El drama de los que viven sin servicio de agua potable

El drama de los que viven sin servicio de agua potable

Las familias que viven en una toma de terrenos en la zona Norte de Roca se las rebuscan para tener agua. Algunos llevan tres años enganchados a una manguera, que pocas horas al día les entrega un poco de líquido para llenar bidones y botellas.

El día arrancó antes del amanecer. Al levantarse lo primero que hizo fue salir al frente de su casa y tomar la manguera. De la cantidad que lograra acopiar dependería cómo viviría la jornada. Diciembre no solo marcó máximas de 40º, sino también el principio del problema de todos los veranos: no tener agua. La poca que consiguen es la que llega a través de una precaria conexión con el caño del acueducto, desde donde se engancha una manguera negra que recorre calles y calles y va sumando más anexos hasta el final.

Marta Cruces vive al final de la calle Damas Patricias, más al Norte que el barrio Nuevo. Todas las madrugadas se despierta con el ruido de la caída de agua en el tanque y empieza la carrera por juntar lo que más pueda en el tanque y los 4 bidones que tiene. Es que tiene 8 hijos y se sumaron sus nietos. En su casa son 12 personas y el agua nunca es suficiente. “Hasta una semana pasamos sin agua acá. Enero y febrero son los peores meses. Hoy estoy cansada por eso. Estuve desde las 5 llenando botellas, sale con muy poca presión pero hay que aprovechar a juntar”, explicó la mujer que todavía no terminaba su tarea. Le quedaba ir hasta la casa de su hijo, cuatro cuadras abajo, para cargar las botellas de agua para tomar. “Hago hasta 3 o 4 viajes para llenar la botellas. Hace un año estamos acá. Es bastante crítico vivir así”.

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La mujer es vecina de l pedazo de tierra en que el grupo “Mujeres haciendo comunidad” lleva adelante su proyecto de una huerta comunitaria. Por estos días sólo humedecen las plantas de zapallo, morrón, tomate, choclo, sandía y uva, que son las que lograron sobrevivir a la escasa agua que reciben. Lo mismo los arboles que plantaron para tener sombra en algún futuro que esperan cercano.

Unas cuadras al oeste, el sol no intimidaba a Enzo y un compañero que instalaban un techo. Ni un árbol, sí dos grandes contenedores en el frente de su vivienda que cuando puede llena para abastecer la demanda de la obra, la casa, la limpieza, el baño.

“Cuando mi nene era chiquito comprábamos los bidones, ahora ya tiene dos años. Lo que hago es llenar los bidones de 20 litros para tener para tomar y después dejo la canilla abierta para que se llenen estos tachos. Antes venía el camión, pero dejó de pasar”.

El vecino asegura que el problema del agua es igual al de la luz. “Para todo hay que rebuscarsela”.

Enzo acopia agua en dos grandes tachos. En el botellón que lleva en la mano junta para tomar. Tiene un hijo de 2 años.

Una manguera

“Cuando llegué hace tres años el dueño de la manguera me dejó conectarme”, recordó Enzo. “Unos hicieron la mano de obra, el zanjeado y las conexiones. Otros pusieron la plata para la manguera. Vivir acá es eso, ayudarse el uno al otro. Nosotros no tenemos y nos convidan, sino al revés”.

El líquido que llega no siempre es transparente. “No es agua limpia”, aseguró Antonela (22), que vive en la Calle Pública y Damas Patricias. “Para tomar compro, pero es mucho gasto. Si pusieran el agua yo la pagaría”.

La joven se queja, hay días en que no tienen ni una gota. “ No se puedo limpiar, ni bañarme, ni bañar a mis dos hijos. No podés plantar ni un arbolito, está todo seco. Tampoco tener una pileta. Me voy a lo de una amiga a bañarnos y me traigo unos bidones. No hay otra, no dan ganas de estar acá”.

A una cuadra de allí, Romina también reclama. “Dos semanas sin agua hemos estado, y cuando llega está sucia. Los chicos sufren mucho el calor”.

“Nosotros la tomamos igual. Siempre tengo en botellitas de tres litros porque no se sabe cuando no va a haber más”, agregó Juliana, que vive hace tres años en una casa de material que hicieron a pulmón con su pareja. De a poco pudieron hacerle un baño y ahora tienen ganas de encarar una pieza más. Para eso también necesitan agua.

“A veces el agua que junto se pone verde, con bichitos. Con eso voy cocinando, lavando platos y al baño llevamos en baldes de 20 litros”, describió.

Cuando el agua escasea, la solución es la casa de su papá. Le queda a 17 cuadras. “El caño pasa por la calle Piedra Buena, desde ahí se enganchan todos. Más de 20 seguro. A veces no me dan ganas de volver a mi casa, sin agua no se puede”.

En la huerta de “Mujeres haciendo comunidad” no bajan los brazos aunque el agua es clave.La poca que consiguen es la que llega a través de una precaria conexión con el caño del acueducto, desde donde se engancha una manguera negra.“Soy agente sanitario y me preocupa mucho”Puertas adentro del Centro de Salud de barrio Nuevo se había planteado la posibilidad de estimular hábitos saludables en la población para enfrentar la crisis y vivir mejor. “Pensábamos educar con la alimentación para que tengan una huerta y en la forestación. Sin agua no se puede ninguna de las dos cosas”, se lamentó Cristina Cheuquepan, agente sanitario del Centro que recorrió incontables veces el sector y que asegura que se sorprende de la constante llegada de familias. “Imaginate donde hay chicos y no hay agua. El agua es todo. No podes cocinar, no podes lavar, se ve la falta de higiene”, agregó.“El enganche clandestino es el único recurso que tiene la gente, aunque no es lo ideal. Muchos han optado por comprar una pileta al nene y ahí van juntando para bañarse y regar si tiene una planta”, agregó.“Soy agente sanitario y me preocupa mucho el tema de la luz y del agua, porque hay muchas lluvias, y tienen enganches provisorios que son un peligro”.En relación a casos de diarrea atendidos en el Centro de Salud, personal médico confirmó que hay casos pero se aclaró que se mantienen estables en relación a temporadas estivales anteriores.

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