Los radicales también tienen su interna

Lanzamiento: aunque las elecciones son el año que viene, el radicalismo ya discute internamente porque durante 2010 se renovarán las autoridades partidarias. El ex diputado Kroneberger, ahora sin cargo público, aspira a la presidencia del partido como lanzamiento para algo más.
A lo mejor por aquello de que son como los gatos cuando se reproducen -y hacen mucho ruido- las internas del justicialismo suenan mucho más que otras. Pero eso no quita que esas peleas intestinas existan en otros lugares: la Unión Cívica Radical no podrá escaparle en este 2010 a la puja por los cargos públicos y partidarios.

Algunas de las confrontaciones que marcarán los días por venir ya están saliendo a la superficie, porque la UCR tiene que elegir este año al presidente de su partido y en principio el consenso aparece bastante lejano.

Aunque en la última compulsa grande -la legislativa de junio del año pasado- los radicales se las arreglaron para llegar todos juntos, eso no quiere decir que no haya doblados, partidos y rotos.

Lo que viene no parece ser un río de aguas calmas para el radicalismo. Alguna vez el senador Juan Carlos Marino tuvo en claro que era el candidato "puesto" para la Gobernación, pero ahora esa certeza se bifurca, no sólo porque el intendente de Santa Rosa Francisco Torroba tiene derecho a pensar en el asunto, sino porque además apareció el ex diputado nacional Daniel Kroneberger, dispuesto a dar pelea por el lugar y sabiendo que desde que dio el paso al costado en 2009 está bien visto dentro de las filas de su partido.

Esta semana Kroneberger se animó a decir lo que hasta ese momento era un secreto a voces: no descarta dar pelear por la Gobernación, incluso si fuera necesario a través de una elección interna.

Por alguna razón que nadie sabe explicar demasiado bien, Kroneberger cuenta con un capital político que puede resultar extraño pero es concreto: en las encuestas que se hacen en Santa Rosa es el mejor visto de los dirigentes radicales. Nadie olvida, además, que ganó en la capital provincial en el año 2005.

Hacia adentro, en la UCR, paga bien el "gesto de grandeza" del año pasado, cuando se corrió de las postulaciones legislativas para que la sangre no llegara al río y se fumara la pipa de la paz entre blancos y azules, permitiendo la candidatura de Ulises Forte.

La gran incógnita es si Kroneberger se animará finalmente a chocar con su compañero de ruta y líder Juan Carlos Marino. Desde aquella ocasión el pase de facturas ha sido bastante intenso y la fraternidad no es la que era.

Presidencia partidaria

Si bien piensa en la Gobernación para el año que viene, Kroneberger mira con mucho más interés todavía (porque la decisión está más cerca) la presidencia partidaria. Insiste en que ese es un sitial que le pertenece a quien no ostente cargos públicos. El actual presidente Mauro Pildaín no ha dicho que piense apartarse de ese lugar así nomás. ¿Otra pelea de fondo? Pildaín también juntó porotos últimamente: después de muchos años de primacía justicialista, la UCR ganó en su Realicó en las elecciones de junio y él lo muestra como un mérito que le pertenece.

A estas pelas vernáculas, sin dudas, se sumarán después los alineamientos nacionales, que en la UCR por ahora están apenas empezando. Y también las peleas locales. En Castex, por ejemplo, Luis Chiquilitto ya tiene quien le haga sombra a su reelección: el celeste Sergio Pregno, actual diputado provincial, anda con ganas de ejercer el Ejecutivo en su localidad. En General Pico, mientras el ex diputado Roberto Reynoso amaga con regresar al ruedo, Juan Carlos Passo prefirió apartarse de tanto ruido y armar rancho aparte.

En Santa Rosa no es ningún misterio el cruce de intereses y conveniencias: Torroba aspira a que una gestión satisfactoria lo deje bien posicionado para la Gobernación. Pero no es el único: Leandro Altolaguirre, otro celeste, hace rato que quiere probarse el traje de jefe comunal y su futuro está de alguna manera atado al de Torroba, por más que se dediquen algunos chisporroteos mediáticos.

Un par de años movidos vienen para el radicalismo. Y ya se sabe: el juego de las internas es uno de los que más les gusta a los correligionarios de la boina blanca.

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