislador: fue el autor del proyecto que le solicita al gobernador Francisco Pérez que reabra el proceso de reforma de la Constitución que inició Iglesias en 2001. El proyecto no tiene efectos legales que obliguen a reformar la Constitución, pero es un antecedente político que puede ser agradecido.
Nadie quiere mencionar el nombre de Valls, ni siquiera el propio senador, aunque sonríe ante la pregunta. Él sabe que, aunque pierda la PASO, sale ganando.





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