Angustia y estrés por las demoras que genera la cuarentena en los tratamientos de fertilidad

Angustia y estrés por las demoras que genera la cuarentena en los tratamientos de fertilidad

Entre marzo y abril, fueron interrumpidos en su mayoría. Cómo se reactivan y cuáles tienen prioridad.

La pandemia de coronavirus puso en pausa al mundo. En Argentina, que entró en cuarentena​ obligatoria el 20 de marzo, frenaron las clases, los vuelos comerciales, las actividades laborales de miles de personas, los viajes entre distintas provincias por turismo, las caminatas recreativas por la calle, las actividades deportivas más o menos profesionales y también, entre muchas otras consecuencias, los tratamientos de fertilidad asistida.

Según estadísticas de la Sociedad Argentina de Medicina Reproductiva (SAMeR), el 90% de los centros de fertilidad acreditados por esa organización -son 28 en todo el país- debió interrumpir la mayoría de los tratamientos que estaban previstos para marzo y abril.

"Lo único que no se interrumpió en ningún momento fueron los tratamientos de oncofertilidad: pacientes que están a punto de someterse a alguna cirugía oncológica o quimioterapia y entonces se preservan sus óvulos o semen antes de eso", describe Mariela Rossi, psicóloga especializada en fertilidad y docente de la UBA y la UNSAM.

Esas interrupciones generalizadas provocaron ansiedad, angustia y estrés en muchas de las personas que contaban con estos meses para avanzar en sus tratamientos.

Por la cuarentena, la mayoría de los tratamientos de fertilidad fueron interrumpidos entre marzo y abril.

Gustavo Martínez es biólogo y director de Fertilis, un laboratorio de Medicina Reproductiva. Según explica, "en marzo y abril los laboratorios funcionaron a un 10% de su ritmo habitual, y ahora ya están en un 40%". "Las sociedades de fertilización asistida​ de Estados Unidos y Europa sugirieron parar mientras se investigaba cómo actuaba el coronavirus en el tejido reproductivo: es un virus muy nuevo y está en estudio, pero hasta ahora concluyen en que no hay transmisión vertical, es decir, entre quien gesta y el feto", suma Rossi.

"Hace unos quince días el Ministerio de Salud emitió una recomendación respecto de qué tratamientos pueden empezar a priorizarse. Están contempladas especialmente las pacientes de edad reproductiva avanzada, que diría que es a partir de los 39 años o incluso un poco antes, según el caso, las que tienen baja reserva ovárica, y las que tienen falla ovárica precoz, algo así como una menopausia adelantada", describe Martínez.

Stella Lancuba es médica y preside SAMeR. "Hay que contemplar la situación epidemiológica local de cada zona para entender qué se hizo en los centros de fertilidad. De los 28 que acredita nuestra sociedad, aproximadamente uno de cada tres funciona en la Ciudad de Buenos Aires: esos tuvieron que frenar prácticamente toda su actividad. Esto se hizo sobre todo para proteger a los trabajadores de salud, porque no se ha encontrado el virus en tejidos reproductivos. Sólo un paper da cuenta de presencia de coronavirus en semen, pero de pacientes sintomáticos graves, que por supuesto no atravesarían un tratamiento en esas circunstancias. El resto de los estudios no han encontrado virus en tejido vinculado a la reproducción", describe la especialista.

Según Lancuba, en Argentina se hacen unos 20.000 tratamientos de fertilidad de alta complejidad por año. De esos, un 25% -es decir, 5.000- derivan en un nacimiento.

"Los centros que más frenaron su actividad fueron los polivalentes, es decir, aquellos que no se dedican exclusivamente a la fertilidad, porque al haber otras especialidades, también puede haber circulación de coronavirus. De los que integran SAMeR, el 70% son monovalentes, que son los que están más preparados a volver a la actividad normalmente porque no tienen que adaptar, por ejemplo, los circuitos por los que circulan sus trabajadores y pacientes para que no haya contagios", describe Lancuba. "El freno en las actividades de los centros de fertilidad no fue parejo en todo el país, porque dependió y depende de la circulación local del virus", suma la titular de SAMeR.

"Las personas que están en tratamientos de fertilidad ya han tenido que lidiar con situaciones en las que el tiempo se desfasa, por ejemplo, de su deseo de proyecto parental. El tiempo del cuerpo es distinto al de ese deseo. Eso, a medida que se alarga, puede producir irritabilidad, enojo, y está estudiado que, en promedio, tras el tercer tratamiento fallido, muchas personas desarrollan depresión, mientras que los varones tienden más a la ansiedad y la hostilidad", describe Rossi.

Y suma: "La pandemia desplegó una nueva espera y es una de esas esperas durante las que no se puede hacer nada. Eso puede resultar muy frustrante. En ese sentido, se parece a lo que llamamos 'beta-espera', que son los doce o quince días que transcurren desde que se lleva a cabo un tratamiento de fertilidad de baja o alta complejidad hasta que se sabe si hay o no un embarazo positivo. Son esperas en las que hay que reforzar la compañía terapéutica, la del entorno, hablar de las emociones que se despliegan, e intentar usar ese tiempo para, tal vez, abarcar temas que no habían sido tratados aún".

Entre otros temas que pueden abarcarse durante la espera, describe la psicóloga especializada, se cuenta el llamado "duelo genético", que se despliega cuando una mujer o un varón deciden recurrir a la donación de óvulos o de esperma para encarar un tratamiento.

"Siempre es conveniente tener un entorno que ayude, no sólo en estas circunstancias de pandemia, sino en general dentro de los recorridos médicos por fertilidad, ya que hay muchos estudios, análisis, en algunos casos cirugías", dice a Clarín la psicoanalista Patricia Alkolombre, autora de "Deseo de hijo. Pasión de hijo".

"Esas personas deben tomar decisiones sobre cómo seguir muchas veces con poco margen de tiempo, presionados o por la edad o por la necesidad de avanzar. Es importante contar con un espacio de contención, ya sea una terapia individual, de pareja o grupal, como también generar actividades o espacios creativos para poder tolerar este tiempo de aislamiento", suma.

"La pandemia desplegó dos actitudes muy marcadas entre los pacientes. Por un lado, estuvieron los que sintieron mucho miedo a contagiarse por asistir a la clínica, donde circulan otras personas, especialmente trabajadores de la salud. Por otro lado, están los que quisieron avanzar a pesar del coronavirus. En esa población se cuentan, sobre todo, las personas que llevan más tiempo atravesando tratamientos", describe Martínez. Según Lancuba, "la proporción entre quienes temieron contagiarse y los que quisieron seguir fue de 50 y 50".

"Lo que por ahora sigue suspendido son los tratamientos de ovodonación. Queremos ir de a poco, probar que lo que se fue reanudando funciona de manera segura, y tal vez en uno o dos meses habilitar la donación de óvulos. Por ahora se mantiene suspendido para preservar a esa donante, aunque las pacientes de edad reproductiva avanzada que dependen de ese recurso están ansiosas por esa vuelta", explica Martínez.

Para Lancuba, la pandemia va a cambiar el paradigma de esa donación: "Van a tener que profundizarse las investigaciones socioambientales para aceptar a una donante, ya que habrá que saber si está en un lugar de circulación comunitaria. A la vez, algunas clínicas están previendo testear por PCR a las donantes y también a la mujer receptora, antes de hacer la transferencia".

"Se considera que las dificultades reproductivas son una crisis vital. Los humanos tenemos todo un tema para lidiar con la incertidumbre y la falta de control. Tendemos a sentir que tenemos el control, pero las única certeza que tenemos es que nacemos y nos morimos. Para muchos, el proyecto parental es algo muy vital y viene posponiéndose desde hace tiempo, está por fuera de lo que pueden controlar. La pandemia enfatiza esa postergación y también la falta de control: eso es lo que puede enojar, irritar, angustiar o generar ansiedad", concluye Rossi. Tarea para el hogar: conocer el contexto antes de repetir como un loro aquello de "la dulce espera".

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