¿Cómo somos?

¿Cómo somos?

Por: Jorge Lanata. El Presupuesto debería ser una discusión de fondo sobre la necesidad de los gastos.

Olvidémonos por un segundo del gobierno, del Fondo Monetario, de la oposición, incluso del kirchnerismo y el izquierdismo violento tardío. Veamos lo que hay. Nos fue mal. Nos va mal hace más de ochenta años. Es evidente que nuestro trabajo no alcanzó. No lo hicimos bien, o lo suficiente. Tenemos que proponernos ser mejores.

La discusión (?) en el Congreso sobre el presupuesto terminó en una discusión sobre lo que podría llamarse la soberanía del fracaso. Somos maestros en inventar excusas, del mismo modo que solo vemos nuestros derechos y casi nunca nuestras obligaciones. Nuestro derechos son sagrados, las obligaciones siempre relativas. Cuando nos analizamos creemos, sinceramente, que somos los mejores, trabajamos todo lo posible, nos sacrificamos como nadie y un grupo de personas o países perversos nos expoliaron sin contemplación. Nunca, nosotros, tuvimos nada que ver. Somos víctimas vocacionales. ¿Cómo nos puede ir mal habiendo sido tan buenos? A ningún otro país le pasó lo mismo, por eso somos especiales. Y de ahí al solipsismo: somos los mejores, por eso nos va mal.

​Esta discusión sale a la luz durante el presupuesto porque se trata de ordenar las cuentas y dar a cada uno lo suyo. Pero se transforma finalmente en un burlesque de votos comprados, lobbys, excepciones, y contabilidad creativa para que todo siga como está pero con los números dibujados a favor.

Bien podría ser, el presupuesto, una discusión de fondo sobre la necesidad de los gastos, su discrecionalidad, su utilidad verdadera. Pero para eso nuestros legisladores tendrían que trabajar durante el año y no resolverlo en una previa que se extiende hasta las seis de la mañana.

En las últimas semanas dedicamos varios programas de PPT al gasto superfluo. Intentamos demostrar la mentira de la sentencia “No hay plata”. ”Plata hay, el problema es como se distribuye”. Se distribuye de manera injusta. El presupuesto es un negocio como lo es una licitación amañada: sirve para mantener un estado de cosas que extienda la injusticia otro año más.

Se calcula como gasto superfluo un diez por ciento de los gastos del Estado. Nunca se intenta eliminarlo. Si a ese gasto se le agregan las jubilaciones de privilegio, los favoritismos en empleados estatales de áreas especificas, los regímenes de jubilaciones especiales, las excepciones al impuesto a las ganancias, los plus por saudade en distintas provincias del sur, las empresas estatales que no producen nada, etc, etc. es probable que las sumas a repartir fueran mayores. Pero el gobierno y la oposición deberían trabajar en eso,y ponerlas a la luz.

A la hora de evadir, también hay ciudadanos de primera y de segunda. Quedó expuesto esta semana, cuando empezó la discusión de la ley de alquileres, un mercado donde más del sesenta por ciento se transa en negro, y los alquileres se pagan en efectivo. La AFIP luchó para que se incluyera en el proyecto la obligatoriedad de bancarizar las operaciones, pero todo quedó negociado en el Congreso.

El propio Estado le dice a los evasores que sigan así o, en el mejor de los casos, lo propone como una sugerencia a discutir.La misma discusión se dará en un futuro próximo sobre los aportes electorales: se verá si tienen o no que estar bancarizados. ¿Cómo? ¿No lo estaban? ¿Era toda guita negra? ¿Cambiemos, los K, el PJ, el Socialismo, el HFW, el TYG, el ELFNGH2, el CVBFBFF, todos se financiaron en negro durante todos estos años?. Parece que sí, los Reyes son los Padres. Pero ahora que lo reconocen, dicen que dejarán de hacerlo. Aunque no están del todo seguros.

O sea: todos los partidos que llegaron a la presidencia predicando honestidad lo hicieron con dinero deshonesto. En la campana de cristal discutimos como si todo estuviera ordenado y, más que nada, como si no tuviéramos nada que ver a la hora de mejorar las cosas.

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